Выбрать главу

Me enderecé en mi asiento.

– ¿Cómo sabe eso, monsieur Duponte?

– La gente debería haberlo mirado en lugar de echarle sólo una ojeada. Sin duda usted recuerda uno de los pocos obituarios escritos por un conocido en lugar de un reportero. Contenía la información de que un solo vaso de vino, y «la naturaleza entera del señor Poe se revolvía». Muchos interpretaron esto como que Poe estaba bebido habitualmente, que era un borracho atolondrado y constante. En realidad, era lo opuesto. Los detractores han aportado demasiadas pruebas en ese sentido, pero por eso mismo no han demostrado nada. Es probable (no, casi cierto) que Poe poseyera una rara sensibilidad respecto a la bebida, que casi en un instante lo cambiaba y lo paralizaba. En estado de desorden mental y en compañía de gentes de baja condición, no cabe duda de que en ocasiones Poe bebía, especialmente arrastrado por esa agresiva sociabilidad sureña, que le impide a uno rechazar tales ofrecimientos. Pero este último hecho es irrelevante para nosotros. Fue la primera vez que bebió, casi desde el primer trago, lo que le provocó un ataque de insensibilidad. No era locura por beber en exceso, sino locura temporal por no ser capaz de beber como lo hace el compañero de al lado.

– Entonces, el día que fue descubierto en el Ryan's, monsieur, ¿usted cree que había bebido?

– Quizá se permitió un vaso. Cosa que no hubieran hecho los agentes antialcohólicos, que observan las acciones humanas por razones de moralidad. Yo le mostraré cómo actúan… y por supuesto cómo actuaron en el momento concreto que nos interesa.

Duponte escudriñó en una de las incomprensiblemente organizadas pilas de periódicos y sacó un ejemplar del Baltimore Sun del 2 de octubre de 1849, el día antes de que Poe fuera encontrado.

– ¿Le suena el nombre de John Watchman, señor Clark?

Al principio respondí que no conocía a nadie que se llamara así. Pero me vino un vago recuerdo y me corregí. El día que estuve persiguiendo al Fantasma -el señor Benson, de los Hijos de la Templanza de Richmond- fui en su busca a un sótano, a una de aquellas tabernas populares de la ciudad.

– Sí. Creí que ese Watchman era el Fantasma porque vestía un abrigo similar. Otro sujeto me señaló a Watchman como un borracho empedernido.

– No es de sorprender. Las esperanzas del señor Watchman, sus ambiciones de notoriedad habían quedado defraudadas poco antes de aquello. Aquí: un aviso que apenas le hubiera interesado a usted hace dos años, pero que ahora puede ser de gran valor.

Duponte señalaba un artículo en el periódico del 2 de octubre. La ley para la templanza en domingo había tenido un papel eminente en aquellas elecciones estatales, aunque, como Duponte había sospechado, no hubiera atraído especialmente mi atención en aquella época. Yo había visto suficientes ejemplos de los efectos de la bebida como para simpatizar con las ideas de la causa de la templanza. Pero parecía arduo poner a contribución todas las energías de uno en un solo asunto como ese de la templanza, con exclusión de todos los demás principios morales.

Los Amigos de la Ley del Domingo, una organización que comprendía a los dirigentes antialcohólicos más consecuentes de Baltimore, anunció a su candidato para la Asamblea de Delegados, cuya finalidad era impulsar una ley para restringir la venta de alcohol en domingo: el señor John Watchman. Pero Watchman pronto fue visto bebiendo en varias tabernas de la ciudad, y el 2 de octubre los hermanos le retiraron su apoyo. Más interesante fue el hombre que escribió esta columna en nombre de la comisión de los Amigos de la Ley del Domingo: ¡el doctor Joseph Snodgrass!

– ¡Eso sucedió tan sólo un día antes de que Snodgrass fuera llamado junto a Poe en el Ryan's! -dije.

– Ahora ya ve usted en qué estado mental se encontraría Snodgrass. Como dirigente de esta agrupación antialcohólica se había visto personalmente humillado por su propio candidato. Monsieur Watchman fue débil, sin duda. Pero tampoco caben muchas dudas de que los Amigos de la Ley del Domingo sospechaban que Watchman fue tentado a propósito por los enemigos de su iniciativa política. Ahora, yo le pediría que consultara el American and Commercial Advertiser de una semana antes para tener una idea más cabal del papel del hotel y taberna Ryan's en los días previos a que Snodgrass y Edgar Poe se encontrasen allí.

El primer recorte que me señaló Duponte trataba de una concurrida y entusiasta reunión de los whigs del Distrito Cuarto de la ciudad, celebrada en el hotel Ryan's.

– Entonces el Ryan's no era sólo un colegio electoral -dije-; era también un punto de reunión de los whigs de aquel distrito. Y el lugar -añadí con un suspiro- que el destino quiso que fuera la última etapa de Poe antes de ir a parar a la cama de un hospital.

Pensé en el grupo de whigs del Distrito Cuarto que Duponte y yo conocimos en el garito encima del cuartelillo de bomberos de la Vigilant, cerca del Ryan's. Era su lugar de reunión privado, mientras que el Ryan's, al parecer, era el local para reuniones más públicas.

– Retrocedamos aún más -propuso Duponte- y veamos unos días antes…, cuando se anunció esa reunión de los whigs del Distrito Cuarto. Lea en voz alta. Y observe sobre todo qué firma lleva.

Así lo hice.

El próximo martes se celebrará una reunión plenaria de los whigs del Distrito Cuarto en el hotel Ryan's, en la calle Lombard, frente al cuartelillo de bomberos de la Vigilant. Geo. W. Herring, Presid.

Otro suelto anunciaba una reunión para el 1 de octubre, dos días antes de las elecciones, a las 7.30, también en el hotel Ryan's, frente al cuartelillo de bomberos, a la que se ruega encarecidamente la asistencia. Este anuncio también lo firmaba Geo. W. Herring, Presid.

– George Herring, presidente -volví a leer. Recordé a Tindley, el fornido portero, respondiendo obsequiosamente a su superior en el club whig: Señor George… Señor George-. El hombre al que vimos, aquel presidente; su nombre de pila era George, no su apellido… George Herring. ¡Sin duda es un pariente de Henry Herring, el primo de Poe por matrimonio! Henry Herring, el primer hombre que se acercó a Poe después de Snodgrass y que se negó a llevarlo a su casa.

– Ahora ya comprende usted que el hecho de que Poe bebiera era sólo una pequeña parte de lo que sucedió en sus días finales, pero sigue teniendo importancia para nosotros, pues nos permite poner todo lo demás en orden. Nos ayuda ahora que estamos en condiciones de comprender la secuencia completa de los acontecimientos.

– Monsieur Duponte -dije, dejando el periódico-, ¿cree que ahora efectivamente lo comprende todo? ¿Que estamos listos para compartirlo con el mundo antes de que se pronuncie el barón Dupin?

Duponte se levantó de la silla y caminó hasta la ventana.

– Pronto -dijo.

Capítulo 21

Era sorprendente, considerando las frenéticas actividades recientes del barón, lo quieto que estaba ahora. No se dejaba ver. Al parecer porque estaba preparando la conferencia que debía dar dentro de dos días… y de la que todo Baltimore hablaba. Di varios paseos por la ciudad, tratando de descubrir a qué hotel se había mudado.

Mientras andaba entretenido en eso, alguien me dio unos golpes en el hombro.

Era uno de los hombres a los que tantas veces había visto siguiendo al barón Dupin. Otro hombre permanecía cerca de él, con un abrigo similar.

– Responda -dijo el primero, disimulando su acento-. ¿Quién es usted?

– ¿Y a usted qué le importa? -repliqué-. ¿Puedo preguntarle lo mismo?

– No es el momento de gallear, monsieur.