»-Teresa se ha puesto a trabajar de interina. Limpia mis dos horas de escuela a los mineros. ¿Se necesita en la Casa del Pueblo…?
»Eduardo Varela me observa fijamente.
»-Usted, don Manuel, nos está dando una buena lección a los socialistas -dice.
«-Te quiero, Manuel -dice Teresa.
»-Calle, calle… -digo.
»-Te juro que te quiero.
»-No complique su vida más de lo que ya está.
»- ¡Me crees! ¡Me crees!
»-No, no le creo. Usted sólo está un poco agradecida. No debe confundir las cosas.
»- ¡Te quiero! ¡Te quiero! Nadie como una puta para saber cuándo está enamorada.
»-Calle, calle…
»Abro la puerta de la escuela.
»- ¿Por qué te marchas, como siempre?
»-Este empleo suyo está en el aire, y si la gente ve que yo me quedo aquí mucho tiempo…
»- ¿A quién le tienes miedo, a ellos o a mí?
»-Me marcho, nadie debe echarle nada en cara. ¿Es que no le importa volver a su vida de antes?
»-Antes no esperaba nada y era más feliz…
»Barre con movimientos muertos. Doy varios pasos más hacia fuera y de pronto Teresa suelta la escoba y se me acerca corriendo y sus dedos agarran mi ropa.
»- ¿Por qué me elegiste a mí?, ¿por qué viniste con tu paquete a mi puerta y no a otra?, ¿cuándo me habías conocido?, ¿cuándo me habías visto? ¡Necesito oírte que fueron mis ojos o mi pelo o mi cuello o mis piernas o mis labios lo que te trajo a mí!
»-Por favor, tengo que irme.
»- ¿Para qué me quieres santa y buena?
»-Lo bueno siempre es mejor que lo malo.
»-No hables como un tonto, que tú no eres tonto… ¿Estoy yo detrás de lo que haces?
»-Le aseguro, Teresa, que sí está usted.
»-Entonces, Manuel, ¿te gusto, aunque sea un poco?
»-Creo que eres una muchacha hermosa.
»-No pareces estar muy seguro… ¿Es que nunca te comprometes en serio con nada?
»-Quiero lo mejor para ti.
»- ¿Por qué?, ¿por qué? ¡Eso es lo único que me interesa saber! Tratar contigo es como tratar con una piedra. ¿Eres tan… tan cortado, o hay algo más detrás de todo esto?
»La tomo de los hombros.
»-Escuche: usted está en el centro de todo.
»- ¿Lo haces por ti mismo o porque alguien te lo manda?
»- ¿Quién me lo iba a mandar?
»-No sé… Dios, el Papa, tu propia bondad…, ¡pero no tú mismo por mí misma! Oye, ¿te molesta que te quiera?
»Mis manos la sueltan.
»-Dios mío, es lo último que podía esperar…
»-Desde que te conozco, son las primeras palabras que te salen del alma, la primera vez que no te pones careta… Pero me quedo triste, no te has alegrado de lo que yo siento por ti…
»De un manotazo aparta el pelo de su rostro.
»- ¿Es que no sabes que ocurren estas cosas? ¿De qué mundo sales, hijo mío? -dice.
»-Lo siento…
»- ¡Pues yo no lo siento!
»-Es tarde. Debo irme.
»-Acompáñame a casa. Me da miedo regresar sola.
»- ¿Acompañarla?
»- ¿Por qué repites todo lo que digo, como un tonto que vive en Babia? Acabo en unos minutos.
»-La espero fuera.
»-Sí, hijo, que no te vayan a echar de La Arboleda por escándalo.
«Muchas de las horas del pueblo están marcadas por los estampidos de los barrenos de las minas.
»Gritan mujeres y don Juan y yo salimos a la plaza. Los cuerpos de dos mineros son transportados por sus compañeros, dejando un reguero de sangre en el suelo.
»-No llegarán vivos al hospital -dice alguien.
»-Es un mal trabajo, pero ellos tampoco ponen el debido cuidado dice don Juan.
«Le quito a Teresa la escoba de las manos, la cojo del brazo y la llevo escaleras arriba.
»- ¿Qué pasa? ¿Me raptas? ¡Qué bien!
»En el cuartito están reunidos los del comité socialista de La Arboleda con Facundo Perezagua. Entro con Teresa y pregunto con la mirada a Eduardo Varela, y él con otra mirada me dice que está bien. Siento a Teresa en una silla junto a la puerta.
»- ¿Pero…? -dice Teresa.
»La hago callar con un gesto. Perezagua, que estaba hablando, también calla para mirarnos a Teresa y a mí, sobre todo a Teresa, y ahora sigue:
»-…Bueno, y así está la cosa, compañeros. Se suceden los gobiernos y ninguna de las medidas que toman logra frenar la subida de los precios. Los bolsillos de la clase trabajadora no pueden soportar semejante sangría y el ciudadano de este país está a punto de explotar… y los socialistas debemos ponernos a la cabeza de este gran movimiento de protesta. Diariamente el Estado monárquico nos da pruebas de su falta de autoridad para controlar la situación… y las víctimas de esta ineficacia son siempre las capas bajas de la sociedad. Pequeñas y medianas huelgas se producen a lo largo y ancho del País Vasco, una de las fuerzas en que ha de apoyarse la gran protesta inminente y generalizada. Y el primer protagonista ha de ser el sindicalismo. ¡Los sindicatos de clase están llamados por la Historia a ser los motores de la revolución! Amigos, lo que está a punto de estallar dejará pequeña a la gran huelga de diciembre que, según Prieto, no pasó de ser una broma, un "paro del Viernes Santo", según sus propias palabras…
»Me inclino para susurrarle a Teresa:
»- ¿Ya te das cuenta?
»- ¿De qué tengo que darme cuenta?
»-De lo que dice.
»- ¿Y qué dice? ¿A mí qué me importa lo que dice?
»Dice ahora Facundo Perezagua:
»-Nuestras actuales buenas relaciones con la CNT fructificarán en acciones conjuntas. Y esta unión de la UGT con la CNT, compañeros, es la mejor demostración de que la clase obrera se unirá en las vísperas de los grandes momentos históricos, y el que se avecina, compañeros, es uno de estos momentos…
»Le toco a Teresa en un hombro.
»- ¿Qué te parece?
»- ¿Qué me parece… el qué?
»-Lo que dice.
»-Me aburro como una ostra y tengo que acabar de limpiar esta casa.
«-Con lo que saco de interina en la escuela, en la Casa del Pueblo y en la pensión de doña Beatriz, ya tengo para comer. Ahora sí que ya no me hacen falta tus paquetes. Sólo me haces falta tú -dice Teresa.
«-No sólo no nos molesta la presencia de esa chica en nuestras reuniones, sino que nos alegra que las mujeres empiecen a mostrar interés en organizarse con nosotros -dice José Pérez.
»- ¿Ella se lo pidió, don Manuel? -dice Eduardo Varela.
»-Bueno, no… No precisamente… Ya sabe cómo son estas cosas…, hay que empezar para que aparezca el interés.
»- ¿Y ahora le nota usted interés?
»-Acabará comprendiendo que le corresponde estar junto a ustedes.
»-Es curioso que sea usted el que lo diga.
»-Ella pertenece a las minas y aún no lo sabe. Ha de tomar conciencia de…
»- ¿Acepta usted el socialismo hasta ese punto, don Manuel?
»-No se trata de eso…
«-Los pobres nos tenemos que ayudar unos a otros, sí, señor. Si fuera así, mejor andaría el mundo. ¿Tenía yo necesidad de ayudar a esa chica? ¡No! Hasta hoy, gracias a Dios, me he valido por mí misma, con mis propias manos he sacado mi pensión adelante y creo que me quedan fuerzas para tirar algún año más. Pero usted me habla de esa chica y yo le digo: "Tráigala", y la cojo de interina (dos horas diarias, a veinte céntimos la hora) y me quedo pero que muy ancha sabiendo que ella necesitaba el trabajo más que otra para no volver a las andadas (¡lo que usted hace por ella, don Manuel, sólo lo haría un santo!), porque a mí, de momento, no me hacía falta ninguna interina, pero era cuestión de salvar a esa loca de la perdición, ¡y se hace y ya está!, sin esperar un agradecimiento, ni de ella ni de nadie, y usted tampoco lo espere, como no sean disgustos y malas sospechas, que a ver por qué la Beatriz la mete en su casa, ¡lo que no pensarán algunos!, y usted tampoco vaya tranquilo por la vida, don Manuel, porque ya he oído cosas y yo he tenido que defenderle de las malas lenguas, que si el maestro anda detrás de la Teresa y la quiere para sí solo y por eso busca retirarla del asunto… -dice doña Beatriz.