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– Deseo el para siempre. -Él saboreó la palabra-. Nunca había considerado que tendría una oportunidad de un para siempre. Me gusta como suena. Tomaré esto. Para siempre contigo.

Ella lo besó otra vez. Mientras las olas de placer corrían a través de la unión de sus cuerpos, los dedos de Rikka se deslizaron en su pelo y le montó suavemente hasta que ambos estuvieron totalmente agotados. Ella bajó las piernas, poco dispuestas a separarse de él.

– Amo cuando estás dentro de mí. -Su mano le acarició el pecho desnudo. Ella se agachó para capturar una gota de agua que se aferraba a la dura punta de un pezón.

Él acunó la cabeza de Rikki.

– Amo estar dentro de ti.

Recogiendo el champú, él le lavó el sedoso cabello, los dedos masajearon suavemente el cuero cabelludo. Al enjuagar, se tomó su tiempo enjabonándose el cuerpo con su gel de baño, demorándose en todos los lugares que la hacían saltar o temblar de necesidad.

– Podría pasar todo el día aquí contigo -le dijo él, aclarando con esponja el jabón de su piel.

Ella asumió el control. Sus manos eran confiadas ahora, recorriendo su cuerpo con tal ternura, que él lo desgarró por dentro.

– No será tan divertido cuando el agua caliente se enfríe sobre nosotros, que es lo que está a punto de suceder.

Sus manos le acariciaron tiernamente la ingle, resbaladizas por el jabón, lavándolo a fondo antes de enjuagarlo. Él le sonrió abiertamente, la atrapó en sus brazos y la besó otra vez. Se veía tan atractiva, con esos ojos oscuros y el cabello hacia atrás, sus labios ligeramente hinchados por sus recientes besos.

– Tienes razón. El agua se está enfriando. -Cerró la ducha y le dio una toalla antes de secarse él mismo.

Un ave llamó. Otra contestó.

– Vamos a sentarnos en el pórtico trasero y observar el cielo esta noche. Se supone que una pequeña tormenta viene desde el océano hacia tierra firme. Adoro observarlas entrar. No es un gran sistema, pero el cielo siempre es tan grandioso con esas nubes agitadas. Se vuelven más pesadas y oscuras y puedes sentir la lluvia en el aire.

– Alguien está aquí, laskovaya moya -susurró Lev. La apartó suavemente y se puso rápidamente los vaqueros. No podía perder tiempo en mirarla, mojada y despeinada y verla como si hubiera estado haciendo el amor a conciencia. Con los pies desnudos se dirigió al dormitorio y comprobó sus armas.

Rikki le siguió a la puerta de dormitorio y se paró mirándole con diversión, secándose distraídamente con la toalla.

– Sólo mis hermanas me visitan -indicó-. Creo que estás a salvo.

– Prefiero estar seguro -contestó, dirigiéndole una pequeña sonrisa alentadora. Podría sentirse divertida con sus medidas de seguridad, pero estas formaban parte de él y nunca se liberaría del todo de su entrenamiento.

La supervivencia era parte de la razón por la que se había aferrado a ella con ambas manos, entregándose casi completamente antes de darse cuenta de lo que hacía. La supervivencia era el núcleo de quien era, y Rikki representaba la existencia de lo quedaba del original Lev Prakenskii. Ese hombre había sido lentamente consumido por el fantasma que se deslizaba a través del mundo asumiendo nuevas identidades, mudando de piel e identidad en un abrir y cerrar de ojos. Ella no tenía ninguna verdadera noción de su mundo y el peligro que acechaba por aceptarlo en su vida, pero él sabía, que aun si ella conociera todos los riesgos, los aceptaría.

– Me distraes -indicó, acercándose a ella, una mano le acunó el pecho desnudo, mientras se inclinaba para capturar su boca con suya.

Adoraba la sensación de su piel, sedosa y suave como la de un bebé. La forma en que ella temblaba ante su toque. La forma en que sabía. Todo. Todo de ella. Trazó un camino de besos hacia su oreja, mordisqueando, presionando apremiantes besos como alas de mariposa en su barbilla, cuello y de regreso al delicado lóbulo de la oreja.

– Podría comerte por completo, Rikki.

El pezón se endureció en la palma de Lev y él transfirió su atención a su seno, masajeando y tironeando, para luego agacharse para introducir la sedosa carne en su boca. Ella acunó su cabeza junto a sí, sosteniéndolo, mientras los estremecimientos la embargaban, y los pequeños quejidos envolvían a Lev en su música. Él presionó su frente contra la de ella e inhaló, tomando la fragancia femenina en sus pulmones.

– Eres tan hermosa, Rikki.

– En realidad, soy bastante delgada -dijo naturalmente-. No tengo muchas curvas.

Él no pudo menos que sonreír. Ella no buscaba elogios, lo decía literalmente. Él no sólo se había referido a exterior, sino también a su interior.

– Tienes las suficientes para mí. Y trabajaremos en lo de la delgadez. Soy un excelente cocinero. Tú sólo tienes que aprender a comer otra cosa que mantequilla de cacahuete. -Se apartó de ella antes de perderse otra vez-. También eres una terrible distracción.

Le acarició el desnudo culo mientras se deslizaba a su lado y se dirigía a la cocina. El camino de entrada desembocaba en un círculo. Rikki, así como su familia, siempre usaban el aparcamiento de atrás. Había más espacio y el acceso circular corría paralelo a la carretera principal. No encendió las luces, sino que esperó en medio de la oscuridad creciente cuando un coche que reconoció como el de Blythe aparcó al lado de la camioneta de Rikki. Ella se quedó sentada durante un momento, contemplando la casa, obviamente inquieta por algo, antes de abrir su puerta y salir. Tan pronto como vio que estaba sola y que traía comida, salió para ayudarla.

– Blythe, es bueno verte -saludó, quitándole los paquetes-. En realidad puedo cocinar ahora. Claro que aprecio que todas impidáis que me muera de hambre, pero iremos de compras mañana y cocinaré. Haremos un pequeño experimento de ensayo y error, y veremos si podemos encontrar otras cosas que Rikki pueda comer cómodamente.

Blythe lo siguió hacia el porche, pero se detuvo en la puerta.

– Tienes que ir lento con ella, Levi.

Él asintió.

– Estoy aprendiendo eso. Aunque es un viaje que vale la pena. Entra.

Blythe sacudió la cabeza.

– No sé cómo logra aceptarte en su casa, pero está muy afligida cuando entramos nosotras. Apenas si resistió cuando tuvimos que entrar en la casa el otro día.

– Pero no debido a su autismo -dijo Lev-. Teme por tí. Si no detienes esto ahora, se volverá parte de su rutina y perderá la capacidad de tener invitados en su casa. Esto es limitante para ella. Su casa es su asilo. Su refugio. Tiene que sentirse cómoda con su familia en ella. Entra y sólo actúa de forma natural.

Blythe se humedeció los labios con nerviosismo, pero entró en la cocina, mirándolo con ojos especulativos. Lev sabía que su cabello estaba húmedo y la camisa abierta. Ella sabía que él era más que un hombre de paso por la vida de Rikki. Él también sabía que eso la preocupaba. No podía culparla. Las hermanas le habían leído correctamente, pero iba a quedarse. Blythe tendría que aprender que Rikki era su mundo y que estaba segura en sus manos. Puso la comida sobre la mesa y caminó con los pies descalzos por la sala de estar, Blythe lo siguió de mala gana.

– Es Blythe, Rikki. Ha traído comida -llamó.

– Ah, bien. Quería verla -respondió Rikki-. Iba a decirle que gran cazador eres, casi consiguiendo un bacalao gigantesco. -Sonriendo, salió del dormitorio, su pelo estaba despeinado y aún húmedo, sus ojos brillaban con la risa y sus manos todavía se abrochaban la blusa.

La sonrisa desapareció de su rostro en el momento en que vio a su hermana de pie en la sala de estar.

– Ah. -Agitada pasó la mano a través de los mechones mojados de su cabello-. Pensé que me esperarías en el porche.

– Fuera hace un poco de fresco para estar cómodo -dijo Lev suavemente-. Así que le pedí que entrara. Sabía que querrías que permaneciera caliente.