Lissa puso una suave mano sobre el hombro de Rikki.
– Él salió por la ventana como un profesional. Es rápido y silencioso, y apuesto que muy eficiente, pero está definitivamente en modo de protección. Sería muy útil en tu barco, o en cualquier otro lugar en realidad.
Rikki le lanzó una mirada de agradecimiento.
– Si vamos a quedarnos en esta habitación, todas juntas, tengo que abrir la puerta de la calle. -Había gotas de sudor salpicando su frente y su pecho se sentía ardiendo, como si ya estuviera desesperada por aire. Juró que podía oler humo.
– Abriré la puerta -aseguró Lissa-. Tu siéntate antes de que te caigas. Tal vez Blythe pueda conseguir agua.
Rikki sacudió la cabeza.
– Todas debemos permanecer juntas. -Miró a su alrededor-. ¿Hueles el humo? Mis ojos están ardiendo.
Judith pasó el vaso de agua a Lissa.
– No hay nada de humo, Rikki. Toma la bebida. Te sentirás mucho mejor.
Rikki respiró hondo, tratando de conseguir aire, asustada de estar reviviendo una pesadilla que nunca se iba. Sus pies y pantorrillas ardían, un dolor fuerte que le desgarraba los huesos. Las cicatrices habían parecido un poco menos marcadas, pero ahora dolían como si se formaran de nuevo. Por lo general, le dolían al caminar, la piel tirante resistía el estiramiento. Bajo el agua no tenía problemas, incluso olvidaba las cicatrices hasta que estaba de vuelta en tierra firme.
Su casa había sido deliberadamente diseñada para que desde la puerta de la cocina pudiera mirar directamente hasta la puerta del dormitorio que conducía a la parte trasera de la casa. Había puertas en casi todas las habitaciones que conducían al exterior, una red de seguridad si había un incendio. Había querido aspersores, pero con su afición a las pesadillas y gritando por agua, su casa hubiera sido destruida en los primeros meses de ocupación. Escogió la silla que había colocado en su sala de estar desde donde podía ver cada puerta. La cocina tenía sólo la puerta mosquitera cerrada, por lo que tenía una vista buena del exterior.
– Lissa, abre la puerta delantera y la puerta de atrás del dormitorio, por favor -dijo Blythe. Cuando Rikki empezó a protestar, Blythe puso una mano suave sobre ella-. Estará a la vista todo el tiempo y estará muy a salvo del fuego. Tus puertas mosquiteras son oscuras para que nadie pueda ver dentro pero nosotras podemos ver hacia fuera. Te sentirás mucho más segura con las puertas abiertas. Estaremos todas atentas por si alguien se acerca a la casa.
– Llamaré a Jonas -anunció Airiana, alargando la mano en busca del teléfono.
Rikki negó con la cabeza.
– No. Todavía no. No quiero hablar con él. Estoy demasiada tensa y no sé si podría soportarlo. Deja que Levi vea que hay fuera. Tal vez es mi imaginación. -Se acurrucó en el sillón, subiendo los pies del suelo, frotándose las cicatrices ardientes.
Lissa abrió la puerta del dormitorio trasero y se detuvo para tomar la manta de consuelo de Rikki.
– Toma, cariño.
Rikki no vio como acurrucarla bajo su manta iba a dejar que se sintiera culpable. Debería estar fuera, ayudando a Lev.
– Él no debería estar ahí solo. Está herido, Lissa. Se golpeó la cabeza. Sufrió una conmoción cerebral terrible. Es por eso que le dejé entrar en la casa. Alguien tenía que cuidar de él.
Las mujeres intercambiaron miradas de alivio y Rikki se dió cuenta de que tenía sentido para ellas, que le había traído a casa para cuidar de él.
– Deberías habérnoslo dicho -dijo Blythe suavemente-. Nosotras podríamos haberte ayudado.
– No quería a nadie más en la casa -murmuró ella. Eso tendría sentido para ellas también. Sabían que era muy recelosa de tener a alguien dentro de su casa.
Miró a su alrededor a las caras que la miraban con gran afecto.
– Pensasteis que me estaba utilizando, ¿verdad?
Hubo un silencio incómodo.
– Es magnífico -dijo Blythe-. Cualquier mujer que le echara una mirada caería a sus pies.
– ¿Quieres decir como hicieron Judith y Airiana?-El olor a humo se desvaneció cuando su mente se despejó, liberándola lentamente del agarre de un ataque de pánico. Volvió la mirada hacia el exterior. No estaría cómoda, no podría, con la gente que amaba reunida bajo un mismo techo, por lo que tendría que calmarse con el fin de mantenerlas seguras-.¿O sólo soy yo? No estoy desesperada por un hombre, ya sabéis. Soy bastante feliz aquí sin uno.
– Rikki, nadie te está diciendo que estás desesperada por un hombre -objetó Judith, su voz casi tan dulce como Blythe-. Hay depredadores en este mundo y buscan ciertas características en las mujeres para poder usarlas.
– ¿Ciertos rasgos? -Rikki se enderezó, el olor a humo disipándose por completo cuando su temperamento golpeó-. ¿Exactamente qué estás diciendo? -Miró a todas-. ¿Nadie va a querer estar conmigo porque soy tan diferente? ¿Piensas que no lo sé?
– Eso no es lo que he dicho -respondió Judith-. Tampoco creo que sea cierto.
– Sí, lo haces -dijo Rikki-. Yo lo pienso, ¿por qué tu no? No me importa. Eso es lo importante aquí. Sinceramente no me importa. Soy feliz. Tengo una vida. No me gusta la gente alrededor tocando mis cosas. Usó mis platos esta mañana. No come mantequilla de cacahuete. Cielos. Quiere estar en mi barco.
Blythe se cruzó de brazos y se reclinó en su silla.
– Vamos a pensar en eso.
– No -dijo Rikki-. Tan pronto como se sienta mejor, se irá. Nadie tiene que preocuparse acerca de si realmente voy a estar desesperada por la atención de un hombre para dejarle usarme. -Miró a Judith-. O abusar de mí, si es eso lo que estás insinuando.
Judith se encogió de hombros.
– Puedes enfadarte tanto como quieras conmigo, Rikki, pero si crees que voy a mantenerme alejada y dejar de proteger a mi hermana de un depredador, puedes superarlo. Ese hombre no es un cordero. Tiene dientes y es peligroso. No es una sombra pequeña la que le rodea. Vive con la violencia.
Judith siempre lograba desarmarla con el afecto. Y Rikki no podía negar muy bien que Lev fuera un hombre violento. Le había puesto un cuchillo en la garganta y era un arma andante. Pero sus hermanas le habían dado a ella una oportunidad y ahora ella veía algo en él que, al parecer Judith y Airiana no podían ver. Ella veía más allá de esas sombras algo completamente diferente. Pero ¿cómo podría explicar lo que ella no entendía?
– Sé lo que es, Judith. Tienes que confiar en mí esta vez. Él es mucho más que el escudo en el que se ha envuelto a sí mismo. -Rikki miró a la única persona a la que sabía que tendría que convencer. Judith siempre la sorprendía con su visión de la gente. Ella era calmada, donde Rikki era tormentosa. Elegía sus palabras cuidadosamente, mientras que Rikki a menudo soltaba una respuesta, si se molestaba en ello-. Te estoy pidiendo como un favor personal que le des una oportunidad, Judith.
Judith se sentó delante de Rikki y le tomó las dos manos.
– Dime por qué te sientes tan fuertemente unida a él, cariño. Hazme entender.
Rikki negó con la cabeza.
– No soy como tú. No soy buena con las palabras. Pero le conozco. Le conozco mejor que él mismo. Le veo. No puedo decirte cómo, pero lo hago. Nos necesita. A todas nosotras. Tenemos que ayudarle. Está perdido. Al igual que yo lo estaba.
Las mujeres intercambiaron miradas de desconfianza.
Judith suspiró.
– Tú nunca fuiste violenta, Rikki.
– No sabes eso. No. Tú tenías fe en que yo no había provocado los fuegos, pero ni siquiera yo lo sé con certeza. Tiene sentido. Todos los demás creen que lo hice. Y no pienses que Jonas Harrington no ha tenido sus sospechas sobre mí. Me mira. Lo he visto. Tú me diste la oportunidad cuando no había ninguna razón para ello y te pido que hagas lo mismo por él.