- Fermin, si no quiere contarme esto...
- No, no. Mas vale que lo oiga y sepa con quien se juega usted los cuartos. Cuando regrese a mi casa, me informaron de que habia sido expropiada por el gobierno, al igual que mis posesiones. Me habia convertido en un mendigo sin saberlo. Trate de conseguir empleo. Se me nego. Lo unico que podia conseguir era una botella de vino a granel por unos centimos. Es veneno lento, que se come las tripas como el acido, pero confie en que tarde o temprano haria su efecto. Me decia que volveria a Cuba, con mi mulata, algun dia. Me detuvieron cuando intentaba abordar un carguero rumbo a La Habana. He olvidado ya cuanto tiempo pase en la carcel. Despues del primer ano, uno empieza a perderlo todo, hasta la razon. Al salir pase a vivir en las calles, donde usted me encontro una eternidad despues. Habia muchos como yo, companeros de galeria o amnistia. Los que tenian suerte contaban con alguien fuera, alguien o algo a lo que regresar. Los demas nos uniamos al ejercito de desheredados. Una vez te dan el carnet de ese club, nunca dejas de ser socio. La mayoria solo saliamos de noche, cuando el mundo no mira. Conoci a muchos como yo. Raramente los volvia a ver. La vida en la calle es corta. La gente te mira con asco, incluso los que te dan limosna, pero eso no es nada comparado con la repugnancia que uno se inspira a si mismo. Es como vivir atrapado en un cadaver que camina, que siente hambre, que apesta y que se resiste a morir. De tarde en tarde, Fumero y sus hombres me detenian y me acusaban de algun hurto absurdo, o de tentar a ninas a la salida de un colegio de monjas. Otro mes en la Modelo, palizas y a la calle otra vez. Nunca comprendi que sentido tenian aquellas farsas. Al parecer, la policia estimaba conveniente disponer de un censo de sospechosos al que echar mano cuando fuera necesario. En uno de mis encuentros con Fumero, que ahora era todo un prohombre respetable, le pregunte por que no me habia matado, como a los demas. Se rio y me dijo que habia cosas peores que la muerte. El nunca mataba a un chivato, dijo. Lo dejaba pudrirse vivo.
- Fermin, usted no es un chivato. Cualquiera en su lugar hubiera hecho lo mismo. Usted es mi mejor amigo.
- Yo no merezco su amistad, Daniel. Usted y su padre me han salvado la vida, y mi vida les pertenece. Lo que yo pueda hacer por ustedes, lo hare. El dia que me saco usted de la calle, Fermin Romero de Torres volvio a nacer.
- Ese no es su verdadero nombre, ?verdad?
Fermin nego.
- Ese lo vi en un cartel de la Plaza de las Arenas. El otro esta enterrado. El hombre que antes vivia en estos huesos murio, Daniel. A veces vuelve, en pesadillas. Pero usted me ha ensenado a ser otro hombre y me ha dado una razon para vivir otra vez, mi Bernarda.
- Fermin...
- No diga usted nada, Daniel. Solo perdoneme, si puede.
Le abrace en silencio y le deje llorar. La gente nos miraba de reojo, y yo les devolvia una mirada de fuego. Al rato decidieron ignorarnos. Luego, mientras acompanaba a Fermin hasta su pension, mi amigo recupero la voz.
- Lo que le he contado hoy... le ruego que a la Bernarda...
- Ni a la Bernarda ni a nadie. Ni una palabra, Fermin.
Nos despedimos con un apreton de manos.
37
Pase la noche en vela, tendido sobre el lecho con la luz encendida contemplando mi flamante pluma Montblanc, con la que no habia vuelto a escribir en anos y que empezaba a convertirse en el mejor par de guantes que jamas se le haya regalado a un manco. Mas de una vez me senti tentado de acercarme a casa de los Aguilar y, a falta de mejor termino, entregarme, pero tras mucha meditacion supuse que irrumpir de madrugada en el domicilio paterno de Bea no iba a mejorar mucho la situacion en la que se encontrase. Al alba, el cansancio y la dispersion me ayudaron a localizar de nuevo mi proverbial egoismo y no tarde en convencerme de que lo optimo era dejar correr las aguas y, con el tiempo, el rio se llevaria la sangre.
La manana discurrio con poca accion en la libreria, circunstancia que aproveche para dormitar de pie con la gracia y el equilibrio de un flamenco, en opinion de mi padre. Al mediodia, tal y como habia acordado con Fermin la noche anterior, yo fingi que iba a darme una vuelta y Fermin alego que tenia hora en el ambulatorio para que le quitasen unos puntos. Hasta donde me alcanzo la perspicacia, mi padre se trago ambos bulos hasta el tobillo. La idea de mentir sistematicamente a mi padre empezaba a ensuciarme el animo, y asi se lo habia hecho saber a Fermin a media manana en un rato que mi padre salio para hacer un recado.
- Daniel, la relacion paterno-filial esta basada en miles de pequenas mentiras bondadosas. Los Reyes Magos, el ratoncito dientes, el que vale, vale, etc. Esta es una mas. No se sienta culpable.
Llegado el momento, menti de nuevo y me dirigi hacia el domicilio de Nuria Monfort, cuyo roce y olor conservaba grabados en el atico de la memoria. La plaza de San Felipe Neri habia sido tomada por una bandada de palomas que reposaban sobre el empedrado. Habia esperado encontrar a Nuria Monfort en compania de su libro, pero la plaza estaba desierta. Cruce el empedrado bajo la atenta vigilancia de docenas de palomas, y eche un vistazo alrededor buscando en vano la presencia de Fermin camuflado de sabia Dios el que, pues se habia negado a revelarme el ardid que tenia en mente. Me adentre en la escalera y comprobe que el nombre Miquel Moliner seguia en el buzon. Me pregunte si aquel seria el primer agujero que iba a senalarle a Nuria Monfort en su historia. Mientras ascendia la escalera en penumbra, casi desee no encontrarla en casa. Nadie tiene tanta compasion con un embustero como alguien de su condicion. Al llegar al rellano del cuarto me detuve a reunir valor y urdir alguna excusa con la que justificar mi visita. La radio de la vecina seguia atronando al otro lado del rellano, esta vez transmitiendo un concurso de conocimientos religiosos que llevaba por titulo "El santo al Cielo" y mantenia electrizadas a las audiencias de Espana entera cada martes al mediodia.
Y ahora, por cinco duros, diganos, Bartolome, ?de que guisa se aparece el maligno a los sabios del tabernaculo en la parabola del arcangel y el calabacin del libro de Josue?: a) un cabritillo, b) un mercader de botijos, o c) un saltimbanqui con una mona.
Al estallido de aplausos de la audiencia en el estudio de Radio Nacional, me plante decidido frente a la puerta de Nuria Monfort y presione el timbre durante varios segundos. Oi el eco perderse en el interior del piso y suspire de alivio. Estaba por irme cuando escuche los pasos acercarse a la puerta y el orificio de la mirilla se ilumino en una lagrima de luz. Sonrei. Escuche la llave girar en el cerrojo y respire hondo.
38
- Daniel -murmuro, la sonrisa al contraluz.
El humo azul del cigarrillo le velaba el rostro. Los labios le brillaban de carmin oscuro, humedos y sangrando huellas sobre el filtro que sostenia entre el indice y el anular. Hay personas que se recuerdan y otras que se suenan. Para mi, Nuria Monfort tenia la consistencia y la credibilidad de un espejismo: no se cuestiona su veracidad, sencillamente se le sigue hasta que se desvanece o te destruye. La segui hasta el angosto salon de penumbras donde tenia su escritorio, sus libros y aquella coleccion de lapices alineados como un accidente de simetria.
- Pensaba que no volveria a verte.
- Siento decepcionarla.
Se sento en la silla de su escritorio, cruzando las piernas e inclinandose hacia atras. Arranque los ojos de su garganta y me concentre en una mancha de humedad en la pared. Me aproxime hasta la ventana y eche un vistazo rapido a la plaza. Ni rastro de Fermin. Podia oir a Nuria Monfort respirar a mi espalda, sentir su mirada. Hable sin apartar los ojos de la ventana.
- Hace unos dias, un buen amigo mio averiguo que el administrador de fincas responsable del antiguo piso de la familia Fortuny-Carax habia estado enviando la correspondencia a un apartado de correos a nombre de un bufete de abogados que, al parecer, no existe. Ese mismo amigo averiguo que la persona que habia estado recogiendo los envios a ese apartado de correos durante anos habia utilizado su nombre, senora Monfort...