VIl Delia, verano 1943
Si a mí me dijeran que ella lo quiere todavía… Pero qué lo va a querer, con esa barriga y medio pelado. El doctor Garófalo, quién se los toca… Pero se casó con un médico, la vieja revienta de chocha que la nena se casó con un médico, nunca se imaginó que Laurita iba a tener tanta suerte, de casarse con un médico. A cada rato por el tapial del fondo que «una Caza de aceite», que «tres papas para el caldo», que «una cebolla», y devolverla el año verde. Muy lindo cuerpo, Laurita, siempre, pero de cara regular, y ni bien tenga el primer chico se va a poner gorda que va a dar asco. Los toldos le pidieron prestados a Mita, para tapar los vidrios del jol todos desparejos y que no entrara ese reflejo del sol que no se puede estar mientras daban el almuerzo después del civil. Un sábado, qué lástima. Gimo a las ocho los empleados de Banco salen todas las tardes, ya cuando en el paseo no hay nadie, claro que los sábados a las tres ya salen y a las seis me cruzo a la tienda por el paseo y se ve que están en el bar, el único día. El peinado alto hace muy mayor y yo quería hacérmelo, a la Choli le quedaba bien, toda la tarde con los rulos atados perderme el paseo del sábado por el casamiento de esa suertuda. Pobre turco, Yamil es un pedazo de pati, Mita dice que no lo deje escapar. En la farmacia la ve siempre Yamil, y «qué señora más fina», la tiene con eso, «la mejor vecina que podías tener», claro que mejor vecina que Laurita es, y cuando el lío a la única que quiso pedir consejo el turco fue a Mita. «Si usted Yamil la quire a la chica hágales frente, dígales que la religión está para aliviar y no para hacer desgraciada a la gente, que la conoció a Delia, una chica buena y la quiere y ahora ya no se puede conformar a perderla, y san-se-acabó.» Viejos turcos roñosos, una turca como el hijo no sé qué le iba a enseñar de lo que es tener su casa limpia. Pero si el turco la viera a Mita la boca sucia que está en la casa… Una fuente llena de canelones tan ricos, los hace con salsa blanca, el relleno de carne caro recaro. La muchacha lo trae que se quema las manos, la cazuela recién sacada del horno, por más repasador que le ponga el calor le pasa y viene a todo lo que da desde la cocina hasta el comedor en la otra punta de la casa, gente que coma caro como en lo de Mita… una vez también canelones rellenos de verduras pero no le gustan a Berto, si no es de carne nada, comer de masticar bien que se hundan los dientes en un colchón de carne, no como comer siempre puchero de carne tan blandita o milanesas cortadas finitas, la eterna historia en casa, mamá y papá, papá medio lleno de café y vasos de agua en el bar, el turco no se llenaría con pucheros, en el hotel ¡cómo traga! y se llena bien el buche, qué feo ese cinto sanjuanino. De allá toda la ropa es fea, mejor la de Vallejos por el diablo. Va a engordar más cada vez, es fea esa barriga, López no tenía nada, comiendo así hasta llenarse no hay modo de parar la gordura. En el hotel tarifa fija, coma lo que coma. Los empleados de Banco tampoco hacen ejercicios, pero López en el hotel no engordó, en la casa ahora menos con la guacha. Haciéndose la nena con el cuellito de puntilla, semejante grandota. Sin cintura, piernas de maceta, y voz de pava. Menor que López no debe ser, yo nueve años, él tenía veintiséis y yo diecisiete. El turco tiene veinticinco y yo veintiuno. Turco agrimensor narigueta, todo peludo, panzón, ojos de huevos fritos, si lo quiero será por lo bueno. Bueno y sonso, no, se hace el sonso, pero estoy segura que con la de Antúnez no fue sonso. Sonso con las vivas, vivo con las sonsas López vivo con las vivas, sonso con la sonsa de mujer que se trajo. Laurita viva con un médico, los más vivos son los médicos, pero el doctor Garófalo tiene más cara de sonso que el almacenero más sonso. Con marido almacenero echar mano a la fruta seca y me le abriría latas de duraznos al natural, y agarrar todo para hacer la paella como Mita, con berberechos en frascos, y pulpitos, lo que tenía que hacer era ese día llegar cuando estaban por la mitad del almuerzo y seguro que me iban a hacer probar, porque hacen en cantidad, la sirvienta ya se separa antes unos platones, el doble que en casa, y de lo que sobra de la mesa todavía se puede comer otro plato, y no me di cuenta de ir, en la luna pensando en López a lo mejor, no, en él que piense su abuela, ya no me acuerdo de él, cachivache de mujer que se fue a traer. Si con un peso no alcanza para las compras… hoy no me paso de un peso, un poco de verduras, la ensalada, hueso para el caldo, cabellos de ángel todavía tengo, y un poco de picadillo para albóndigas, papá come una, mamá tres y yo tres. Cincuenta de picadillo alcanza. A la madre de Laurita si de un saque le hiciera devolver las pedigüeñadas de los días del barullo antes del casamiento «ay, perdóname, Delita, no tengo cabeza para nada en estos días» me saldría la cena gratis, un peso, con 30 centavos que le agrego ya estaba el 1,30 del par de medias, ¡Un par por mes! Y de las doce no quedó nada si no estaría mejor la cena, a lo mejor con un poco de fruta, la uva todavía está cara. Aunque la foto tuve que sacármela, los viejos turcos querían la foto, ya que se vieron perdidos se hacen los simpáticos, qué roñosos. «Señor y señora Mansur: me atrevo a dirigirles estas líneas porque quiero mucho a Yamil y no puedo seguir viéndolo entristecido y sin fuerzas para nada. Sé que ustedes se oponen a un casamiento con alguien de otra religión, pero yo nada puedo hacer en este sentido, he nacido católica y aunque abrazara otra religión en el fondo seguiría sintiendo lo mismo, la fe cristiana. Para esposa de Yamil no querría usted seguramente a una mujer que empieza su vida matrimonial por un acto de hipocresía. Por eso quiero aclararles bien mi posición, esperando que pronto se llegue a una solución, aunque me sea adversa. Yamil no puede estar a merced de nuestro capricho ni un día más, él no se merece que nadie juegue con sus sentimientos». Esa carta de Mita convencía a cualquiera, yo la pasé bien toda con mi letra, pero la letra de Mita no se entiende, parece letra de médico. «Además les ruego que consideren con sinceridad esta cuestión: Yamil no ha sentido nunca profundamente la religión musulmana y estoy segura de que le sería indiferente bautizarse cristiano, para poder casarse por iglesia. Y es indudable que nada le favorecería tanto en su carrera en el Ministerio.» Si los viejos no aflojaban ¿quién quedaba en Vallejos de marido? Basta con los del Banco, por uno que se casa con una chica de acá, veinte no. Sam-pietro, Burgos, Nastroni, García, todos se casaron con las de sus pueblos, los desgraciados, acá ninguna es bastante para ellos y después cuando se aparecen después de la luna de miel con la mujer, resultan cada porquería de no creer, acá se meten con las más jovencitas, después se aparecen con un mancarrón… La peor la de López, y cómo se creyó mamá la mentira, que él ya tenía un hijo en su pueblo, y que tenía que casarse con esa mujer, mamá dice ahora que no le creyó, «yo no le creí, nena, pero qué ibas a hacer con un hombre que no te quería?», y eso es lo peor y después menos mal que apareció el turco. Ahora ya sé, lo peor es dejar que me pongan las manos abajo del cinturón y arriba de la rodilla, después en el cuello y la cara y los brazos no hace nada, o las piernas de la rodilla para abajo. Si no, es fácil perder la cabeza, basta una vez para saber lo que son ellos. Una buena fuente de ravioles me comería esta noche, ravioles amasados con rellenos de sesos y espinaca, bien espolvoreados con un buen puñado de queso rallado. Así la barriga se llena de veras, y dos vasos de vino y lavar los platos ya que me estoy durmiendo y después me tiro en la cama con el estómago pesado y en babia, a los dos minutos estoy roncando. Después que se iba López me quedaba sola en babia otro rato en el zaguán, las once de la noche, y derecho a la cama que a los dos minutos estaba roncando. Más de un peso gastar para la cena, tres gatos que somos, es demasiado, este mes con el gasto de la foto. La librería de porquería, grande de gusto, con el local nuevo de librería más que hay en Vallejos, vacía siempre, un alma no entra, mamá todo el día plantada detrás del mostrador, ya se podría quedar en casa. El vestido para el casamiento de Estela el mes que viene, si no era a la fuerza… y me queda para los bailes del club, un lindo vestido de tafetán. Que no se enfríe el turco. Según Mita una suerte bárbara encontrar al turco, y ella no es que sepa lo de López, a no ser que mamá le haya contado, pero a lo mejor mamá le pidió consejo de cómo se daban las puntadas, a lo mejor creyó que Mita farmacéutica sabía dar las puntadas, porque Mita parece que supiera porque me dice que tuve tanta suerte de encontrar a Yamil, porque es tan bueno y nada nervioso, según ella la belleza no tiene importancia para nada, lo principal es el buen carácter. «Yamil es un pedazo de pan», dice siempre, pero el pedazo de pan cuando empieza con las manos a tocarme tan fuerte hay que ver qué feo que es eso, no sabe acariciar nada, pero antes sabía menos. Yo lo acaricio. «Acaricíame como yo te acaricio a vos», y ahora acaricia mejor. Yo lo acaricio como me acariciaba López. El tafetán es mas suave que la taffeta, es mezcla de rayón y taffeta, me lo hago bien ajustado, el de Estela me lo probé el año pasado y es un roce fresquito como de seda y cuesta menos que la taffeta; al cruzar la pierna la pollera roza hasta arriba, de la cadera hasta la rodilla, ningún hombre tiene la mano larga que abarque desde la rodilla hasta la cadera, lo que no hay que hacer es dejar que ponga la mano arriba de la rodilla y abajo del cinturón, la mano que sube, por debajo de la pollera, qué sonsa es una de más chica. Que no crece el Toto siempre quejándose Mita «mocoso de mierda, ¿por qué no creces» le decía en la cara