Nuestro periódico ha sido informado por una dama amiga de brillante y errático escritor Edgar A. Poe, de que el ingenioso héroe del señor Poe, C. Auguste Dupin, está claramente inspirado en una personalidad real, con la que comparte nombre y proezas, conocido por su capacidad de análisis…, etc.
Pensé en ese recorte de periódico, el que John Benson entregó empleado del ateneo y éste a mí, con visión borrosa y una mezcla desdén. Qué vagas eran esas frases, ese rumor ligero que me cautivado. ¿Quién era esa «dama amiga» de Poe? ¿Cómo podíamos saber si era digna de confianza? ¿Acaso existió realmente? Busqué respuestas en mi mente a estas singulares preguntas, pero mientras apoderaba de mí el realismo en su más amplio sentido, como un espíritu perverso que parecía decirme: «Duponte no era más que fraude. Poe ha muerto y tú también morirás, subirás por la escalera del patíbulo, morirás por desear más de lo que ya tenías.»
Duponte ya no estaba.
– ¿No se encuentra bien, Clark? Tal vez debería traerle un médico.
Edwin trataba de sacudirme de mi ensimismamiento.
– Edwin -dije con un suspiro, y añadí la frase hecha-: Estoy medio muerto.
Debería decir algo más, a manera de interludio, acerca de cómo empezó todo esto: con la muerte de Poe. A lo largo de varios capítulos he mencionado que conocía toda la conferencia del barón sobre el lema, y me incomodaría ocultársela por más tiempo al lector. Como digo, recuerdo cada palabra de las notas del barón. «"¡Reynolds! ¡Reynolds!" Esto resonará en nuestros oídos mientras recordemos a Edgar Poe, pues ésa fue la despedida que nos dirigió. Y pudo haberse limitado a decir: "Así es como morí, Señor. Así es como morí, amigos y compañeros sufrientes de la tierra. Ahora averiguad por qué…"»
Aunque el relato de la muerte de Poe por el barón hubiera estado menos alejado de la verdad, en algún sentido lamento que no pronunciara esas palabras. Puesto que ustedes no pueden contar con una descripción plena de cómo pudo desarrollarse el evento, con el barón paseándose arriba y abajo por el escenario, como si aquello fuera el palacio de justicia en sus mejores tiempos, imaginen al barón, destellándole su inconfundible dentadura reluciente, abriendo completamente los brazos y proclamando que el misterio estaba resuelto.
Capítulo 29
Poe vino a Baltimore en el momento equivocado. No entraba en sus planes visitar Baltimore, pues iba camino de su casa de Nueva York en busca de su pobre suegra para empezar su nueva vida. Pero unos rufianes a bordo del barco de Richmond a Baltimore acosaron al poeta y probablemente le robaron el dinero, de modo que perdió el tren desde Baltimore al norte. Esto viene demostrado por el hecho de que Poe había ganado dinero dando conferencias en Richmond, pero a los pocos días ya no tenía nada. Hallándose, pues, sin recursos en Baltimore, advirtió que los ladrones lo seguían, y se refugió en casa de un amable amigo, el editor doctor N. C. Brooks. Pero el doctor Brooks no estaba en casa, y aquellos cobardes rufianes, ignorándolo y temerosos de que Poe pudiera dar cuenta de sus acciones a alguien de la casa, atolondradamente le prendieron fuego y quemaron casi por completo la vivienda de Brooks. Poe consiguió por poco escapar con vida.
Al poeta le había quedado dinero suficiente para alquilar una pequeña habitación en el hotel United States, pero no para tomar otro tren a Nueva York o a Filadelfia, donde lo aguardaba una lucrativa tarea literaria. Su nueva revista, que iba a llamarse The Stylus, estaba a punto de anunciar una nueva era genial en las letras americanas. Pero los enemigos de Poe deseaban detenerlo antes de que dejara al descubierto la mediocridad de sus escritos. Por eso Poe había empezado a utilizar un nombre falso, E. S. T. Grey. Incluso dio instrucciones a su querida suegra -su estimada protectora- para que le escribiera a ese nombre en Filadelfia «por temor a que no le llegara la carta», pues le preocupaba que sus adversarios trataran de interpretar la correspondencia de apoyo o suscripciones a su audaz empresa. Tampoco deseaba que supieran que se dirigía a Filadelfia seguro de que interferirían en su trabajo y malograrían su intento de fecundar dinero para su revista.
Se encontró atrapado en Baltimore durante una acalorada semana de elecciones. Poe era un hombre de letras y estaba por encima de aquello. Estaba por encima de las mezquinas y crueles acciones de los políticos y del hombre ordinario. Para el bribón apegado ti día a día, el gran genio es mera carnaza.
Poe era una presa fácil. Había viajado bajo su nuevo alias, E. S. T. Grey. La noche antes de las elecciones, en medio del tiempo desapacible que había estado castigando la ciudad, buscó un refugio. Y (uní empieza el asesinato de Poe, quizá uno de los más largos de la historia y ciertamente el más largo y patético en la historia de los hombres de letras. El más triste desde que el poeta Otway fue estrangulado por unos mendrugos de pan, el más inicuo desde que a Marlowe lo apuñalaron en la cabeza, en el órgano mismo de su genio y todo esto convierte a Edgar Poe en el hombre más denigrado desde lord Byron.
Peor todavía, la familia de Edgar Poe -las personas que debieran haberlo protegido- se contaba entre los que lo convirtieron en blanco y víctima. Un tal George Herring, que podría estar sentado hoy entre nosotros, supervisaba a los whigs del Distrito Cuarto, y esos whigs se reunían en el mismo lugar donde fue hallado Poe, el hotel Ryan’s en el Distrito Cuarto. George Herring era pariente de Poe [aquí Ú barón peroraba algo sobre la rama familiar equivocada, pues Henry Herring era primo de Poe por matrimonio, y era Henry, y no Poe, el pariente consanguíneo de George Herring; pero dejémoslo continuar…] y como tal pariente cercano sabía que Poe era vulnerable. No fue una coincidencia, damas y caballeros protectores del buen nombre de los genios, que Henry Herring fuera uno de los primeros hombres 'en acercarse a Poe cuando se anunció que estaba enfermo; ni que el doctor Snodgrass se sorprendiera de encontrar a Henry Herring allí ¡aun antes de que lo mandara avisar!, pero es que los Herring habían escogido a Poe como víctima. Ellos lo conocían, y por tanto para ellos no era «E. S. T. Grey». George Herring sabía por Henry que Edgar Poe era impredecible cuando se veía forzado a ingerir alcohol u otras sustancias embriagantes, y decidió que era una persona vulnerable parí hacerle participar como votante fraudulento. Sabiendo que era probable que Poe sufriera graves efectos colaterales, George envió más tarde a Henry para que acompañara a Poe al hospital, a fin de estar problemas a los whigs del Distrito Cuarto. Como sabemos, Henri Herring aún guardaba rencor a Poe por haber tratado de cortejar a sil hija, Elizabeth Herring, con poemas de amor cuando ambos prime aún eran jóvenes, en la época en que Poe vivía en Baltimore. Aquélla fue la mezquina venganza de Henry Herring por la efusión de aquel afecto, aquella travesura de un corazón puro, de un joven poeta.
Los matones de los whigs del Distrito Cuarto, que tenían si cuartel general en el garito de la compañía de bomberos Vigilant frente al Ryan's, llevaron al indefenso poeta a una bodega junto con otros desdichados: vagabundos, gentes de paso, haraganes y extranjeros. Esto explica por qué Poe, un bien conocido autor, no fue visitado por nadie en el transcurso de aquellos pocos días. Aquellos hombres ruines probablemente drogaron a Poe con diversos opiáceos.