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- Existe otra copia de La Sombra del Viento -murmuro-. Aqui, en Barcelona.

- Te equivocas, Julian. Las destruiste todas.

- Todas menos una. Al parecer, alguien mas astuto que yo la escondio en un lugar donde nunca podria encontrarla. Tu.

Fue asi como oi hablar de ti por primera vez. Un librero fanfarron y bocazas llamado Gustavo Barcelo habia estado presumiendo frente a algunos coleccionistas de haber localizado una copia de La Sombra del Viento. El mundo de los libros de anticuario es una camara de ecos. En apenas un par de meses, Barcelo estaba recibiendo ofertas de coleccionistas de Berlin, Paris y Roma para adquirir el libro. La enigmatica fuga de Julian de Paris tras un sangriento duelo y su rumoreada muerte en la guerra civil espanola habian conferido a sus obras un valor de mercado que nunca hubieran podido sonar. La leyenda negra de un individuo sin rostro que recorria librerias, bibliotecas y colecciones privadas para quemarlas solo contribuia a multiplicar el interes y la cotizacion. "Llevamos el circo en la sangre", decia Barcelo.

Julian, que seguia persiguiendo la sombra de sus propias palabras, no tardo en oir el rumor. Supo asi que Gustavo Barcelo no tenia el libro, pero que al parecer el ejemplar era propiedad de un muchacho que lo habia descubierto por accidente y que, fascinado por la novela y por su enigmatico autor, se negaba a venderlo y lo conservaba como su mas preciada posesion. Aquel muchacho eras tu, Daniel.

- Por el amor de Dios, Julian, no iras a hacerle dano a un crio... -murmure, no muy segura.

Julian me dijo entonces que todos los libros que habia robado y destruido habian sido arrebatados de las manos de quienes no sentian nada por ellos, de gentes que se limitaban a comerciar con ellos o que los mantenian como curiosidades de coleccionistas y diletantes apolillados. Tu, que te negabas a vender el libro a ningun precio y tratabas de rescatar a Carax de los rincones del pasado, le inspirabas una extrana simpatia, y hasta respeto. Sin tu saberlo, Julian te observaba y te estudiaba.

- Quiza, si llega a averiguar quien soy y lo que soy, tambien el decida quemar el libro.

Julian hablaba con esa lucidez firme y tajante de los locos que se han librado de la hipocresia de atenerse a una realidad que no cuadra.

- ?Quien es ese muchacho?

- Se llama Daniel. Es el hijo de un librero al que Miquel solia frecuentar en la calle Santa Ana. Vive con su padre en un piso encima de la tienda. Perdio a su madre de muy pequeno.

- Parece que estes hablando de ti.

- A lo mejor. Ese muchacho me recuerda a mi mismo.

- Dejale en paz, Julian. Es solo un nino. Su unico crimen ha sido admirarte.

- Eso no es un crimen, es una ingenuidad. Pero se le pasara. Quiza entonces me devuelva el libro. Cuando deje de admirarme y empiece a comprenderme.

Un minuto antes del desenlace, Julian se levanto y se alejo al amparo de las sombras. Durante meses nos vimos siempre asi, a oscuras, en cines y callejones a media noche. Julian siempre me encontraba. Yo sentia su presencia silenciosa sin verle, siempre vigilante. A veces te mencionaba y, al oirle hablar de ti, me parecia detectar en su voz una rara ternura que le confundia y que hacia muchos anos creia perdida en el. Supe que habia regresado al caseron de los Aldaya y que ahora vivia alli, a medio camino entre espectro y mendigo, recorriendo la ruina de su vida y velando los restos de Penelope y del hijo de ambos. Aquel era el unico lugar en el mundo que todavia sentia suyo. Hay peores carceles que las palabras.

Yo acudia alli una vez al mes, para asegurarme de que estaba bien, o simplemente vivo. Saltaba la tapia medio derribada en la parte de atras, invisible desde la calle. A veces le encontraba alli, otras veces Julian habia desaparecido. Le dejaba comida, dinero, libros... Le esperaba durante horas, hasta el anochecer. En ocasiones me atrevia a explorar el caseron. Asi averigue que habia destrozado las lapidas de la cripta y habia extraido los sarcofagos. Ya no creia que Julian estuviese loco, ni veia monstruosidad en aquella profanacion, tan solo una tragica coherencia. Las veces que le encontraba alli hablabamos durante horas, sentados junto al fuego. Julian me confeso que habia intentado volver a escribir, pero que no podia. Recordaba vagamente sus libros como si los hubiese leido, como si fuesen obra de otra persona. Las cicatrices de su intento estaban a la vista. Descubri que Julian abandonaba al fuego paginas que habia escrito febrilmente durante el tiempo en que no nos habiamos visto. Una vez, aprovechando su ausencia, rescate un pliego de cuartillas de entre las cenizas. Hablaba de ti. Julian me habia dicho alguna vez que un relato era una carta que el autor se escribe a si mismo para contarse cosas que de otro modo no podria averiguar. Hacia tiempo que Julian se preguntaba si habia perdido la razon. ?Sabe el loco que esta loco? ?O los locos son los demas, que se empenan en convencerle de su sinrazon para salvaguardar su existencia de quimeras? Julian te observaba, te veia crecer y se preguntaba quien eras. Se preguntaba si quiza tu presencia no era sino un milagro, un perdon que debia ganarse ensenandote a no cometer sus mismos errores. En mas de una ocasion me pregunte si Julian no se habia llegado a convencer de que tu, en aquella logica retorcida de su universo, te habias convertido en el hijo que habia perdido, en una nueva pagina en blanco para volver a empezar aquella historia que no podia inventar, pero que podia recordar.

Pasaron aquellos anos en el caseron y cada vez mas Julian vivia pendiente de ti, de tus progresos. Me hablaba de tus amigos, de una mujer llamada Clara de la que te habias enamorado, de tu padre, un hombre a quien admiraba y apreciaba, de tu amigo Fermin y de una muchacha en la que el quiso ver a otra Penelope, tu Bea. Hablaba de ti como de un hijo. Os buscabais el uno al otro, Daniel. El queria creer que tu inocencia le salvaria de si mismo. Habia dejado de perseguir sus libros, de desear quemar y destruir su rastro en la vida. Estaba aprendiendo a volver a memorizar el mundo a traves de tus ojos, de recuperar al muchacho que habia sido en ti. El dia que viniste a casa por primera vez senti que ya te conocia. Fingi recelo para ocultar el temor que me inspirabas. Tenia miedo de ti, de lo que podrias averiguar. Tenia miedo de escuchar a Julian y empezar a creer como el que realmente todos estabamos unidos en una extrana cadena de destinos y azares. Tenia miedo de reconocer al Julian que habia perdido en ti. Sabia que tu y tus amigos estabais investigando en nuestro pasado. Sabia que tarde o temprano descubririas la verdad, pero a su debido tiempo, cuando pudieras llegar a comprender su significado. Sabia que tarde o temprano tu y Julian os encontrariais. Ese fue mi error. Porque alguien mas lo sabia, alguien que presentia que, con el tiempo, tu le conducirias a Julian: Fumero.

Comprendi lo que estaba sucediendo cuando ya no habia vuelta atras, pero nunca perdi la esperanza de que perdieras el rastro, de que te olvidases de nosotros o de que la vida, la tuya y no la nuestra, te llevase lejos, a salvo. El tiempo me ha ensenado a no perder las esperanzas, pero a no confiar demasiado en ellas. Son crueles y vanidosas, sin conciencia. Hace ya mucho tiempo que Fumero me pisa los talones. El sabe que caere, tarde o temprano. No tiene prisa, por eso parece incomprensible. Vive para vengarse. De todos y de si mismo. Sin la venganza, sin la rabia, se evaporaria. Fumero sabe que tu y tus amigos le llevareis hasta Julian. Sabe que despues de casi quince anos, ya no me quedan fuerzas ni recursos. Me ha visto morir durante anos y solo espera el momento de asestarme el ultimo golpe. Nunca he dudado que morire en sus manos. Ahora se que el momento se acerca. Entregare estas paginas a mi padre con el encargo de que te las haga llegar si me sucede algo. Ruego a ese Dios con quien nunca me cruce que no llegues a leerlas, pero presiento que mi destino, pese a mi voluntad y pese a mis vanas esperanzas, es entregarte esta historia. El tuyo, pese a tu juventud y tu inocencia, es liberarla.