Выбрать главу

- El numero treinta y dos, joven.

Me volvi y vi la silueta espectral del caseron de los Aldaya avanzando hacia nosotros como la proa de un buque oscuro en la niebla. El tranvia se detuvo de una sacudida. Descendi, huyendo de la mirada del revisor.

- Buena suerte -murmuro.

Contemple el tranvia perderse avenida arriba hasta que solo se percibio el eco de la campana. Una penumbra solida se desplomo a mi alrededor. Me apresure a rodear la tapia en busca de la brecha derribada en la parte posterior. Al escalar el muro me parecio escuchar pasos sobre la nieve en la acera opuesta, aproximandose. Me detuve un instante, inmovil sobre lo alto del muro. La noche caia ya inexorable. El rumor de pasos se extinguio en el rastro del viento. Salte al otro lado y me adentre en el jardin. La maleza se habia congelado en tallos de cristal. Las estatuas de los angeles derribados yacian cubiertas por sudarios de hielo. La superficie de la fuente se habia congelado en un espejo negro y reluciente del que solo emergia la garra de piedra del angel sumergido como un sable de obsidiana. Lagrimas de hielo pendian del dedo indice. La mano acusadora del angel senalaba directamente hacia el porton principal, entreabierto.

Ascendi los peldanos con la esperanza de que no fuese demasiado tarde. No me moleste en amortiguar el eco de mis pisadas. Empuje el porton y me adentre en el vestibulo. Una procesion de cirios se adentraba hacia el interior. Eran las velas de Bea, casi apuradas hasta el suelo. Segui su rastro y me detuve al pie de la escalinata. La senda de velas ascendia por los peldanos hasta el primer piso. Me aventure escalera arriba, siguiendo a mi sombra deformada sobre los muros. Al llegar al rellano del primer piso comprobe que habia dos velas mas adentrandose en el corredor. La tercera parpadeaba frente a la que habia sido la habitacion de Penelope. Me aproxime y golpee la puerta suavemente con los nudillos.

- ?Julian? -llego la voz tremula.

Asi el pomo de la puerta y me dispuse a entrar, sin saber ya quien me esperaba al otro lado. Abri lentamente.

Bea me contemplaba desde el rincon, envuelta en una manta. Corri a su lado y la abrace en silencio. Senti que se deshacia en lagrimas.

- No sabia adonde ir -murmuro-. Te llame varias veces a casa, pero no habia nadie. Me asuste...

Bea se seco las lagrimas con los punos y me clavo la mirada. Asenti, y no fue necesario que dijese mas.

- ?Por que me has llamado Julian?

Bea lanzo una mirada hacia la puerta entreabierta.

- El esta aqui. En esta casa. Entra y sale. Me sorprendio el otro dia, cuando intentaba entrar en la casa. Sin que le dijese nada, supo quien era. Supo lo que estaba pasando. Me instalo en esta habitacion y me trajo una manta, agua y comida. Me dijo que esperase. Que todo iba a salir bien. Me dijo que tu vendrias por mi. Por la noche hablamos durante horas. Me hablo de Penelope, de Nuria... sobre todo me hablo de ti, de nosotros dos. Me dijo que tenia que ensenarte a olvidarle...

- ?Donde esta ahora?

- Abajo. En la biblioteca. Me dijo que estaba esperando a alguien, que no me moviese de aqui.

- ?Esperando a quien?

- No lo se. Dijo que era alguien que vendria contigo, que tu le traerias...

Cuando me asome al corredor, las pisadas ya se escuchaban al pie de la escalinata. Reconoci la sombra desangrada sobre los muros como una telarana, la gabardina negra, el sombrero calado como una capucha y el revolver en la mano reluciente como una guadana. Fumero. Siempre me habia recordado a alguien, o a algo, pero hasta aquel instante no habia comprendido a que.

4

Extingui las velas con los dedos y le hice una sena a Bea para que guardase silencio. Me asio la mano y me miro inquisitivamente. Los pasos lentos de Fumero se escuchaban a nuestros pies. Conduje a Bea de nuevo al interior de la habitacion y le indique que permaneciese alli, oculta tras la puerta.

- No salgas de aqui, pase lo que pase -susurre.

- No me dejes ahora, Daniel. Por favor.

- Tengo que advertir a Carax.

Bea me imploro con la mirada, pero me retire al corredor antes de rendirme. Me deslice hasta el umbral de la escalinata principal. No habia rastro de la sombra de Fumero, ni de sus pasos. Se habia detenido en algun punto de la oscuridad, inmovil. Paciente. Me retire de nuevo al corredor y rodee la galeria de habitaciones hasta la fachada principal del caseron. Un ventanal empanado de hielo destilaba cuatro haces azules, turbios como agua estanca. Me acerque a la ventana y pude ver un coche negro apostado frente a la verja principal. Reconoci el automovil del teniente Palacios. Una brasa de cigarrillo en la oscuridad delataba su presencia tras el volante. Regrese lentamente hasta la escalinata y descendi peldano a peldano, posando los pies con infinita cautela. Me detuve a medio trayecto y escrute la tiniebla que inundaba la planta baja.

Fumero habia dejado el porton principal abierto a su paso. El viento habia apagado las velas y escupia remolinos de nieve. La hojarasca helada danzaba en la boveda, flotando en un tunel de claridad polvorienta que insinuaba las ruinas del caseron. Descendi cuatro peldanos mas, apoyandome contra la pared. Vislumbre un atisbo de la cristalera de la biblioteca. Seguia sin detectar a Fumero. Me pregunte si habria descendido al sotano o a la cripta. El polvo de nieve que penetraba desde el exterior estaba borrando sus huellas. Me deslice hasta el pie de la escalinata y eche un vistazo hacia el corredor que conducia a la entrada. El viento helado me escupio en la cara. La garra del angel sumergido en la fuente se entreveia en la tiniebla. Mire en la otra direccion. La entrada a la biblioteca quedaba a una decena de metros del pie de la escalinata. La antecamara que conducia hasta alli quedaba velada de oscuridad. Comprendi que Fumero podia estar observandome a apenas unos metros del punto en el que me encontraba, sin que yo pudiera verle. Escrute la sombra, impenetrable como las aguas de un pozo. Respire hondo y, casi arrastrando los pies, cruce la distancia que me separaba de la entrada de la biblioteca a ciegas.

El gran salon oval quedaba sumergido en una penuria de luz vaporosa, acribillada de puntos de sombra proyectados por la nieve desplomandose gelatinosamente tras los ventanales. Deslice la mirada por los muros desnudos en busca de Fumero, quiza apostado junto a la entrada. Un objeto emergia del muro a apenas dos metros a mi derecha. Por un instante me parecio que se desplazaba, pero era solo el reflejo de la luna sobre el filo. Un cuchillo, quiza una navaja de doble filo, estaba clavado en la pared. Ensartaba un rectangulo de carton o papel. Me aproxime hasta alli y reconoci la imagen apunalada sobre el muro. Era una copia identica de la fotografia medio quemada que un extrano habia abandonado en el mostrador de la libreria. En el retrato, Julian y Penelope, apenas unos adolescentes, sonreian a una vida que se les habia escapado sin saberlo. El filo de la navaja atravesaba el pecho de Julian. Comprendi entonces que no habia sido Lain Coubert, o Julian Carax, quien habia dejado aquella fotografia como una invitacion. Habia sido Fumero. La fotografia habia sido un cebo envenenado. Alce la mano para arrebatarsela al cuchillo, pero el contacto helado del revolver de Fumero en la nuca me detuvo.

- Una imagen vale mas que mil palabras, Daniel. Si tu padre no hubiera sido un librero de mierda, ya te lo habria ensenado.

Me volvi lentamente y enfrente el canon del arma. Apestaba a polvora reciente. El rostro cadaverico de Fumero sonreia en una mueca crispada de terror.

- ?Donde esta Carax?

- Lejos de aqui. Sabia que usted vendria a por el. Se ha marchado.

Fumero me observaba sin pestanear.

- Te voy a volar la cara en pedazos, chaval.

- De poco le servira. Carax no esta aqui.

- Abre la boca -ordeno Fumero.

- ?Para que?

- Abre la boca o te la abro yo de un tiro.

Desplegue los labios. Fumero me introdujo el revolver en la boca. Senti una arcada trepandome por la garganta. El pulgar de Fumero tenso el percutor.