Выбрать главу

– No; dejo que el jefe me la meta para prosperar y ganar más dinero. La única forma de que Tsai Bing y yo podamos estar junto sería largarnos de Da Shui, y para eso se necesita dinero. Un par de noches con un extranjero es un precio bajo por toda una vida. -Siang se secó una lágrima. La dureza que quería mostrar era tan endeble como una lámina de oro. El precio parecía muy alto.

La mañana fue pasando y la temperatura de la nave industrial muy pronto llegó a os cuarenta grados. Las conversaciones se iban apagando conforme el calor y la humedad consumían la última energía de mujeres que ha habían trabajado más de 56 horas durante la semana. Hu-lan agradeció el silencio de voces humanas. Había preguntado lo que había podido sin llamar demasiado la atención. Cacahuete estaba intrigada por su presencia en la fábrica, lo cual le advirtió que estaba a punto de delatarse. Tampoco podía continuar la conversación con Siang. La chica se había encerrado en sí misma, con la cabeza agachada y los hombros hundidos, excepto cuando Aarón Rodgers pasaba revista y ella le dedicaba una sonrisa falsa.

Hu-lan, con las manos vendadas, el estómago revuelto, dolor de espalda y la cabeza pesada por el calor y el ruido de las máquinas, se obligó a concentrarse en el enigma de Ling Miao-shan. La tarde anterior Guy In no había mencionado nada de una huelga.

¿Le habría ocultado esa información? ¿La idea había sido de ella sola? ¿Habría seguido adelante, organizando, engatusando, asustando a sus compañeras para que la siguieran sin ayuda del exterior? Y si alguien la había ayudado, ¿quién era y por qué? Tal vez ese alguien, que conociendo a Miao-shan tenía que ser un hombre, la había utilizado para provocar malestar por algún motivo.

Mientras Hu-lan iba dando vueltas a estos pensamientos, volvía una y otra vez a la promiscuidad de Miao-shan. Para utilizar las groseras palabras del capitán de la Seguridad Pública local, parecía cierto que la chica se hubiera abierto de piernas a cualquier hombre que se le cruzara. Desde tiempos inmemoriales existían mujeres que utilizaban el sexo como método de supervivencia, como instrumento para conseguir lo que querían, como medio par aun fin. Pero también desde tiempos inmemoriales existían mujeres a las que se utilizaba y se abandonaba cuando pedían la novedad, la salud o la juventud. ¿Miao-shan era la manipuladora o la manipulada?

La primera obligación de David era hablar con Randall Craig, de modo que a las siete llamó a la telefonista del hotel para que le pusiera con la habitación de Randall, pero ésta le contestó que el señor Craig se había registrado bien entrada la noche y había solicitado que no se le pasaran llamadas. A las ocho volvió a intentarlo, Randall descolgó al momento y David le propuso que desayunaran juntos. Al cabo de diez minutos estaba en la espaciosa suite de Randall con vistas a la carretera de Xinjian Sur. David tenía el deber de explicarle los problemas que pudieran afectar a Tartan Incorporated, pero al mismo tiempo debía proteger a su otro cliente, Sun Gao. Si creía que Sun era inocente -y por la simplicidad del código cabía esa posibilidad- tendría que intentar con todas sus fuerzas descubrir la verdad para ayudar al gobernador.

Cuando llegó el desayuno, David ya había expuesto su preocupación por la venta, subrayando los supuestos peligros en la fábrica, el trabajo infantil, y sin mencionar nombres, la posibilidad de que se hubieran producido sobornos.

Randall Craig le escuchó sin inmutarse, tomando sorbos de café y mordisqueando un cruasán.

– ¿Por qué no aparece en los informes? -preguntó Randall cuando David terminó.

– No lo sé.

– Verás, las diligencias previas las hizo tu antecesor. Voy a ajustarme a los informes de Keith.

– No son correctos. Si esta información, o parte de ella, sale a la luz, Tartan se verá expuesta a varias demandas, por no hablar de procedimientos penales.

– Vayamos primero al asunto del soborno. Supongo que piensas que el viejo Knight es el que paga. ¿A quién?

– No lo sé. -No era exactamente una mentira, pero bastaba para proteger a su cliente.

– ¿Hay algún peligro de que se sepa antes de la venta?

– Una periodista americana sigue la historia.

Randall suspiró.

– Pearl Jenner, supongo. ¿Has hablado con ella?

– Anoche.

– Cuando me registré, ya me había dejado una docena de mensajes. Hace tiempo que va husmeando pero todavía no ha encontrado nada concreto. ¿Qué te dijo? ¿Tiene algún nombre relacionado con el soborno?

David se dio cuenta de que a Randall se le había escapado una información importante: incluso antes de que entrara en la habitación, Craig ya estaba al corriente de que había problemas y sabía que una periodista estaba en Taiyuan para cubrir la información de la venta. David, cuya intuición ya estaba funcionando a toda máquina, dio un respingo.

– No tiene ningún nombre, es posible que ni siquiera sepa nada del soborno, pero se ha enterado de algunos problemas…

– Tal como lo explicaba Keith, no seríamos responsables de ninguna irregularidad anterior, sino sólo de las que se produjeran de ahora en adelante.

David se inclinó.

– Creo que los Knight mintieron en las declaraciones -dijo con tono confidencial.

– ¿Sobre el soborno?

– Sobre el trabajo infantil, las condiciones laborales…

– Mi postura es que no sé nada de todo eso.

– Pero lo sabes.

– ¿Y cómo va a saberlo el gobierno?

– Tengo que denunciarlo a la Comisión de Valores y Cambios.

– Podrías hacerlo -reconoció Randall-, pero ¿qué sentido tiene? Es mejor dejar que la venta se realice tal como está. Los accionistas de Tartan estarán contentos. Los accionistas de Knight también deberían estarlo. Lo hecho, hecho está. Dejemos que el viejo se jubile con elegancia.

– Creo que hay que denunciarlo.

– ¿Sabes lo que le pasaría a un tipo como Henry Knight? Tal vez pagaría una multa, pero también podría ser que los federales le enviaran a una prisión de lujo. Estaría en buena compañía durante unos meses y después volvería a ser un jubilado. Pero, entretanto, le habrías hecho daño a su hijo, y contamos con Doug para la continuidad.

– ¿Y yo qué?

– ¿A qué te refieres?

– Tengo la obligación legal de cumplimentar los documentos correctamente. Si no lo hago, estoy dejando que mi bufete pueda ser demandado.

– Haz lo que tengas que hacer, pero piensa una cosa: te quedarás con la conciencia tranquila a expensas de causar estragos en la vida de muchas personas. ¿Y para qué? Cuando el viejo Knight esté fuera de juego, nos ocuparemos de los problemas internos de la empresa,.

El tono de Randall sonaba sospechosamente práctico. David sintió la necesidad de recordarle que los delitos de Knight podrían resucitar para perseguir a Tartan.

– Mi tarea es realizar las diligencias pertinentes para…

– No, eso era asunto de Keith Baxter y lo hizo exactamente como queríamos. Tu tarea es asegurar que el contrato de compra se firme el domingo. No hay más que decir.

– ¿Y si las mujeres heridas lo denuncian?

Randall Craig se encogió de hombros.

– A veces hay puntitos en la pantalla del radar, pero nunca llegan a nada. Dicho de otra forma, tenemos cinco fábricas en Shenzhen y alrededores y nunca ha habido problemas.

– Las leyes chinas están cambiando.

– No lo bastante rápido. Además ¿a quién iba a creer un juez chino? ¿A un par de campesinas o a una gran empresa americana queda trabajo a miles de hombres y mujeres, que ha sido la artífice de la prosperidad de varias provincias y que cuenta con el apoyo de altos cargos del gobierno?

– Un tribunal podría tener otra opinión si existen documentos que confirman lo que dicen las mujeres.

Randall pestañeó.

– ¿Qué documentos?