—La mayoría de chimps no parecen afectados por el gas —respondió la doctora Taka con una mueca, mostrando evidente preocupación—. Pero tienen muy pocos jefes naturales, como Benjamín o el doctor Schultz, aquí presentes.
—No hay por qué preocuparse, Susan. —Los ojos de simio del doctor Schultz se posaron en su amiga humana—. Como tú has dicho, saldremos adelante —y dirigiéndose a Athaclena añadió—: vamos a evacuar por fases a los humanos. Esta noche empezaremos con los ancianos y los niños. Y mientras, destruiremos este recinto para que no queden señales de lo que ha estado ocurriendo aquí. —Viendo que Athaclena iba a hacerle una objeción, el chimp levantó la mano y dijo—: Sí, señorita. Pero primero le proporcionaremos una cámara y unos ayudantes para que usted pueda recoger sus pruebas. Ni siquiera se nos ha pasado por la cabeza impedir que cumpla usted su deber.
Athaclena notó la amargura del chimp genetista, pero no sentía simpatía hacia él, sobre todo si imaginaba lo que diría su padre cuando se enterase de todo esto. Uthacalthing apreciaba a los terrestres. Esta irresponsable delincuencia iba a herirlo profundamente.
—No tiene ningún sentido ofrecer a los gubru una justificación a su agresión —añadió la doctora Taka—. El asunto de los gorilas puede ser presentado ante el Gran Concejo tymbrimi, si así lo desea. Nuestros aliados decidirán qué hacer a partir de ese punto: si formular acusaciones formales o dejar que sea nuestro propio gobierno quien nos castigue.
Athaclena lo encontró lógico.
—De acuerdo, entonces. Traedme las cámaras y yo registraré este lamentable suceso.
20. GALÁCTICOS
Al almirante de la flota, el Suzerano de Garra y Rayo, la discusión le parecía estúpida. Pero entre civiles las cosas eran siempre así. El clero y los burócratas siempre discutían. ¡Eran los guerreros quienes creían en la acción!
Y, sin embargo, el almirante tenía que admitir que era emocionante participar en su primer debate político auténtico como componente de la terna. Ésa era tradicionalmente la manera de alcanzar la verdad entre los gubru, mediante la tensión y el desacuerdo, la danza y la persuasión, hasta que por fin se lograba un nuevo consenso.
Y eventualmente…
El Suzerano de Garra y Rayo dejó de lado ese pensamiento. Era demasiado pronto para empezar a meditar en la Muda. Habría muchas más discusiones, muchos choques y maniobras para conseguir la percha más alta antes de que llegara ese día.
En cuanto al primer debate, el almirante estaba encantado de encontrarse en posición de arbitro entre sus dos pendencieros semejantes. Una buena manera de empezar.
Los terráqueos del cosmodromo habían emitido un reto formal muy bien redactado. El Suzerano de la Idoneidad insistía en que debían enviar soldados de Garra para vencer a los defensores en una lucha frente a frente. El suzerano de Costes y Prevención no estaba de acuerdo Se pasaron algún tiempo dando vueltas uno alrededor de otro en la cubierta del buque insignia, mirándose entre sí y gritando sus argumentos.
El Suzerano de Costes y Prevención insistía, pues, en que esta expedición era sólo uno de los muchos compromisos que debilitaban normalmente al clan de los gooksyu-gubru. De hecho, se trataba más bien de una batalla secundaria. Los asuntos en la espiral galáctica estaban muy tensos. En tales épocas, era tarea del Suzerano de Costes y Prevención proteger al clan para que no extendiera demasiado sus líneas de combate.
El Suzerano de la Idoneidad ahuecó sus plumas en señal de respuesta.
Desde su percha de mando, el Suzerano de Garra y Rayo contemplaba la discusión para ver si estaban a punto de manifestarse formas de dominio. Era emocionante ver y oír las excelentes discusiones-danzas interpretadas por aquellos que habían sido elegidos para ser los compañeros del almirante. Los tres representaban el producto más refinado de la ingeniería de «huevo caliente», creada para que de ella surgiesen los mejores individuos de la raza.
Pronto se haría evidente que sus semejantes habían llegado a un punto muerto. Entonces la decisión estaría en manos del Suzerano de Garra y Rayo. Seria por supuesto, mucho más económico si la fuerza expedicionaria pudiese ignorar a los insolentes lobeznos de allí abajo hasta que el gas los obligase a entregarse como rehenes. O, con una simple orden, su reducto podría ser reducido a escoria. Pero el Suzerano de la Idoneidad se negaba a aceptar ninguna de esas opciones. Tales acciones serían catastróficas, afirmaba el sacerdote.
El burócrata estaba empeñado en que no se perdieran buenos soldados en algo que sería esencialmente un gesto.
Estancados, los dos comandantes miraron al Suzerano cíe Garra y Rayo mientras danzaban en círculos y chillaban, ahuecando sus brillantes plumas blancas. Al final, el almirante encrespó también su plumaje y bajó a cubierta para reunirse con ellos.
El asunto ya estaba decidido. Un coronel de los soldados de Garra los saludó y se marchó a toda prisa a transmitir el mensaje.
Era natural que, con aquella resolución, la posición de la percha de Idoneidad ascendiera un poco. La de Prevención descendería, pero la batalla por el poder sólo había comenzado.
Así había sucedido desde la época de sus lejanos ancestros, antes de que los gooksyu convirtieran a los proto-gubru en viajeros del espacio. De una forma sabia, sus tutores habían tomado los antiguos modelos, les habían dado forma y los habían expandido, transformándolos en un modo lógico de gobierno para gentes sapientes.
Sin embargo, aún perduraba una parte del viejo protocolo El Suzerano de Garra y Rayo se estremeció al tiempo que desaparecía la tensión de la disputa. Y aunque los tres eran todavía neutros, el almirante sintió una emoción que era completa y profundamente sexual.
21. FIBEN Y ROBERT
Los dos equipos de rescate se reunieron a un kilómetro en el interior del alto desfiladero. Fue un encuentro lúgubre. Los tres que habían salido con Benjamín por la mañana estaban demasiado cansados para hacer algo más que asentir con la cabeza ante el deprimido grupo que regresaba del lugar de la colisión.
Pero los dos rescatados soltaron exclamaciones cuando se reconocieron.
—¡Robert! ¡Robert Oneagle! ¿Cuándo te dejaron salir de la escuela? ¿Sabe tu mamá dónde estás?