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La Rociito concluyo su ritual de amor un rato despues, dejando al abuelillo rendido y en brazos de Morfeo. Cuando saliamos, Fermin le pago doble, pero ella, que lloraba de pena ante el espectaculo de todos aquellos desahuciados olvidados de Dios y del demonio, se empeno en donar sus emolumentos a la hermana Emilia para que les diesen una merienda de chocolate con churros a todos, porque a ella eso siempre le quitaba las penas de la vida, esa reina de las putas.

- E que una e una sentimenta. Mire ute, senor Fermin, ese pobresillo... si no ma queria que lo abrasase y le acarisiase. Se la parte a una to...

Colocamos a la Rociito en un taxi con una buena propina y enfilamos la calle Princesa, que estaba desierta y sembrada de velos de vapor.

- Habria que irse a dormir, por lo de manana -dijo Fermin.

- No creo que pueda.

Nos echamos a andar rumbo a la Barceloneta y, casi sin darnos cuenta, nos adentramos por el rompeolas hasta que toda la ciudad, reluciente de silencio, quedo a nuestros pies como el mayor espejismo del universo emergiendo del estanque de las aguas del puerto. Nos sentamos al borde del muelle a contemplar la vision. A una veintena de metros se iniciaba una procesion inmovil de automoviles con las ventanas veladas de vaho y hojas de diario.

- Esta ciudad es bruja, ?sabe usted, Daniel? Se le mete a uno en la piel y le roba el alma sin que uno se de ni cuenta.

- Habla usted como la Rociito, Fermin.

- No se ria usted, que son las personas como ella las que hacen de este perro mundo un sitio que vale la pena visitar.

- ?Las putas?

- No. Putas lo somos todos, tarde o temprano. Yo digo la gente de buen corazon. Y no me mire usted asi. A mi las bodas me ponen hecho un flan.

Nos quedamos alli sentados en brazos de aquella rara quietud, catalogando reflejos sobre el agua. Al rato, el alba esparcio de ambar el cielo y Barcelona se encendio de luz. Se escucharon las campanas lejanas en la basilica de Santa Maria del Mar, que emergia de las brumas al otro lado del puerto.

- ?Cree usted que Carax sigue ahi, en algun lugar de la ciudad?

- Pregunteme otra cosa.

- ?Tiene los anillos?

Fermin sonrio.

- Ande, vamos. Que a usted y a mi nos esperan, Daniel. Nos espera la vida.

Vestia de marfil y traia el mundo en la mirada. Apenas recuerdo las palabras del cura, ni los rostros prendidos de esperanza de los invitados que llenaban la iglesia aquella manana de marzo. Solo me queda el roce de sus labios y, al entreabrir los ojos, el juramento secreto que me lleve en la piel y que recordaria todos los dias de mi vida.

1966 DRAMATIS PERSONAE

Julian Carax concluye La Sombra del Viento con una breve memoria para hilvanar los destinos de sus personajes anos mas tarde. He leido muchos libros desde aquella lejana noche de 1945, pero la ultima novela de Carax sigue siendo mi favorita. Hoy, con tres decadas a mis espaldas, ya no tengo esperanzas de cambiar de opinion.

Mientras escribo estas lineas sobre el mostrador de la libreria, mi hijo Julian, que manana cumple diez anos, me observa sonriente e intrigado por esa pila de cuartillas que crece y crece, quiza convencido de que su padre tambien ha contraido esa enfermedad de los libros y las palabras. Julian tiene los ojos y la inteligencia de su madre, y me gusta creer que quiza posee mi ingenuidad. Mi padre, que tiene dificultad para leer los lomos de los libros aunque no lo admita, esta arriba en casa. Muchas veces me pregunto si es un hombre feliz, en paz, si nuestra compania le ayuda o si vive dentro de sus recuerdos y de esa tristeza que siempre le ha perseguido. Bea y yo llevamos la libreria ahora. Yo llevo las cuentas y los numeros. Bea hace las compras y atiende a los clientes, que la prefieren a ella mas que a mi. No les culpo.

El tiempo la ha hecho fuerte y sabia. Casi nunca habla del pasado, aunque a menudo la sorprendo varada en uno de sus silencios, a solas consigo misma. Julian adora a su madre. Les observo juntos y se que les une un lazo invisible que yo apenas puedo empezar a comprender. Me basta sentirme parte de su isla y saberme afortunado. La libreria da para vivir sin lujos, pero soy incapaz de imaginarme haciendo otra cosa. Las ventas se reducen ano a ano. Yo soy optimista y me digo que lo que sube baja, y lo que baja, algun dia ha de subir. Bea dice que el arte de leer se esta muriendo muy lentamente, que es un ritual intimo, que un libro es un espejo y que solo podemos encontrar en el lo que ya llevamos dentro, que al leer ponemos la mente y el alma, y que esos son bienes cada dia mas escasos. Cada mes recibimos ofertas para comprarnos la libreria y transformarla en una tienda de televisores, de fajas o de alpargatas. No nos sacaran de aqui como no sea con los pies por delante.

Fermin y la Bernarda pasaron por la vicaria en 1958 y ya van por los cuatro crios, todos ellos varones y con la nariz y las orejas de su padre. Fermin y yo nos vemos menos que antes, aunque a veces aun repitamos aquel paseo por el rompeolas al alba y arreglemos el mundo a martillazos. Fermin dejo el empleo en la libreria hace anos y tomo el relevo a la muerte de Isaac Monfort al frente del Cementerio de los Libros Olvidados. Isaac esta enterrado junto a Nuria en Montjuic. Les visito a menudo. Hablamos. Siempre hay flores frescas sobre la tumba de Nuria.

Mi viejo amigo Tomas Aguilar se marcho a Alemania, donde trabaja como ingeniero para una empresa de maquinaria industrial inventando prodigios que nunca he llegado a comprender. A veces escribe cartas, siempre a nombre de su hermana Bea. Se caso hace un par de anos y tiene una hija a la que no hemos visto nunca. Siempre envia recuerdos para mi, pero se que le perdi hace anos sin remedio. Me gusta pensar que la vida nos arrebata a los amigos de la infancia porque si, pero no siempre me lo creo.

El barrio sigue como siempre, pero hay dias en que me parece que la luz se atreve cada vez mas, que vuelve a Barcelona, como si entre todos la hubiesemos expulsado pero nos hubiese perdonado al fin. Don Anacleto dejo la catedra del instituto y ahora se dedica en exclusividad a la poesia erotica y a sus glosas de contraportadas, mas monumentales que nunca. Don Federico Flavia y la Merceditas se fueron a vivir juntos cuando fallecio la madre del relojero. Hacen una pareja flamante, aunque no faltan los envidiosos que aseguran que la cabra tira al monte y que, de tarde en tarde, don Federico hace alguna escapadilla de picos pardos ataviado de faraona.

Don Gustavo Barcelo cerro la libreria y nos traspaso sus fondos. Dijo estar hasta el gorro del gremio y deseoso de emprender nuevos desafios. El primero y ultimo de ellos fue la creacion de una editorial dedicada a la reedicion de las obras de Julian Carax. El primer tomo, conteniendo sus tres primeras novelas (recuperadas de un juego de galeradas perdido en un guardamuebles de la familia Cabestany), vendio trescientos cuarenta y dos ejemplares, muchas decenas de miles detras del exito del ano, una hagiografia ilustrada de El Cordobes. Don Gustavo se dedica ahora a viajar por Europa en compania de damas distinguidas y a enviar postales de catedrales.

Su sobrina Clara se caso con el banquero millonario, pero su union apenas duro un ano. La lista de sus amantes sigue siendo prolija, aunque encoge ano a ano, como su belleza. Ahora vive sola en el piso de la plaza Real del que cada dia sale menos. Hubo un tiempo en que la visitaba, mas porque Bea me recordaba su soledad y su mala suerte que por mi propio deseo. Con los anos he visto brotar en ella una amargura que quiere vestir de ironia y despego. A veces creo que sigue esperando que aquel Daniel hechizado de quince anos acuda a adorarla en la sombra. La presencia de Bea, o de cualquier otra mujer, la envenena. La ultima vez que la vi se buscaba las arrugas del rostro con las manos. Me cuentan que a veces aun ve a su antiguo profesor de musica, Adrian Neri, cuya sinfonia sigue inacabada y que al parecer ha hecho carrera como gigolo entre las damas del circulo del Liceo, donde sus acrobacias de alcoba le han merecido el apodo de La Flauta Magica.