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—¿Y qué tiene ese tipo de especial?

—No sé si te has dado cuenta, Fiben, pero ese marginal se parece bastante a ti, y su constitución también es similar. Lo suficiente como para engañar a los ordenadores de vigilancia durante un buen rato, espero.

¡Por eso el chimp de la puerta le había parecido tan familiar!

—Podemos drogarlo y dejarlo aquí con Gailet mientras yo me pongo sus ropas y utilizo su pase —especuló Fiben concisamente.

—Es mucho más complicado, créeme. —Sylvie parecía nerviosa, cansada—. Pero la idea general es ésa. Él y yo terminamos nuestro turno dentro de veinte minutos, así que tendremos que hacerlo antes.

Gailet se volvió y le tendió la cánsula a Fiben. Éste se la acercó al ojo y leyó atentamente el texto revisado, no porque pensara juzgar el trabajo de Gailet sino porque así podría recitarlo de memoria si conseguía llegar junto a Athaclena y Robert.

Gailet había redactado de nuevo todo el mensaje.

DECLARACIÓN DE PROPÓSITOS: REGISTRADA POR FIBER BOLGER, A-CHIMP-AB-HUMANO, PUPILO CIUDADANO DE LA FEDERACIÓN DE TERRAGENS Y TENIENTE DE LA RESERVA DE LAS FUERZAS DE DEFENSA COLONIALES DE GARTH. AGRADEZCO LA CORTESÍA DE QUE HE SIDO OBJETO DURANTE MI ENCARCELAMIENTO, Y RECONOZCO LAS AMABLES ATENCIONES QUE ME HAN DISPENSADO LOS ELEVADOS Y RESPETADOS SUZERANOS DEL CLAN DE LOS GUBRU. CONSIDERO SIN EMBARGO QUE MI DEBER COMO COMBATIENTE EN LA GUERRA ACTUAL ENTRE MI RAZA Y LA DE LOS GUBRU ME OBLIGA A RECHAZAR RESPETUOSAMENTE MI CONFINAMIENTO, POR CORTÉS QUE ÉSTE SEA. AL INTENTAR ESCAPAR, NO PRETENDO EN MODO ALGUNO MENOSPRECIAR EL HONOR QUE ME HA CONCEDIDO EL ELEVADO SUZERANO AL CONSIDERARME COMO REPRESENTANTE DE MI RAZA. AL CONTINUAR LA HONORABLE RESISTENCIA CONTRA LA OCUPACIÓN GUBRU DE GARTH ESPERO ESTAR COMPORTÁNDOME COMO HA DE HACER TODO PUPILO-SOFONTE, CON LA ADECUADA OBEDIENCIA A LA VOLUNTAD DE MIS TUTORES.

ACTÚO AHORA SEGÚN LAS TRADICIONES DE LA SOCIEDAD GALÁCTICA, COMO MEJOR ME HAN SIDO DADAS A ENTENDER.

Sí. Fiben había aprendido lo bastante, bajo la tutela de Gailet, para darse cuenta de que esta versión era mucho mejor. Registró de nuevo su asentimiento y una vez más el punto cambió de color. Devolvió la cápsula a Gailet.

Lo importante es que lo intentemos, se dijo, sabiendo lo desesperanzada que era en realidad su aventura.

—Ahora —dijo Gailet dirigiéndose a Sylvie—, ¿cuál es el precio del que has hablado? ¿Qué es lo que quieres?

Sylvie se mordió el labio. Miraba a Gailet pero señalaba a Fiben.

—Él —se apresuró a decir—. Quiero que lo compartas conmigo.

¿Qué? —Fiben empezó a ponerse de pie pero Gailet lo hizo callar con un gesto.

—Explícate —le pidió ésta a Sylvie.

—No estoy segura del tipo de contrato matrimonial que tenéis. —Sylvie se encogió de hombros.

—¡No tenemos ninguno! —dijo Fiben furioso—. Y ¿qué es todo ese…?

—Cállate, Fiben —le dijo Gailet suavemente—. Es cierto, no tenemos ningún contrato, ni monógamo ni de grupo. ¿Qué es toda esta historia? ¿Qué quieres de él?

—¿No está claro? —Sylvie lanzó una mirada a Fiben—… Cualquiera que fuera antes su rango de Elevación, ahora ya es un carnet blanco. Mira su increíble historial en la guerra y el modo en que derrotó a los ETs, no una sino dos veces, en Puerto Helenia. Cualquiera de esas cosas le hará superar el rango de azul.

»Y ahora el Suzerano le ha propuesto que sea representante de su raza. Ese tipo de distinción no se olvida. Permanecerá, gane quien gane la guerra, tú ya sabes cómo es esto, doctora Jones.

»Él es un carnet blanco y yo lo tengo verde. Y además me gusta su estilo. Así de sencillo —resumió Sylvie.

¿yo, un maldito carnet blanco? Fiben estalló en carcajadas ante lo absurdo de la situación. Empezaba a comprender lo que Sylvie pretendía.

—Gane quien gane la guerra —repitió Sylvie, ignorando tranquilamente a Fiben—, tanto si son los terrestres como los gubru, quiero que mi hijo esté en la cresta de la ola de la Elevación y sea protegido por el Cuadro. Mi hijo tendrá un destino, yo tendré nietos y un lugar en el mañana.

Era evidente que Sylvie se tomaba muy en serio todo aquello. Pero Fiben no estaba de humor para mostrarse simpático. ¡Por toda música celestial metafísica!, pensó. Y ni siquiera hablaba con él. Lo hacía con Gailet, ¡se lo pedía a ella!

—Eh, ¿y yo no tengo nada que decir en todo esto? —protestó.

—Claro que no, tonto —replicó Gailet, sacudiendo la cabeza—. Tú eres un chimp. Un chimp macho tendría relaciones sexuales con una cabra o con una hoja, si no encontrara otra cosa más a mano.

Era una exageración, pero también un ejemplo lo suficientemente verdadero para hacer sonrojar a Fiben.

—Pero…

—Sylvie es atractiva y pronto estará rosa. ¿Qué crees que vas a hacer cuando estés en libertad, si todos hemos decidido por anticipado que tus obligaciones coinciden con tus placeres? No, esta decisión no tienes que tomarla tú. Y ahora, Fiben, te lo digo por última vez, cállate.

Gailet se volvió hacia Sylvie para hacerle una nueva pregunta, pero Fiben ya no podía siquiera oír las palabras. El rugido en el interior de sus orejas ahogaba cualquier otro sonido. En aquel momento sólo fue capaz de recordar al pobre percusionista, a Igor Patterson. No. Oh, Goodall, protégeme.

—… los machos funcionan de ese modo.

—Sí, claro. Pero yo pensaba que entre vosotros había un vínculo, formal o no. La teoría es una cosa, pero puede ser que él tenga un sentido del honor de un kilómetro de largo y que se niegue hasta saber que tú estás de acuerdo.

¿Eso es lo que piensan las hembras de nosotros, en el fondo?, pensó Fiben. Recordaba las clases de «higiene» en la escuela secundaria, cuando los jóvenes chimps machos tenían que asistir a conferencias sobre los derechos de procreación y ver películas sobre enfermedades venéreas. Como los demás chicos, se había preguntado qué aprendían las chimas en aquellos años. ¿Son las escuelas las que les enseñan esta lógica tan fría? ¿O lo aprenden de nosotros a fuerza de problemas?

—Yo no soy su propietaria. —Gailet se encogió de hombros—. Y si tu suposición es cierta, nadie tendrá nunca ese tipo de derecho sobre él, excepto el Cuadro de Elevación. —Frunció el ceño—. Todo lo que te pido es que logres que llegue sano y salvo a las montañas. Él no te tocará hasta entonces, ¿comprendido? Tú recibirás el pago cuando esté a salvo con las guerrillas.

Un macho humano no lo toleraría, pensó Fiben con amargura. Pero claro, los machos humanos no eran criaturas inacabadas, con estatus de pupilos, que «tendrían relaciones sexuales con una cabra o una hoja, si no había otra cosa a mano».