Barnaby asintió con un ademán tan contenido como categórico.
Tal como había hecho en los dos casos anteriores, Penelope justificó su visita alegando que el orfanato necesitaba más datos para sus archivos. Luego se volvió hacia la abuela de Horry, quien, tan perspicaz como su nieto, había reparado en la mirada cruzada por Penelope y Barnaby. Una súbita inquietud alteró los rasgos de Mary.
Al verlo, Penelope le tocó la mano y le dijo:
– Hay algo que debemos contarle, pero antes permítame asegurarle que nos haremos cargo de Horry cuando llegue el momento.
Mary se tranquilizó un poco.
– Es un buen chico, listo y servicial. Tiene buen carácter, nunca les causará problemas.
– Seguro que no.
Penelope dedicó una sonrisa a Horry, quien, al notar el cambio en el ambiente, se había acercado sigilosamente a su abuela hasta acabar apoyado en el brazo de ésta, sentada en su silla y cogido a su huesudo hombro. Mary le dio unas palmadas en la mano. Mirando otra vez a Mary a los ojos, Penelope dijo: -Horry es exactamente el tipo de candidato que busca el orfanato. Por desgracia, hay otros hombres en el barrio que también quieren a niños como él, niños menudos, delgados y listos. Buenos chicos que harán lo que les ordene.
Comprendiendo, Mary entornó los ojos. Al cabo de un momento dijo:
– Llevo toda mi vida en el East End. Estoy al quite de todos los chanchullos, y creo que me está hablando de una escuela de ladrones.
Penelope asintió.
– Así es.
Pasó a explicarle lo de los cuatro niños desaparecidos y luego le refirió el caso de Jemmie y su madre. La ira resonaba en su voz, cosa que Mary Bushel, con su sagacidad, no pasó por alto. Pero cuando mencionó la posibilidad de que la policía la protegiera a ella y su nieto, Mary no acertó a comprender. Atónita, se quedó mirando de hito en hito a Penelope y luego se volvió hacia Barnaby.
– Diantre… No lo dirá en serio, ¿no? ¿La policía preocupada por gente como nosotros?
Barnaby sostuvo la mirada de sus pálidos ojos azules.
– Me consta que no es algo a lo que estén acostumbrados por aquí, pero… -Hizo una pausa, reparando en que debía decir la verdad. -Piénselo así: esta escuela de ladrones está formando niños para robar; pero ¿en qué casas?
Mary pestañeó.
– Si les enseñan sus malas artes, suele ser porque tienen los ojos puestos en las casas de los encopetados.
– Precisamente. Así que mientras a la señorita Ashford y a mí nos preocupa rescatar a los niños desaparecidos y asegurarnos de que ningún otro se vea arrastrado a una vida criminal, la policía quiere pillar a esos villanos y cerrar la escuela para evitar una serie de robos en Mayfair.
Mary asintió lentamente.
– Ya veo… Ahora me cuadra más.
Y por eso la policía pondrá esta casa bajo vigilancia, tanto para protegerles a usted y su nieto, porque no quieren que ingresen más niños en esa escuela, como para detener a esos villanos cuando vengan por Horry, tal como todo indica que harán. -Barnaby hizo una pausa. -Es raro, lo sé, pero en este caso los intereses de la policía Y los suyos coinciden. Todos deseamos lo mismo: que usted y HORRY estén a salvo Y los villanos entre rejas.
Mary asintió otra vez, pero luego arrugó el ceño Y pareció reflexionar. De pronto miró a Barnaby.
– No sé qué decirle… No sé si puedo confiar mi vida y la de Horry a esos polizontes. -Levantó una mano para impedir cualquier réplica de Barnaby. -Aun así, pueden venir y montar guardia, si quieren. Pero para mi tranquilidad, quiero tener a mi lado gente de fiar.
Cogió la mano que su nieto le tenía puesta en el hombro, se la estrechó y la soltó.
– Ve a la casa de al lado, Horry, a ver si está alguno de los Wills. Diles que me gustaría hablar con ellos.
Horry echó una ojeada a Barnaby y Penelope y acto seguido se marchó presuroso.
Mary miró a Barnaby y Penelope.
– Puede que los hermanos Wills sean rudos y de genio pronto, pero son chicos honrados.
Horry regresó en menos de un minuto seguido por dos hombres musculosos y de facciones oscuras. El niño fue a situarse al lado de su abuela mientras ésta saludaba a los recién llegados inclinando la cabeza.
– Joe, Ned. -A Penelope y Barnaby dijo: -Estos son dos de los hermanos Wills. Son mis vecinos. Joe es el mayor. Son cuatro en total.
Joe Wills, que no quitaba ojo a Barnaby y Penelope, no sabía a qué atenerse.
– Horry nos ha contado no sé qué cuento, Mary. Algo sobre que la bofia quiere parar los pies a unos desgraciados que quieren matarte y raptarlo a él para que robe por ahí.
Joe había comprendido el quid de la cuestión bastante bien. Mary asintió.
– No es ningún cuento, aunque lo parezca. Pero será mejor que te lo cuenten ellos.
Miró a Barnaby y Penelope; los hermanos Wills siguieron su mirada. La joven tomó la palabra.
– Soy del orfanato de Bloomsbury. La señora Bushel nos ha pedido que acojamos a Horry cuando fallezca.
Puntuada por las interjecciones de Mary, Penelope les refirió lo sucedido hasta llegar al asesinato de la señora Carter y la desaparición de Jemmie.
Los dos hermanos se movieron inquietos y cruzaron una torva mirada.
Barnaby retomó el hilo del relato.
– Tal como he explicado a la señora, en este caso la policía tiene verdadero interés en detener a estos villanos. -Una vez más, presentó el interés oficial como una medida para proteger a los «encopetados»; era lo que los Wills entenderían. La comprensión que brilló en sus ojos y su manera de asentir mientras seguían sus explicaciones le dieron a entender que había juzgado correctamente sus prejuicios.
Luego les explicó por qué la policía necesitaba poner bajo estricta vigilancia a Mary y Horry.
– Y tienen que hacerlo aquí mismo, en Black Lion Yard, para atrapar a esos villanos cuando vengan en busca de Horry.
Joe le miraba con dureza.
– ¿Está diciendo que esos canallas igual se presentan aquí y asfixian a Mary con una almohada, para luego largarse con Horry?
Barnaby parpadeó.
– Pues… sí, eso es exactamente lo que pensamos que harán.
Penelope se adelantó hasta el borde mismo de la silla.
– Lo harán porque si Mary fallece Horry quedará huérfano y no habrá nadie que se preocupe por su desaparición. Suponen, y cuentan con ello, que Mary y Horry no tienen amigos, o al menos que no los tienen en la vecindad. Nadie que esté pendiente. -Abrió las palmas de las manos. -Bueno, ¿lo entienden ahora? Una anciana muere en el East End y desaparece un huérfano: ¿quién va a mover un dedo?
Barnaby disimuló una sonrisa de aprobación. Penelope había jugado bien aquella mano: los hermanos Wills estaban indignados.
– Nosotros -gruñó Joe.
– Ya -dijo Barnaby, -pero eso no lo saben los villanos. Por ahora han secuestrado a cinco niños del East End y asesinado al menos a una mujer, y, salvo la señorita Ashford del orfanato, nadie ha dado la voz de alarma.
Joe hizo una mueca.
– Ya, bueno… Aquí no todo el mundo está tan unido como nosotros, -Señaló a Mary con la cabeza. -Para nosotros es como una madre. Nunca permitiríamos que unos canallas le hicieran daño. -Miró a su hermano, que asintió, y volvió a dirigirse a Barnaby. -No necesitamos a la bofia, ya vigilaremos nosotros. Día y noche. Es lo menos que podemos hacer.
Barnaby asintió.
– Gracias. Eso será de gran ayuda. Pero la policía también querrá vigilar. -Echó una ojeada a Mary. -Tal como la señora ha dicho, no tiene nada de malo que ellos también vigilen, pero si usted y sus hermanos están a su lado, la policía puede vigilar desde la calle y concentrarse en cercar a los villanos cuando entren en acción.
– ¿Cree que lo harán pronto? -preguntó Ned. -Entrar en acción, quiero decir.