Horrorizado, Patrik volvió a pensar en lo desmejorado que estaba. Aquel hombre parecía demasiado enfermo para estar en casa. Debería estar en un hospital; aunque eso no era asunto suyo y, después de todo, tenían un médico en casa.
Patrik y Gösta se sentaron en la cama con mucho cuidado. Stig hizo una mueca al notar el balanceo y Patrik se apresuró a disculparse, temeroso de haberle hecho daño, pero Stig lo tranquilizó con un gesto de la mano.
Patrik carraspeó un poco y luego comenzó:
– Ante todo, quisiera presentarle mis condolencias por la muerte de su nieta.
Una vez más, se le escapó aquel tono excesivamente formal que tanto detestaba.
Stig cerró los ojos, como reuniendo fuerzas para responder. Parecía luchar por dominar los sentimientos que el pésame había desatado en él.
– Bueno, desde un punto de vista puramente técnico, Sara no era mi nieta. Su abuelo, el padre de Charlotte, murió hace ocho años. Pero en mi corazón sí lo era. La he visto crecer desde que era un bebé hasta…, hasta el final -balbuceó conmovido.
Luego volvió a cerrar los ojos, pero cuando los abrió de nuevo, parecía haber recobrado cierto sosiego.
– Hemos estado hablando con los demás miembros de la familia para averiguar qué ocurrió aquella mañana y me pregunto si usted oyó algo especial. Por ejemplo, ¿sabe a qué hora salió Sara de casa?
Stig negó con la cabeza.
– Tomo unos somníferos muy fuertes y no suelo despertar antes de las diez. Para entonces…, ella ya se había marchado.
Una vez más, cerró los ojos.
– Cuando le preguntamos a su mujer si había alguien que pudiera querer dañar a Sara, mencionó a Kaj Wiberg, su vecino. ¿Comparte usted su opinión?
– ¿Ha dicho Lilian que Kaj mató a Sara? -Stig preguntó sin dar crédito.
– No exactamente, pero insinuó que su vecino podía tener motivos para desearles la desgracia.
Stig dejó escapar un largo suspiro.
– Ya, bueno, yo jamás he comprendido qué les pasa a esos dos. Los enfrentamientos comenzaron antes de que yo apareciera, antes de que muriese Lennart. Si he de ser sincero, no sé quién tiró la primera piedra y me atrevería a asegurar que Lilian es tan habilidosa para mantener la disputa como pueda serlo Kaj. Yo he intentado mantenerme al margen en la medida de lo posible, pero no resulta nada fácil. -El hombre meneó la cabeza-. De verdad que no comprendo por qué lo hacen. Yo conozco a mi esposa como una mujer cálida y bondadosa, pero, tratándose de Kaj y de su familia, parece estar ciega. ¿Saben?, a veces creo que tanto ella como Kaj disfrutan de todo esto, que viven por y para esas disputas. Ya sé que suena absurdo. ¿Por qué iba uno a andar así, como ellos, por voluntad propia, con tantos juicios y demás? Por si fuera poco, nos ha costado un montón de dinero. Kaj puede permitírselo, claro, pero nosotros no nadamos en la abundancia, dos jubilados. En fin, no lo entiendo, ¿cómo puede gustarle a alguien estar discutiendo así?
Era una pregunta retórica y Stig no esperaba ninguna respuesta.
– ¿Han llegado a las manos alguna vez? -preguntó Patrik algo tenso.
– ¡No, por Dios! -exclamó Stig con vehemencia-. No están tan locos -añadió riendo.
Patrik y Gösta intercambiaron una mirada elocuente.
– Pero sí que oyó a Kaj venir esta mañana a su casa.
– Sí, desde luego, no me quedó otro remedio que oírlo -aseguró Stig-. Con el jaleo que armaron en la cocina. Y Kaj no dejaba de vociferar y de insistir. Pero Lilian lo despachó con el rabo entre las piernas -advirtió mirando a Patrik-. La verdad, no comprendo de qué pasta están hechas algunas personas. Quiero decir que, a pesar de las desavenencias que hayan tenido, Kaj podría mostrar algo de compasión teniendo en cuenta lo que ha ocurrido. Pensando en Sara…
Patrik sólo pudo admitir para sí que, en efecto, la compasión debería haber sido un rasgo dominante en los últimos días, pero, a diferencia de Stig, él no culpaba sólo a Kaj. También Lilian hacía gala de una absoluta falta de respeto por la situación. Una horrible sospecha empezaba a cobrar forma en su cabeza. Y con la idea de confirmarla, siguió preguntando.
– ¿Vio a Lilian después de que Kaj se hubiese ido?
Patrik contuvo la respiración.
– Claro -respondió Stig, que parecía extrañado por la pregunta-. Subió a traerme un té y a contarme lo insolente que había sido Kaj con ella.
Patrik empezaba a comprender por qué Lilian pareció ponerse nerviosa al oír que pensaban hablar con Stig. La mujer comprendió que había cometido un error táctico al no contar con su marido.
– ¿Le notó algo especial? -siguió indagando Patrik.
– ¿Especial? ¿En qué sentido? Estaba algo alterada, pero no creo que sea de extrañar.
– ¿Nada que indicase que hubiese recibido un golpe en la cara?
– ¿Un golpe en la cara? No, de ninguna manera. ¿Quién dice tal cosa?
Stig parecía desconcertado y Patrik casi sintió pena de él.
– Lilian sostiene que Kaj la agredió cuando estuvo aquí. Y nos ha mostrado algunas lesiones para demostrarlo, en la cara, por ejemplo.
– Pues después de que Kaj se marchase, no tenía ninguna lesión. No lo comprendo…
Stig se movió inquieto en la cama, lo que provocó otra mueca de dolor.
Patrik parecía abatido y miró a Gösta para indicarle que habían terminado.
– Bien, vamos a bajar a tener una charla con su mujer -dijo poniendo todo el cuidado que pudo a la hora de levantarse.
– ¿Pero quién puede haber…?
Dejaron a Stig con su desconcierto mientras Patrik sospechaba que Lilian mantendría una conversación seria con su esposo en cuanto ellos se hubieran marchado. Pero ahora era él quien pensaba mantener una conversación seria con Lilian.
Le hervía la sangre a medida que bajaban las escaleras. No hacía más de tres días del fallecimiento de Sara, y Lilian ya intentaba aprovechar su muerte como arma en una absurda disputa de vecinos. Era tan… insensible que no le entraba en la cabeza. Lo que más lo indignaba era el hecho de que ella hiciese perder a la policía tiempo y recursos cuando lo que urgía era concentrarse en encontrar a la persona que había matado a su propia nieta. El simple hecho de no pensar en esas consecuencias era de tal maldad y necedad que no hallaba palabras para describirlo.
Cuando llegaron a la cocina, comprendieron por la expresión de Lilian que ya había dado la batalla por perdida.
– Stig nos ha facilitado una información bastante interesante -dijo Patrik en tono agorero.
Eva, la amiga de Lilian, los miraba inquisitiva. Con total seguridad, se había tragado la versión de Lilian enterita, pero en pocos minutos tendría ocasión de ver a su amiga a una luz muy distinta.
– No comprendo por qué se han empeñado en molestar a una persona enferma, pero al parecer la policía no tiene el menor miramiento en los tiempos que corren -barbotó Lilian en un intento fallido de retomar el control.
– Bueno, no le hemos causado ninguna molestia -aseguró Gösta.
Éste se sentó tranquilamente en una de las sillas de la cocina, frente a Lilian y Eva, mientras Patrik se sentaba a su lado.
– Ha sido una suerte que hayamos hablado con él también, porque nos dijo algo sorprendente. Tal vez usted pueda darnos una explicación.
Lilian no preguntó cuál era la información, sino que guardó un iracundo silencio hasta que ellos decidiesen proseguir. Fue Gösta quien tomó la palabra de nuevo:
– Dijo que usted estuvo en su habitación después de que Kaj se marchase y que no tenía ninguna lesión ni marcas de que la hubiesen golpeado. ¿Puede explicárnoslo?
– Supongo que tardan un rato en notarse -musitó Lilian en un arrojado esfuerzo por salvar la situación-. Y, además, no quería preocupar a Stig en su estado, como pueden imaginar.
Ellos comprendían eso y más, y Lilian lo sabía.
Patrik tomó el relevo.
– Espero que comprenda la gravedad que reviste una falsa acusación.