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- Ahora no se enrolle con la doctrina social, Fermin que si le oye uno de estos curas, nos van a echar a patadas -corte, advirtiendo que un par de sacerdotes nos observaban con una mezcla de curiosidad y reserva desde lo alto de la escalinata que ascendia al porton del colegio y preguntandome si habrian oido algo de nuestra conversacion.

Uno de ellos se adelanto exhibiendo una sonrisa cortes y las manos cruzadas sobre el pecho con gesto obispal. Debia de rondar la cincuentena y su delgadez y una cabellera rala le conferian un aire de ave rapaz. Calzaba una mirada penetrante y desprendia un aroma a colonia fresca y a naftalina.

- Buenos dias. Soy el padre Fernando Ramos -anuncio-. ?En que puedo servirles?

Fermin ofrecio su mano, que el sacerdote estudio brevemente antes de estrechar, siempre escudado tras su sonrisa glacial.

- Fermin Romero de Torres, asesor bibliografico de Sempere e hijos, gustosisimo de saludar a su devotisima excelencia. Aqui a mi vera obra mi colaborador a la par que amigo, Daniel, joven de porvenir y reconocida calidad cristiana.

El padre Fernando nos observo sin pestanear. Quise que me tragase la tierra.

- El gusto es mio, senor Romero de Torres -replico cordialmente-. ?Puedo preguntarles que trae a tan formidable duo a esta nuestra humilde institucion?

Decidi intervenir antes de que Fermin le soltase al sacerdote otra barbaridad y tuvieramos que salir por piernas.

- Padre Fernando, estamos tratando de localizar a dos antiguos alumnos del colegio de San Gabrieclass="underline" Jorge Aldaya y Julian Carax.

El padre Fernando apreto los labios y enarco una ceja.

- Julian murio hace mas de quince anos y Aldaya marcho a la Argentina -dijo secamente.

- ?Les conocia usted? -pregunto Fermin.

La mirada afilada del sacerdote se detuvo en cada uno de nosotros antes de responder.

- Fuimos companeros de clase. ?Puedo preguntar cual es su interes en el asunto?

Andaba yo pensando como contestar aquella pregunta cuando se me adelanto Fermin.

- Acontece que ha llegado a nuestro poder una serie de articulos que pertenecen o pertenecieron, pues la jurisprudencia a este particular es confusa, a los dos mentados.

- ?Y cual es la naturaleza de dichos articulos, si no es mucho preguntar?

- Ruego a vuesa merced acepte nuestro silencio, pues vive Dios que abundan en la materia motivos de conciencia y secretismo que nada tienen que ver con la supina confianza que su excelentisima y la orden a la que con tanta gallardia y piedad representa nos merecen -largo Fermin a toda velocidad.

El padre Fernando le observaba al borde del pasmo. Opte por retomar de nuevo la conversacion antes de que Fermin recobrase el aliento.

- Los articulos a los que hace referencia el senor Romero de Torres son de indole familiar, recuerdos y objetos de valor puramente sentimental. Lo que quisieramos pedirle, padre, si ello no es gran molestia, es que nos hable de lo que recuerda de Julian y de Aldaya en sus tiempos de estudiantes.

El padre Fernando nos observaba todavia con recelo. Se me hizo obvio que no le bastaban las explicaciones que le habiamos dado para justificar nuestro interes y granjearnos su colaboracion. Lance una mirada de socorro a Fermin, rogando que diese con alguna argucia con que ganarnos al cura.

- ?Sabe que se parece usted un poco a Julian, de joven? -pregunto de repente el padre Fernando.

A Fermin se le encendio la mirada. Ahi viene, pense. Nos lo jugamos todo a esta carta.

- Es usted un lince, reverencia -proclamo Fermin fingiendo asombro-. Su perspicacia nos ha desenmascarado sin misericordia. Llegara usted lo menos a cardenal o a papa.

- ?De que esta usted hablando?

- ?No es obvio y patente, ilustrisima?

- La verdad, no.

- ?Contamos con su secreto de confesion?

- Esto es un jardin, no un confesonario.

- Nos basta con su discrecion eclesiastica.

- La tienen.

Fermin suspiro profundamente y me miro con aire melancolico.

- Daniel, no podemos seguir mintiendo a este santo soldado de Cristo.

- Claro que no... -corrobore, totalmente perdido.

Fermin se aproximo al sacerdote y le murmuro en tono confidenciaclass="underline"

- Pater, tenemos motivos de solidez petrea para sospechar que aqui nuestro amigo Daniel no es sino un hijo secreto del difunto Julian Carax. De ahi nuestro interes en reconstruir su pasado y recobrar la memoria de un procer ausente que la parca quiso arrancar del lado de un pobre chiquillo.

El padre Fernando me clavo la mirada, atonito.

- ?Es eso cierto?

Asenti. Fermin me palmeo la espalda, compungido.

- Mirelo, pobrecillo, buscando a un progenitor perdido en las nieblas de la memoria. ?Que hay mas triste que eso? Cuenteme vuesa santisima merced.

- ?Tienen ustedes pruebas que sostengan sus afirmaciones?

Fermin me aferro de la barbilla y ofrecio mi rostro como moneda de pago.

- ?Que mas prueba ansia el mosen que este careto, testigo mudo y fehaciente del hecho paternal en cuestion?

El sacerdote parecio dudar.

- ?Me ayudara usted, padre? -implore, ladino-. Por favor...

El padre Fernando suspiro, incomodo.

- No veo el mal en ello, supongo -dijo finalmente-. ?Que quieren saber?

- Todo -dijo Fermin.

25

El padre Fernando recapitulaba sus recuerdos con cierto tono de homilia. Construia sus frases con pulcritud y sobriedad magistral, dotandolas de una cadencia que parecia encerrar una moraleja de propina que nunca llegaba a materializarse. Anos de profesorado le habian dejado aquel tono firme y didactico de quien esta acostumbrado a ser oido, pero se pregunta si es escuchado.

- Si la memoria no me falla, Julian Carax ingreso como alumno del colegio de San Gabriel en el ano 1914. En seguida simpatice con el, porque ambos formabamos parte del reducido grupo de alumnos que no proveniamos de familias acaudaladas. Nos llamaban el comando Mortsdegana. Cada uno de nosotros tenia su historia especial. Yo habia conseguido una plaza becada gracias a mi padre, que durante veinticinco anos trabajo en las cocinas de esta casa. Julian habia sido aceptado gracias a la intercesion del senor Aldaya, que era cliente de la sombrereria Fortuny, propiedad del padre de Julian. Eran otros tiempos, claro esta, y por entonces el poder aun se concentraba en familias y en dinastias. Aquel es un mundo desaparecido, los ultimos restos se los llevo la Republica, supongo que para bien, y cuanto queda de el son esos nombres en el membrete de empresas, bancos y consorcios sin faz. Como todas las ciudades viejas, Barcelona es una suma de ruinas. Las grandes glorias de las que se vanaglorian muchos, palacios, factorias y monumentos, insignias con las que nos identificamos, no son mas que cadaveres, reliquias de una civilizacion extinguida.

Llegado este punto, el padre Fernando dejo una solemne pausa en la que parecio que esperase la respuesta de la congregacion con algun latinajo o una replica del misal.

- Diga usted amen, reverendo padre. Que gran verdad es esa -ofrecio Fermin para salvar el incomodo silencio.

- Nos hablaba usted del primer ano de mi padre en el colegio -apunte con suavidad.

El padre Fernando asintio.

- Ya por entonces se hacia llamar Carax, aunque su primer apellido era Fortuny. Al principio, algunos de los muchachos se burlaban de el por ello, y por ser uno de los Mortsdegana, por supuesto. Tambien se burlaban de mi porque era el hijo del cocinero. Ya saben como son los crios. En el fondo de su corazon Dios les ha llenado de bondad, pero repiten lo que oyen en casa.

- Angelitos -puntuo Fermin.

- ?Que recuerda usted de mi padre?

- Bueno, hace ya tanto... El mejor amigo de su padre por entonces no era Jorge Aldaya, sino un muchacho llamado Miquel Moliner. Miquel provenia de una familia casi tan adinerada como los Aldaya y me atreveria a decir que era el alumno mas extravagante que ha visto esta escuela. El rector le tenia por endemoniado porque recitaba a Marx en aleman durante las misas.