- ?Quiere un cafe, don Gustavo? Se esta usted poniendo amarillo.
- Por favor.
Fui a por el termo y le prepare una taza con ocho terrones de azucar. Se lo bebio de un trago.
- ?Mejor?
- Remontando. Como iba diciendo, el caso es que don Manuel estaba de guardia el dia en que llevaron el cuerpo de Julian Carax al servicio de necropsias, en septiembre de 1936. Por supuesto, don Manuel no se acordaba del nombre, pero una consulta a los archivos, y una donacion de veinte duros a su fondo de retiro, le refrescaron la memoria notablemente. ?Me sigues?
Asenti, casi en trance.
- Don Manuel recuerda los pormenores de aquel dia porque segun me conto aquella fue una de las pocas ocasiones en que se salto el reglamento. La policia alego que el cadaver habia sido encontrado en un callejon del Raval poco antes del amanecer. El cuerpo llego al deposito a media manana. Llevaba encima solo un libro y un pasaporte que le identificaba como Julian Fortuny Carax, natural de Barcelona, nacido en 1900. El pasaporte llevaba un sello de la frontera de La Junquera, indicando que Carax habia entrado en el pais un mes antes. La causa de la muerte, aparentemente, era una herida de bala. Don Manuel no es medico, pero con el tiempo se ha aprendido el repertorio. A su juicio, el disparo, justo sobre el corazon, habia sido realizado a quemarropa. Gracias al pasaporte se pudo localizar al senor Fortuny, padre de Carax, que acudio aquella misma noche al deposito a realizar la identificacion del cuerpo.
- Hasta ahi todo encaja con lo que conto Nuria Monfort.
Barcelo asintio.
- Asi es. Lo que no te dijo Nuria Monfort es que el, mi amigo don Manuel, al sospechar que la policia no parecia tener mucho interes en el caso, y al haber comprobado que el libro que se habia encontrado en los bolsillos del cadaver llevaba el nombre del fallecido, decidio tomar la iniciativa y llamo a la editorial aquella misma tarde, mientras esperaban la llegada del senor Fortuny, para informar de lo sucedido.
- Nuria Monfort me dijo que el empleado de la morgue llamo a la editorial tres dias despues, cuando el cuerpo ya habia sido enterrado en una fosa comun.
- Segun don Manuel, el llamo el mismo dia en que el cuerpo llego al deposito. Me dice que hablo con una senorita que le agradecio el que hubiese llamado. Don Manuel recuerda que le choco un tanto la actitud de dicha senorita. Segun sus propias palabras "era como si ya lo supiese".
- ?Que hay del senor Fortuny? ?Es cierto que se nego a reconocer a su hijo?
- Eso es lo que mas me intrigaba a mi. Don Manuel explica que al caer la tarde llego un hombrecillo tembloroso en compania de unos agentes de la policia. Era el senor Fortuny. Segun el, eso es lo unico a lo que uno no llega nunca a acostumbrarse, el momento en que los allegados vienen a identificar el cuerpo de un ser querido. Don Manuel dice que es un lance que no le desea a nadie. Segun el, lo peor es cuando el muerto es una persona joven y son los padres, o un conyuge reciente, quienes tienen que reconocerle. Don Manuel recuerda bien al senor Fortuny. Dice que cuando llego al deposito apenas podia sostenerse en pie, que lloraba como un nino y que los dos policias le tenian que llevar de los brazos. No paraba de gemir: "?Que le han hecho a mi hijo?, ?que le han hecho a mi hijo?"
- ?Llego a ver el cuerpo?
- Don Manuel me conto que estuvo a punto de sugerirles a los agentes que se saltasen el tramite. Es la unica vez que se le paso por la cabeza cuestionar el reglamento. El cadaver estaba en malas condiciones. Probablemente llevaba mas de veinticuatro horas muerto cuando llego al deposito, no desde el amanecer como alegaba la policia. Manuel temia que cuando aquel viejecillo lo viese, se romperia en pedazos. El senor Fortuny no paraba de decir que no podia ser, que su Julian no podia estar muerto... Entonces don Manuel retiro el sudario que cubria el cuerpo y los dos agentes le preguntaron formalmente si aquel era su hijo Julian.
- El senor Fortuny se quedo mudo, contemplando el cadaver durante casi un minuto. Entonces se dio la vuelta y se marcho.
- ?Se marcho?
- A toda prisa.
- ?Y la policia? ?No se lo impidio? ?No estaban alli para identificar el cadaver?
Barcelo sonrio con malicia.
- En teoria. Pero don Manuel recuerda que habia alguien mas en la sala, un tercer policia que habia entrado sigilosamente mientras los agentes preparaban al senor Fortuny y que habia presenciado la escena en silencio, apoyado en la pared con un cigarrillo en los labios. Don Manuel le recuerda porque cuando le dijo que el reglamento prohibia expresamente fumar en el deposito, uno de los agentes le indico que se callara. Segun don Manuel, tan pronto el senor Fortuny se hubo marchado, el tercer policia se acerco, echo un vistazo al cuerpo y le escupio en la cara. Luego se quedo con el pasaporte y dio ordenes de que el cuerpo fuese enviado a Can Tunis para ser enterrado en una fosa comun aquel mismo amanecer.
- No tiene sentido.
- Eso penso don Manuel. Sobre todo porque aquello no casaba con el reglamento. "Pero si no sabemos quien es este hombre", decia el. Los policias no dijeron nada. Don Manuel, airado, les increpo: "?O lo saben ustedes demasiado bien? Porque a nadie se le escapa que lleva por lo menos un dia muerto." Obviamente, don Manuel se remitia al reglamento y no tenia un pelo de tonto. Segun el, al escuchar sus protestas, el tercer policia se le acerco, le miro a los ojos fijamente y le pregunto si le apetecia unirse al finado en su ultimo viaje. Don Manuel me conto que se quedo aterrado. Que aquel hombre tenia ojos de loco y que no dudo un instante de que hablaba en serio. Murmuro que el solo trataba de cumplir con el reglamento, que nadie sabia quien era aquel hombre y que por tanto todavia no se le podia enterrar. "Este hombre es quien yo diga que es", replico el policia. Entonces cogio la hoja de registro y la firmo, dando por cerrado el caso. Don Manuel dice que esa firma no la olvidara jamas, porque en los anos de la guerra, y luego durante mucho tiempo despues, volveria a encontrarla en decenas de hojas de registro y defuncion de cuerpos que llegaban no se sabia de donde y que nadie conseguia identificar...
- El inspector Francisco Javier Fumero...
- Orgullo y bastion de la Jefatura Superior de Policia. ?Sabes lo que significa eso, Daniel?
- Que hemos estado dando palos de ciego desde el principio.
Barcelo tomo su sombrero y su baston y se dirigio hacia la puerta, negando por lo bajo.
- No, que los palos van a empezar ahora.
40
Pase la tarde velando aquella funesta carta que me anunciaba mi incorporacion a filas y esperando senales de vida de Fermin. Pasaba ya media hora del horario de cierre y Fermin seguia en paradero desconocido. Cogi el telefono y llame a la pension en la calle Joaquin Costa. Contesto dona Encarna, que dijo con voz de cazalla que no habia visto a Fermin desde aquella manana.
- Si no esta aqui en media hora, cenara frio, que esto no es el Ritz. No le ha pasado nada, ?verdad?
- Descuide, dona Encarna. Tenia un recado pendiente y se habra retrasado. En todo caso, si le viera usted antes de acostarse, le agradeceria muchisimo que le dijera que me llamase. Daniel Sempere, el vecino de su amiga la Merceditas.
- Pierda cuidado, aunque le prevengo, yo a las ocho y media me meto en el sobre.
Acto seguido llame a casa de Barcelo, confiando en que tal vez Fermin se hubiese dejado caer por alli para vaciarle la despensa a la Bernarda o arramblarla en el cuarto de planchar. No se me habia ocurrido que seria Clara quien contestase al telefono.
- Daniel, esto si que es una sorpresa.
Eso mismo digo yo, pense. Dando un circunloquio digno del catedratico don Anacleto, deje caer el objeto de mi llamada otorgandole apenas una importancia pasajera.
- No, Fermin no ha pasado por aqui en todo el dia. Y la Bernarda ha estado conmigo toda la tarde, o sea que lo sabria. Hemos estado hablando de ti, ?sabes?