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«-Buenos caballos traéis. No sois de este pueblo ni alrededores.

»-Somos de Getxo.

»-Lejos está eso: en la costa. Y venís buscando una chica que tenga cierta cara. De manera que, si tiene otra cara, ya no la queréis. ¡Qué caprichosos!… ¿También tu amigo es tan pirri?

»-Es mi hermano. Él es el que necesita verla.

»- ¿Sólo verla? ¡Qué finos sois los ricos! Conmigo no tenéis que andar con remilgos… ¡Errosali, aquí te vienen dos! Se llama Errosali y es mi sobrina. A real por cabeza. Me gusta cobrar por adelantado.

»- ¿Cobrar?

»-Ya veréis lo contentos que os deja Errosali. Volveréis.

»-Espere, espere… Nosotros no…

»- ¿Qué te pasa, buen mozo?

»-Nos hemos equivocado. Perdone… Vámonos, Jaso.

»- ¿Es que no tenéis dos reales? No lo creo, con esos caballos, esa ropa y esas manos tan finas… ¡Errosali!

»-Vámonos, Jaso, vámonos.

»- ¿Irnos sin verla? Tenemos que ver a la muchacha que vive en esa casa.

»-No os arrepentiréis, jovencitos.

»-Sígueme, Jaso.

»- ¿Por qué? ¿Y si es ella la…?

»- ¡No es!

»- ¡Errosali!

»-Entraré yo solo, si tú no quieres.

»- ¡No!

»- ¿Por qué no dejas que tu hermano se divierta un poco? Ven, chico, ya verás como Errosali te comprende.

»- ¡Suéltele, no le toque!

»- ¡Jesús, qué modos!… ¡Errosali!… Ahí la tenéis…, ¿qué os parece? Vienen hasta de la capital a estar con ella. Diles algo, mujer…

»-Hola.

»- ¡Suéltame, Martxel!

»-No tienes por qué acercarte a ella, Jaso.

»-Debemos verla bien, como a todas.

»-No es ella.

»-Espera siquiera a verla bien.

»-No puede ser ella… ¡Escucha, Jaso, no sabes lo que estás haciendo!

»-Hola, chico…

»-Dije que quiero cobrar por adelantado.

»-No, no es ella.

»-Dije que quiero cobrar por…

»- ¡Cállese!

»-Vamos, chico, pasa de una vez.

»- ¡Ea, Jaso, ya la has visto, se acabó!

»-No seas así con tu hermano, que quiere venir conmigo…, ¿no es verdad, carita tierna?

»- ¡Dejadle en paz de una vez!

»-Nadie había mirado mi cara con tanta atención.

»-Necesito asegurarme.

»- ¿Será el hombre de mi vida?… Y ahora, ¿qué dices?, ¿te gusto?… ¿Por qué te salen esos colores?

»-Ven conmigo, Jaso… ¡Al infierno las dos!

»-Eres virgen, ¿verdad?

»- ¡No toques a mi hermano!

»- ¡Llamaré al alguacil! ¡Nadie había pegado a mi Errosali!… ¿Te ha hecho daño este bruto?

»- ¿Qué te pasa, Martxel? Ama se disgustará si sabe que has pegado a una mujer…, una mujer que podía haber sido la que buscamos, porque ni siquiera la has mirado bien.

»-No vuelvas la cabeza, no te pares.

»-Debes pedirle perdón. ¿Por qué la has pegado? Yo le pediré perdón por ti. Espera.

»- ¡No!

»- ¿Por qué?

»-Vamos, ven, no hagas preguntas.

»- ¡No me moveré de aquí si no me confiesas por qué has pegado a la pobre muchacha!

»-Bien… Quizá sea mejor que te enteres… ¡Es una puta! ¡Ella y su dueña, dos putas!… ¿Sabes, al menos, qué es una puta?… Y, claro, ahora a ponerte rojo como un tomate…

»- ¡Dios mío!

»- ¡Sí, Dios mío, Dios mío!

»-No lo creo. Son vascas… Lo son, ¿no?

»- ¡Sí, vascas hasta el coño!

»- ¡No son vascas!, ¿verdad?

»-No me rompas la chaqueta. Tranquilízate.

»- ¡Si lo son, no pueden ser… eso! ¡Quiero oírte que no son vascas! ¡Dímelo! ¡Dímelo!

»-Tranquilízate, Jaso.

»-Así que el demonio ya está entre nosotros… ¿Qué podemos hacer, Martxel?

»- ¿Hacer? Eres tan ingenuo que a veces pareces tonto.

»-Eso no puede ocurrir en nuestra tierra.

»-Pues, ocurre… Es mejor que lo olvides y sigamos con lo nuestro.

»- ¿Qué pasa entre los vascos? ¿Es que ninguno se atreve a decir a esas dos mujeres que se marchen de este pueblo? ¿Sabe el señor párroco que viven aquí y lo que hacen? ¡Claro que no lo sabe! Hay que decírselo…

»- ¿Adónde vas? ¡Jaso, Jaso! ¡No corras así!

»- ¿Has dejado de ser el hijo de Ama, el que prohíbe a las parejas bailar a lo agarrado, el que rompe en las tabernas las botellas de alcohol? ¿Por qué ahora, hermano, te unes al enemigo?

»- ¡Es que esto no es lo mismo, Jaso! ¡Esto no es cosa de maketos, sino también de los vascos! ¡En los pueblos que tienen puta llegan más vírgenes al matrimonio!

»- ¿Está el señor párroco? ¡Tengo que hablarle urgentemente!

»-Por ahí anda, en el huerto… ¡Don Cipriano!

»-Hola, hola, bien… Me limpiaré un poquito las manos… No sois de aquí… ¿En qué puedo serviros?

»- ¡En este pueblo hay dos mujeres que se dedican al comercio de la carne y usted debe saberlo para que las eche!

»-No haga usted caso a mi hermano.

»-Caramba, con lo que me venís…

»- ¡Acabamos de verlas!

»-Claro, claro… Pero sólo las ve quien va a buscarlas.

»- ¿Es que ya sabe usted que ellas…?

»-Oigo cosas…

»- ¡Lo sabe, lo sabe y no hace nada para librar a este pueblo de la maldad!

»-Viven retiradas…, no dan escándalo…

»- ¡Tiene el mal a dos pasos y…!

»-Bueno, no a dos pasos, sino en las afueras, al otro lado de la colina… No dan escándalo a los niños.

»- ¡Un vasco no debe permitirlo!

»-Vámonos, Jaso, no es asunto nuestro.

»- ¿Que no es asunto nuestro? ¡El Señor ha dicho cómo deben unirse un hombre y una mujer y los vascos siempre le han obedecido!

»- ¿Qué entiendes tú de uniones entre un hombre y una mujer? ¿Qué harás con la muchacha del cuadro cuando la encuentres? ¿Qué harás con ella, atontado?