Rikki abrió la boca dos veces para decir algo y la cerró, tragando con fuerza. Su ceño estuvo de vuelta con ambas cejas castañas juntas. Giró en círculo, viéndose indefensa y vulnerable.
Lev le envolvió el brazo alrededor de su cintura y la atrajo hacia él, dejando caer la barbilla sobre su coronilla.
– ¿No estás preocupada por tu acechador, no es así, corazón? Tengo un excelente sistema de alerta. No puede acercarse sigilosamente a nosotros. Tu hermana está segura.
Los dedos de Rikki se agarraron nerviosamente a la camisa de Lev.
– ¿Estás seguro?
– Totalmente -dijo-. Nunca pondría la vida de tu hermana en peligro.
– Él logra herir o matar a todos lo que me importan -dijo ella.
– No esta vez, dulzura. -Laskovaya moya, confía en mí. Empiezo a conocerlo y sus días están contados. No permitiré que te haga daño.
Lev besó su cuello y luego señaló a Blythe una silla.
– Rikki me lanzó un pez hoy. Uno con dientes gigantescos.
Forzó una pequeña sonrisa. Rikki todavía estaba tensa. Definitivamente la estaba empujando hacia su zona de comodidad al tener a Blythe en la casa con ellos. Causalmente cruzó hacia la puerta y la abrió, dejando la mosquitera en su lugar, pero permitiendo que Rikki viera que tenían una clara vía de escape si había un amago de fuego.
– ¿Te lanzó un pez? -Blythe se sentó en una silla con una sonrisa alentadora-. ¿Lo hiciste, Rikki?
Rikki se hundió en su silla favorita y echó un vistazo con inquietud a la puerta de la cocina. Lev amablemente fue a la cocina a abrirla para ella.
– Siempre se queja de mi mantequilla de cacahuete así que pensé que podría echarle una mano con la comida.
– El pez estaba poseído. -Lev continuó con la historia-. Se contoneaba, forcejeaba e intentó arrancarme la pierna, y ella en el agua riéndose.
La risa de Rikki era genuina y la tensión en él se desvaneció.
– Parecía estar haciendo una salvaje danza de la lluvia. Y estaba en apuros, iba a entregar mi barco al pez.
– No es cierto. -Lev no podía apartar los ojos de su rostro. Amaba observar sus expresiones. Quizás nunca había mirado a las personas antes. Estas no significaban nada para él. Nunca podía ver su dolor y sufrimiento. No podía dejarles afectarle o fallaría en su misión. La misión importaba, el fin último, no el individuo. Nunca escuchó la risa. Si te permitías oírla o sentir diversión, la oirías y sentirías dolor.
Como si leyera sus pensamientos, Rikki le agarró la mano izquierda en las suyas.
– Definitivamente iba a hacerlo, Blythe. Iba a abandonar el barco.
La yema del pulgar se deslizó sobre el centro de su palma. Él sintió su caricia, no en su piel, sino profundamente en su cuerpo, una intimidad que los unía más allá de todas las expectativas. Quédate. Ella se lo había susurrado. Dándole una oportunidad. No le quería en el frío… en las sombras. Veía más allá del fantasma al hombre y de alguna manera le daba sustancia. Ella le había dado una casa, un refugio. Y ahora le había entregado esta… intimidad más allá de toda imaginación.
Otra vez quiso estrecharla en sus brazos, sepultar su cuerpo en el de ella y mantenerlos unidos hasta que compartieran la misma piel. No había creído posible amar a una mujer, amar a alguien, del modo que amaba a Rikki. Sintió la mirada de Blythe sobre él y se obligó a apartar la mirada de Rikki. Los instintos afilados durante años de supervivencia le impedían mostrar sus sentimientos. Rikki le volvía vulnerable, y sus sentimientos por ella la hacían el objetivo perfecto si alguien quisiera alcanzarlo.
Lev se aclaró la garganta.
– Si quiero oír rumores, ¿dónde es el mejor lugar?
– Inez en la tienda de comestibles -dijeron Rikki y Blythe simultáneamente. Se miraran entre sí y rieron.
– Todo el mundo habla con ella. Conoce a todos y tarde o temprano, todos le cuentan su vida y milagros -añadió Rikki.
– Pero no quiero pintarla sólo como una chismosa -clarificó Blythe-. Ella no es así. Se interesa de verdad por las vidas de las personas y cuida de ellas. No revela nada confidencial y protege a la gente del pueblo. Las Drake, una de nuestras familias más prominentes, son muy amigas de ella. Joley es una estrella en la industria musical y Hannah era un supermodelo. Kate escribe novelas que son éxitos de venta. A menudo, los reporteros vienen al pueblo, sobre todo en busca de chismes y trapos sucios.
– Blythe es prima hermana de las Drake -ofreció Rikki-. El nombre de su madre también es Blythe. Es una familia enorme. Juro, que hay tantas primas que podrían tomar el control del pueblo.
Blythe asintió, su mirada fija en Lev.
– Probablemente podríamos. Y recientemente hubo una avalancha de bodas.
– Tu familia parece interesante. No tuve ningún hermano así que siempre me he preguntado cómo sería tener una familia grande.
– Ruidoso -dijo Blythe-. Y feliz. Tengo muchas primas, pero ninguna hermana. Mi madre logró tenerme a mí, pero no más. Ella tenía a seis hermanas. Era la tercera y muy talentosa a su manera. Nunca pude mentirle. -Se rió suavemente-. No fue tan fácil durante mis años adolescentes, pero todas las reuniones con mis primas eran divertidas. Las vacaciones eran las mejores.
– ¿Así que estas unida a tus primas?
Ella asintió.
– Las veo a menudo. Por eso vine aquí, para estar cerca de la familia. Encontré este gran trozo de propiedad. La mayor parte de la granja ya estaba explotada.
– ¿Por qué no entró tu familia contigo en esto? -preguntó Lev.
Su expresión se cerró.
– No se lo pedí. Sentí que era necesario que lo hiciera sola. -Indicó a Rikki con la barbilla-. Estoy contenta de haberlo hecho. Nunca tuve hermanas menores y esta granja ha permitido que tenga mi propia gran familia.
Rikki sonrió.
– Yo también estoy contenta de que lo hicieras así.
Blythe estudió el rostro de Lev. Parecía que le miraba a los ojos. Él sabía que su vello facial le escondía muy bien. Tenía cicatrices en brazos y manos, y estaba seguro que ella las había notado pero no había hecho ninguna pregunta.
– Me recuerdas un poquito al marido de Joley. Algo alrededor de los ojos, o tal vez la forma en que observas a las personas. Te pareces mucho a él. Es ruso y trabajó para alguna clase de agencia del gobierno. No estoy realmente segura de cual. Su apellido es Prakenskii.
Prakenskii. Él ni siquiera parpadeó. La supervivencia tomó el control. Su cuerpo permaneció relajado y él pareció suavemente interesado, no más. Si alguien le hubiera tomado el pulso, habría sido una roca de estabilidad.
No me mires, Rikki.
Rikki se meció suavemente en su silla y casualmente recogió el calidoscopio portátil que Judith había hecho especialmente para ella. Lev podía ver que era hermoso, el exterior azul y las brillantes aguas como si uno se estuviera bajo el agua mirando hacia la superficie llena de palmeras que bordeaban el océano.
Sigue examinando tu calidoscopio. Ella está pescando y no podemos darle nada. Esto pondría su vida en peligro.
En voz alta, le habló a Blythe, sin ni siquiera echar un vistazo a Rikki para ver si ella le había entendido. Tuvo que confiar que manejaría esa solicitud sin vacilar.
Lev miró a Blythe directamente a los ojos y se encogió ocasionalmente de hombros.
– Debe ser mi madre rusa. Bien, mitad rusa. Su madre se casó con un contratista que había trabajado en un gran proyecto de construcción allí. Era traductora. Quizás me dio ojos rusos.
– ¿Eres consciente -preguntó Blythe-, que aunque el yate que se hundió fuera un buque griego, uno de los extraviados a bordo era ruso? He oído que alguien ha estado en la tienda de Inez preguntando por supervivientes, en particular sobre el ruso.
Rikki respiró y sostuvo el calidoscopio, como si la conversación fuera algo banal y no le concerniera en lo más mínimo.