»-Tenía que hacerlo, don Claudio. Créame usted, tenía que hacerlo.
»-Si estaba enferma, que la hubieran bajado al hospital. Nos habríamos librado de ella para siempre, porque yo mismo prenderé fuego algún día a su casa de pecado.
«-Ya viene el hombre del paquete -dice Teresa.
»Se levanta desde hace cuatro días.
»-Se acabó -dice.
»- ¿Qué?
»-Que ya no quiero ese paquete. Hoy ya no es un paquete de comida para una enferma sino para una puta.
»-Usted todavía es una enferma. Una anemia no se cura en tres semanas.
»- ¡Tú sí que le has sacado jugo a mi enfermedad! ¿Qué sillón te tiene reservado el Dios Padre allá arriba?
»La verdad es que no parece que haya estado tan grave. Tropiezo con su mirada.
»- ¿Por qué? -dice.
»Se sienta en una banqueta y se cubre la cara con las manos. Creo que solloza.
»- ¿Por qué? -dice.
»Y yo digo:
»- ¿Por qué?
»Aparta sus manos y levanta la cara.
»-Por qué, ¿qué? -dice.
»-Por qué quería dejarse morir.
»Sí, sollozaba: ahora se seca con la manga la humedad de su nariz y luego la de sus ojos. Se levanta.
»- ¡No te importa! A lo mejor ni siquiera te importa dejarme morir -dice.
»-Supongo que no lo repetirá. Quíteselo de la cabeza -digo.
»- ¿Me llorarías tú?
»Me da la espalda y se pone a trajinar en el fregadero. De dos pasos me pongo a su lado y la agarro del brazo.
»-Me dolería hasta la muerte -digo.
»Vuelve la cara para mirarme.
»-Usted no puede comprender lo terrible que sería para mí -digo.
»- ¿Por qué? -dice-. ¿De qué me conoces?
»-No te conocía antes de llegar aquí.
Quita mi mano de su brazo.
»-No me gusta lo que no entiendo -dice.
»-No se trata de eso, ¡Dios mío!, no se trata de eso -digo.
»Resopla. Se pone en jarras.
»-No eres para mis nervios: no se trata de eso, no se trata de lo otro… ¿Cuál es tu juego?… Ven aquí, chico…
»Me toma de una mano y me sienta en una banqueta, quedándose ella de pie y mirándome.
»- ¿Necesitas saber que te agradezco tus molestias de estos días? ¡Pues bien, te lo agradezco!… ¿Necesitas que te agradezca tus paquetes? ¡Pues bien, muchas gracias por tus paquetes, chico!… ¿Y qué más? -dice.
»-Dígame por qué quería morirse.
»-No te metas en mis cosas.
»- ¿Por qué quería morirse? Venga, siéntese, que la enferma es usted y no yo.
»Me levanto y ella deja que la siente en la misma banqueta.
»- ¿Por qué quería morirse?
»Levanta la cara para dirigirme una mirada nueva. Pero no habla.
»-Deje esta vida -digo.
»Suelta una carcajada y ya no es la misma de hace un momento.
»- ¡Salió el seminarista! -dice.
»-Le buscaré trabajo. ¿Sabe coser? O de doncella. Hablaré con alguien de Getxo para que entre a servir en una buena casa -digo.
»Sigue riéndose, pero ahora sin ruido y moviendo la cabeza.
»-Lo único que necesito es que no me traigas más paquetes -dice.
»-Es que quiero ayu…
»-Escucha: primero, no te he pedido ayuda. Segundo, no necesito ayuda. Tercero, nunca antes había deseado la muerte. Más claro: Teresa estaba muy bien hasta que aparecieron tus paquetes -dice.
»Yo también callo durante un rato.
»-Se trata de los paquetes… -digo.
»-Eso, de tus sucios paquetes. Coge el que está en la mesa y lárgate -dice.
»-Los paquetes… No estás acostumbrada a…
»-Escucha, seminarista: ¡estoy marcada! -dice.
»Se pone en pie, abre la puerta y se para en el umbral mirando hacia fuera, dándome la espalda. Es de noche.
»-Mi madre me tuvo de soltera y murió cuando yo tenía catorce años -dice.
»-Tanto ella como tú sois inocentes.
»-No pude seguir pagando el alquiler y me vi en la calle -dice.
»-Fuisteis abandonadas.
»-Me recogió un matrimonio a cambio de mi trabajo. El hombre me violó. La mujer me echó de la casa -dice.
»-Sois inocentes. Os abandonaron. Ambas sois inocentes.
»Se vuelve y la luz del quinqué ilumina su rostro encendido.
»- ¿Pero qué importa cómo ocurrió? -dice.
»-A mí sí que me importa cómo ocurrió -digo.
»- ¿Es que el seminarista necesita convencerse de mi inocencia antes de seguir trayéndome paquetes?… Lo sé, lo sé: "No se trata de eso"… Entonces, ¿de qué se trata? -dice.
»-Entra y cierra la puerta. Cogerás frío…
»Yo mismo la retiro del umbral y cierro la puerta. La siento en la banqueta.
»-Hábleme de su… de su madre.
»-Se llamaba Isidora y era hija de minero -dice.
»-Isidora -digo.
»-Mi padre era de Getxo -dice.
»-De Getxo -digo.
»-Trabajaba en Altos Hornos. Luego, no quiso quedarse a vivir aquí -dice.
»-Ni tu madre en Getxo.
»- ¿Cómo lo sabes?
»-Bueno…, cosas así siempre ocurren.
»-Abandonó a mi madre -dice.
»-En realidad, ella también se negó…
»-La abandonó -dice.
»- ¡Dios mío, sí, la abandonó! -digo.
»- ¿Por qué no dejas de dar vueltas alrededor de mi banqueta como un burro de noria? -dice.
»-Es tarde, debe cuidarse. Acuéstese. Yo me encargo de su cena -digo.
»- ¿Por qué te interesas tanto por mí, maestro?
»-Quiero asegurarme el cielo.
»- ¿Qué hace aquí uno de Getxo como tú? ¡Eso! ¿Qué hace aquí uno de Getxo como tú? -dice.
»La obligo a levantarse de la banqueta y la guío a su cama.
»-Me cuidas, me atiendes y yo te tendría que estar agradecida… Pero no lo estoy, porque no comprendo nada -dice.
»-Haré tortilla de patatas -digo.
»Mientras abro el paquete la oigo desnudarse a mi espalda.
»-No me avergüenzo de sacarme la vida de puta -dice.
»-No hable así, por Dios.
»-Lo malo es lo que me sucedió antes. La gente de este pueblo me cerró todas las puertas. No me arrepiento de ser puta, te lo repetiré mil veces.
»-Calle, calle.
»Hago la tortilla y se la llevo en un plato con tenedor y pan. Teresa ya está bajo la manta.
»-Trae otro plato. Para ti -dice.
»Regreso con otro plato. Quiere cortar la tortilla por la mitad, pero retiro su mano y corto para mí un trozo pequeño. Me siento junto a la cama, en una banqueta, a verla comer.
»- ¿Tiene apetito? -digo.
»-Está buena. Pero nunca me oirás que me arrepiento de ser puta -dice.
»Ahora, estoy en la puerta.
»- ¿Apago el quinqué?
»-No, que quiero ver lo guapa que me estás poniendo -dice.»-Eche la tranca cuando yo salga. Aunque le dejo comida para dos o tres días, vendré mañana. No abra a nadie.»Nos miramos.
»- ¿Aceptará paquetes de otros? -digo.»- ¿Ya empezamos? -dice.»-A tu madre no le habría gustado…»-Deja en paz a mi madre.
»-Quizá esta enfermedad se la haya enviado Dios para…»- ¿Por qué no te largas de una vez?»-Buenas noches -digo.»-Me pregunto qué hace aquí uno de Getxo como tú -dice.
«Para no molestar tanto a doña Beatriz, yo mismo compro en la tienda de Bernabé la comida para los paquetes.
»- ¡Qué apetito tiene usted, don Manuel! -dice Bernabé.
»-Póngame también media docena de esos pastelillos.
»-Media docenita…
»-Y cien gramos de café molido.
»- ¡Qué bien se cuida usted, don Manuel!
»Pago, cojo lo mío y dejo a Bernabé con ganas de meter baza en el tema de Teresa.
«-Ya sabrá usted de qué se habla en el pueblo -dice Beatriz.
»-Si están aburridos… -digo.
»-Usted sabe cómo es la gente… Lo único que hago es advertírselo, porque a mí me parece de perlas lo que usted hace por esa desgraciada. Me gustaría saber cuál de esas chismosas no ha sido puta alguna vez en su vida. ¡Todas hemos sido putas alguna vez!