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Javier procuraba pasar el minimo tiempo posible en la casa y agradecia las tareas que le imponia su padre, por duras que fuesen. Cualquier excusa era buena para estar solo, para escapar a su mundo secreto a tallar sus figuras de madera. Cuando los alumnos del colegio le veian de lejos, algunos se reian o le tiraban piedras. Un dia Julian sintio tanta lastima al ver como una pedrada le abria la frente y lo derribaba sobre los escombros, que decidio acudir en su auxilio y ofrecerle su amistad. Al principio, Javier penso que Julian venia a rematarle mientras los demas se partian a carcajadas.

- Mi nombre es Julian -dijo, ofreciendo su mano-. Mis amigos y yo ibamos a jugar unas partidas de ajedrez en el pinar y me preguntaba si te apeteceria unirte a nosotros.

- No se jugar al ajedrez.

- Yo, hasta hace dos semanas, tampoco. Pero Miquel es un buen profesor...

El muchacho miraba con recelo, esperando la burla, el ataque escondido en cualquier momento.

- No se si tus amigos querran que este con vosotros...

- Ha sido idea suya. ?Que me dices?

A partir de aquel dia, Javier se les unia a veces al termino de las tareas que le habian sido asignadas. Solia permanecer callado, escuchando y observando a los demas. Aldaya le tenia cierto temor. Fernando, que habia vivido en carne propia el desprecio de los demas a consecuencia de su origen humilde, se desvivia en amabilidades con el enigmatico muchacho. Miquel Moliner, que le ensenaba los rudimentos del ajedrez y lo observaba con ojo clinico, era el que estaba menos convencido de todos.

- Ese esta chiflado. Caza gatos y palomas y los martiriza durante horas con su cuchillo. Luego los entierra en el pinar. ?Que delicia!

- ?Quien dice eso?

- El mismo me lo contaba el otro dia mientras yo le explicaba el salto del caballo. Tambien me contaba que a veces su madre se le mete en la cama por la noche y lo manosea.

- Te estaria tomando el pelo.

- Lo dudo. Ese chaval no esta bien de la cabeza, Julian, y probablemente no es culpa suya.

Julian hacia un esfuerzo por ignorar las advertencias y profecias de Miquel, pero lo cierto era que le estaba resultando dificil entablar una relacion amistosa con el hijo del conserje. Yvonne, en especial, no veia a Julian, ni a Fernando Ramos, con buenos ojos. De toda la tropa de senoritos, ellos eran los unicos que no tenian un duro. Se decia que el padre de Julian era un humilde tendero y que su madre no habia llegado mas que a maestra de musica. "Esa gente no tiene dinero ni clase ni elegancia, mi cielo -aleccionaba su madre-, el que te conviene es Aldaya, que es de familia muy bien." "Si, madre -respondia el-, lo que usted diga." Con el tiempo, Javier parecio empezar a confiar en sus nuevos amigos. Despegaba ocasionalmente los labios, y estaba tallando un juego de piezas de ajedrez para Miquel Moliner, en agradecimiento a sus lecciones. Un buen dia, cuando nadie lo esperaba o lo creia posible, descubrieron que Javier sabia sonreir y que tenia una risa bonita y blanca, risa de nino.

- ?Ves? Es un muchacho normal y corriente -argumentaba Julian.

Miquel Moliner, sin embargo, no las tenia todas consigo y observaba al extrano muchacho con celo, y recelo, casi cientifico.

- Javier esta obsesionado contigo, Julian -le dijo un dia-. Todo lo hace por ganar tu aprobacion.

- ?Que tonteria! Ya tiene un padre y una madre para eso; yo solo soy un amigo.

- Un inconsciente es lo que eres tu. Su padre es un pobre hombre que trabajo tiene con encontrarse las nalgas a la hora de hacer aguas mayores, y dona Yvonne es una harpia con cerebro de pulga que se pasa el dia haciendose la encontradiza en panos menores convencida de que es dona Maria Guerrero, o algo peor que prefiero no mentar. El chaval, como es natural, busca un sustituto y tu, angel salvador, caes del cielo y le das la mano. San Julian de la Fuente, patron de los desheredados.

- Ese doctor Freud te esta pudriendo la mollera, Miquel. Todos necesitamos tener amigos. Incluso tu.

- Ese muchacho no tiene ni tendra nunca amigos. Tiene alma de arana. Y si no, tiempo al tiempo. Me pregunto que es lo que suena...

Poco sospechaba Miquel Moliner que los suenos de Francisco Javier eran mas parecidos a los de su amigo Julian de lo que el hubiera creido posible. En una ocasion, meses antes de que Julian ingresara en el colegio, el hijo del conserje estaba recogiendo la hojarasca en el patio de las fuentes cuando llego el fastuoso automovil de don Ricardo Aldaya. Aquella tarde, el industrial traia compania. Le escoltaba una aparicion, un angel de luz enfundado de seda que parecia levitar sobre el suelo. El angel, que no era sino su hija Penelope, descendio del Mercedes y anduvo hasta la fuente, aleteando su sombrilla y deteniendose a batir las aguas del estanque con la mano. Como siempre, su aya Jacinta la seguia solicita, atenta al minimo gesto de la muchacha. Poco hubiera importado que la escoltase un ejercito de sirvientes: Javier solo tenia ojos para la muchacha. Temio que si parpadeaba, la vision se esfumaria. Permanecio alli paralizado, espiando el espejismo sin aliento. Poco despues, como si ella hubiese intuido su presencia y su mirada furtiva, Penelope alzo la vista hacia el. La belleza de aquel rostro se le antojo dolorosa, insostenible. Le parecio entrever un amago de sonrisa en sus labios. Aterrado, Javier corrio a ocultarse en lo alto de la torre de las cisternas junto al palomar del atico del colegio, su escondite predilecto. Las manos le temblaban todavia cuando cogio sus utiles de tallar y empezo a trabajar en una nueva pieza que queria asemejarse al rostro que acababa de vislumbrar. Cuando regreso a la vivienda del conserje aquella noche, horas mas tarde de lo habitual, su madre le esperaba, medio desnuda y furiosa. El muchacho bajo los ojos temiendo que, si su madre leia su mirada, veria en ella a la muchacha del estanque y sabria lo que habia estado pensando.

- ?Y tu donde te metes, mocoso de mierda

- Perdoneme usted, madre. Me perdi.

- Tu estas perdido desde el dia que naciste.

Anos mas tarde, cada vez que introducia su revolver en la boca de un prisionero y apretaba el gatillo, el inspector jefe Francisco Javier Fumero habria de evocar el dia en que vio el craneo de su madre estallar como una sandia madura en las inmediaciones de un merendero de Las Planas y no sintio nada, apenas el tedio de las cosas muertas. La Guardia Civil, alertada por el encargado del establecimiento, que habia oido el disparo, encontro al muchacho sentado en una roca sosteniendo la escopeta en su regazo, todavia tibia. Contemplaba impavido el cuerpo decapitado de Maria Craponcia, alias Yvonne, cubierto de insectos. Al ver aproximarse a los guardias se limito a encogerse de hombros, el rostro salpicado de gotas de sangre como si se lo estuviese comiendo la viruela. Siguiendo los sollozos, los guardias encontraron a Ramon el Unicojonio acurrucado junto a un arbol a treinta metros de alli, entre la maleza. Temblaba como un nino y fue incapaz de hacerse entender. El teniente de la Guardia Civil, tras mucho cavilar, dictamino que el suceso habia sido un tragico accidente y asi lo hizo constar en el atestado, que no en su conciencia. Al preguntarle al muchacho si podian hacer algo por el, Francisco Javier Fumero pregunto si podia conservar aquella vieja escopeta, porque de mayor queria ser soldado...