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XI Cobito, primavera 1946

Hay que darles a muerte a estos hijos de puta, ni uno se va a escapar cuando lleguen a la ratonera, el garaje maldito infectado de malhechores, en la vereda caerán y no van a tener tiempo de esconderse detrás del kiosco, turros degenerados, van a aprender lo que es traicionar a Joe el implacable, un balazo en una gamba (a sí no caminan más), otro en la mano (así largan la pistola) y ya están indefensos, no tuvieron tiempo de levantar la persiana y meterse en la ratonera: ellos ya se creían a salvo, en los pasadizos del garaje de la banda, el ratón adentro del queso, un queso de una cuadra de largo, lleno de agujeros, por todos lados de adentro y de afuera la cascara impenetrable, pero cagaron que aquí el único impenetrable es Joe, y cuando me les acerque a los cobardes los escupo en la cara, dos cachetazos a cada uno, de revés se las doy con todo, y con la palma peor, turro, ¿no saben acaso que mis callos están endurecidos de apretar el gatillo? y ahí van a quedar frente a mí los judas de mi banda, que no tiene nada que ver con judío, israelita, a ver qué decido con sus miserables vidas. Pero es larga la espera, voy a estar mirando por la ventana hasta las nueve y media de la noche? el kiosco abandonando en la vereda y nada más ¿quién va a pasar frente a este colegio podrido? el domingo hasta los lustrabotas se las pican y dejan el kiosco, las latas abiertas de betún más seco que yo y los cepillos todo tirado adentro, son libres, no tienen que aguantarse al celador, y si salieron todos los pupilos y me quedé solo no me importa un corno, con los zapatos sin lustrar y el celador el viernes antes de entrar a clase «Aja, ¿no? con los zapatos sin lustrar… y malas contestaciones» el turro,, y derecho a la lista negra del domingo sin salida, pero a las nueve y media y medio minuto cuando lleguen de vuelta Ios traidores, un tiro a las patas y desarmados, una patada en la panza y con la boca sangrando que besen el asfalto del callejón de Chicago, y otra patada más directa al estómago hasta que larguen el secreto de la persiana y todo lo que comieron a las doce en lo de los parientes, seguro que encima del almuerzo a la tarde alguno se fue al bar lácteo, a la tarde ¿qué habrán pedido? el helado con banana triple porción, servido en un solo plato, para un solo tipo, meta cucharada para adentro el turro y de una sola patada se lo hago largar, je je, Joe va a entrar al garaje ni bien le larguen el secreto de la persiana herméticamente cerrada que se abre pisando la baldosa clave del callejón. Y entro, mientras los judas se revuelcan en agonía, qué jodones, ¿no? con parientes en Buenos Aires y se van a llenar el buche los domingos y traicionaron a Joe, quien entrando a la madriguera se estudia bien los pasadizos y ¡carajo!… de haber sabido que había una salida abierta en el corredor de las aulas de dibujo no se nos escapaba Casals, con las ganas de coger que tengo, me cago en Casals. El crimen perfecto, hay que prepararlo con tiempo, es como un reloj, que funciona sin atrasar nunca, Colombo el calentón quiso agarrarlo ese mismo domingo, el primer domingo de salida (que yo salí, no como hoy) y yo más calentón todavía «¿Casals, volvés para la cena o a última hora?» y el chupamedias se vino a las siete menos cinco, para ponerse primero en la fila para la cena, el primer domingo de salida quiso ser el primero en llegar de vuelta, el primero en todo, en vez de entrar a las nueve y media y medio minuto, no, a las siete el boludo, todavía de día y ya estaba primero en la fila, si yo hoy hubiese salido me volvía último: me pegaba un salto de la verja hasta la planilla, aterrizando con una mano y no me va a poder quitar el turro del celador la planilla, je, je, la rúbrica de Joe el último en llegar el domingo, a las veintiuna y treinta y medio minuto y medio segundo, después del tiroteo dejé hecha mierda la estantería del whisky en la taberna del puerto. Y a las siete menos cinco se viene este boludo teniendo parientes el primer domingo de salida, con el calor y el sol rajando todavía, a meterse en el comedor, el administrador desgraciado con lo que cobran en este colé hijo de puta a terminar de amargarle el domingo a los muchachos sin parientes con esa mierda fría, que era fiambre toda grasa, Colombo me guiña el ojo y al terminar el petiso Casals mirando al aire sin hablar con nadie ¿en que pensás, Casals? «en nada» con la voz de violín desafinado, estás medio llorando, Casals ¿no te gusta la comida? «¿acaso a vos te gusta?» ¿por qué no vamos a tocar un poco el piano, Casals? «¿adonde?» el petiso, y la idea de Colombo «en la sala de música, del segundo piso del edificio viejo» y el petiso «pero ahí están las aulas de dibujo y las de química» y Colombo «y al fondo de todo una sala de música ¿nunca la viste?» y a Casals se le fueron las lágrimas al carajo y subió más rápido que nosotros la escalera al 2° y entre el 2° y el ler. piso ya se volvía porque no había ninguna sala de música: Colombo del lado de la pared y yo contra la baranda le cerramos el paso. Y ya nos adivinó el pensamiento el petiso de mierda, y de un salto ya estaba de nuevo en el 2° pero Colombo le había agarrado una punta del saco a tajitos. Jol tenía a su víctima encerrada y le ordenó ¡soltá! al lugarteniente ¡no hagas fuego! que este vil gusano por más que corra no tiene salida: todos los agujeros de la madriguera están bloqueados, y los gatos se van a morfar al ratón… y cuál será el cabrón que dejó abierta la puerta del salón grande de dibujo con los jarrones para dibu|ar y la fruta falsa (te presento mi banana) y se metió el petiso y de ahí al otro salón más chico con los yesos de las columnas dóricas (agárrame la columna) y Colombo como una liebre detrás esta vez lo alcanzó, se le prendió de un brazo y me lo tenía sujeto que no se escapara: después del salón más chico no hay otro, una pared con las columnas en la repisa, otra pared con el pizarrón, otra con las ventanas y no hay salida: y Joe que venía abriéndose la bragueta por fin le echó mano al miserable, y la puta que lo parió el salto que dio y por esa sola puerta rajó al primer salón de los jarrones y el error de Joe no se repetirá más, cuando entre en un garito detrás siempre va a darle dos vueltas de llave a la cerradura, y Colombo «¿por qué no lo corres?» ¡déjalo, que se vaya a la mierda!, porque por la puerta abierta se escapó el petiso y de ahí a la sala grande y de ahí al primer piso, y de ahí a la planta baja hasta que no vino la hora de dormir no se apartó dos pasos del celador de turno. ¡Y mañana lunes! Botánica, Matemáticas, Castellano y Geografía, cuatro unos me encajan y ma qué me importa si total voy a diciembre con las cuatro, y media en bolas se viene la de Geografía en diciembre a tomar examen con las piernas cruzadas ¿quiere que la apantalle, señorita? que te vi hasta, el apellido en el banco de la primera fila. ¿Qué le costaba a Casals dejarme el banco de la primera fila? un día solo me dejó el banco para la lección de Geografía, el banco pegado al escritorio de la profesora, total pueden tomar prueba escrita cualquier día que el petiso Casals sabe todo y no tiene necesidad de copiarse delante del escritorio: el ojo de la profesora le lee hasta los piojos que tiene en la cabeza el petiso, ni Al Capone sería capaz de copiarse en ese banco. Y a la tarde Ejercicios Físicos y Música, no se acaba más el año, tres meses más de clase, y ya pronto se empezarán a bañar en Paraná: canta la chicharra en el río, me las pico de casa, me tiro a la sombra pescando en el fresco y si me quedo dormido con la caña en la mano después no puedo abrir ios ojos pegoteados de lagañas si la sombra se corre y sigo de apoliyo al sol, como una vez un pibe que se murió insolado pero a mí no me hace nada, nada más que me cuesta abrir los ojos entre el calor y las lagañas, hay luz fuerte hasta las nueve de la noche en Paraná, a la hora que el viejo cerraba el negocio, no había gastos de luz, pero ahora quedó mi hermano «un mes más de gastos de internado por no eximirte, en las vacaciones por lo menos me ahorrarás el chico de los mandados», Colombo se va al campo, Casals a su pueblo, no piensan más que en las vacaciones levantarse tarde, con el cole todo el año a las siete, total en este bimestre ya cagué, pero en el que queda todavía me pueden recagar a marzo, en vez de diciembre, aunque Colombo no venga yo mañana voy lo mismo a la lavandería en la hora de descanso, ¿qué gana jugando al básquet con la chica derretida? con el calor las lavanderas tetudas lavando se quedan en combinación, de la ventana del fondo, dale a fregar las camisetas, dale, más fuerte, que se te saltan, dale que tenés que sacarle las manchas al pañuelo, dale fuerte, que se te salta una teta de la cincha, y te echo un lechazo que si te lo doy en un ojo te lo tapono. «Me debilito», boludo Colombo, a derretirse corriendo detrás de la pelota, una buena mina en pelotas me vendría bien después del baño, en vez de ir a Estudio, mañana a esta hora en Estudio, y a esta hora y hasta la madrugada las lavanderas andarán sueltas, ya medio de noche brotan las putas como la yerba mala, por los faroles del puerto. La gorda dientuda, lavandera de mierda, gorda peronista del carajo, gorda mía, vení que estoy solo, todo el parque del colegio está abandonado hoy domingo, yo le doy charla al celador y vos te metes por la puertita de la verja y me esperas despanzarrada detrás de las casuarinas, gorda del carajo, sirvienta podrida, con esos zapatos mochos se viene hasta con delantal, qué calor por la calle me cago antes de ir con ella, nadie, nadie quedó este domingo, se las han picado todos a morfar con los parientes, Casals a la cabeza, y no volvió más los domingos hasta última hora, pero Colombo y el paraguayo Wagger, judas de mierda, ¿de qué se las tiran sin parientes? a las siete como moscas van a caer al reparto de mierda frita enfriada, y a medio kilómetro del celador por más que grite la gorda lavandera el celador no la va a oír, detrás de las casuarinas, las patadas en el culo si chilla y le pellizco una teta hasta que se calle, a Casals tendríamos que haberlo llevado detrás de las casuarinas. Las seis y cuarto, el paraguayo quién sabe pero Colombo seguro que anda sin guita ¿de qué se las tira? mirando el partido de billar en el bar de la estación, el pueblo podrido de Merlo sin comercio ni un corno. Disimulando se lo digo «Colombo, ¿por qué no venís en las vacaciones conmigo a Paraná?» mi vieja me mata si lo llevo y Colombo «no, yo me la paso bien en La Pampa, los tres meses en el campo», «pero venite a Paraná que pescamos todo el día», macanas, y el turro se queda callado