– Debes ver esto, Levi.
– ¿De verdad? -le dijo a Blythe mientras recibía el calidoscopio ofrecido-. Creí que se había confirmado que todos estaban muertos. No he estado manteniéndome al corriente de las noticias.
Blythe asintió.
– Judith me dijo que él le mostró una fotografía del hombre que buscaba. Era aproximadamente de tu altura y peso.
Lev se rió de ella.
– ¿Supongo que estás insinuando que yo soy ese hombre?
– Es plausible. Apareciste al mismo tiempo.
Él colocó el calidoscopio ante su ojo y miró por el tubo. La celda llena de líquido capturó la imagen y sintió la sensación de estar tanto en el agua como bajo ella simultáneamente. Judith era claramente notable cuando se refería a diseñar. El calidoscopio era perfecto para Rikki, el efecto, calma y tranquilidad, le daba a uno la sensación de estar en casa en el mar. El objeto contenía una variedad de colores, agua, turquesa, varios tonos de verdes, coral, colores de conchas naturales, pulidos nacarados, frescos plateados y candentes dorados. Dentro encontró muchos objetos, incluso peces, conchas, caballos marinos, algas, burbujas, formas de olas y cristales que sugerían el centellear del sol en el agua.
– Es hermoso, Rikki -dijo él, su voz fue suave, al devolvérselo y dejó caer un beso encima de su cabeza-. Tu Judith es un genio. -Él concentró su atención una vez más en Blythe, dedicándole una sonrisa fácil como sólo Levi Hammond podría hacer-. Si estás preocupada porque pueda ser ese ruso perdido, es muy fácil comprobarlo. Estoy seguro que conoces a las personas apropiadas.
Ella no apartó la mirada de él.
– Hay muchos miembros de la familia en las fuerzas policiales.
Rikki dejó el calidoscopio y miró con ceño a Blythe.
– ¿Acusas a Levi de algo, Blythe? ¿Qué está mal contigo? Creí que habíamos superado eso.
Lev podría haberla besado. Ella tenía el tono correcto de ultraje, de acusación en los ojos. Cuando tocó su mente, notó que ella no estaba representando un papel. Estaba preocupada, su familia había señalado que aceptaban a Lev, así que sus lealtades debían estar con él.
Eso no funciona de esa forma, Rikki. Te ama no sólo como a una hermana, sino como la hija que nunca tuvo. Todo lo que ella oye hace que sienta la necesidad de protegerte, y nosotros, de hecho le estamos mintiendo. Es posible que sienta eso y la inquiete.
Blythe parecía incómoda.
– El ruso dijo cosas espantosas. Dijo que el hombre de ese yate era un asesino, que era muy peligroso y quienquiera que le ofreciera amistad, él sólo le estaría usando. Afirmó que encontraría a una mujer, la haría enamorarse de él, la usaría para esconderlo, y al final la mataría para mantener a salvo su identidad.
Allí estaba. La verdad y aún así una mentira. No se atrevió a mirar a Rikki. ¿Y si creía a Blythe? La información era imposible de ignorar. Rikki extendió y tomó su mano, su pulgar presionó profundamente en el centro de su palma. Ella lo acarició allí y llenó su mente de calor y amor.
Te olvidas, Lev, que a veces estoy en tu cabeza. Blythe no tiene esa capacidad. Sé que tus sentimientos por mí son genuinos. No siempre estoy segura que tengan sentido, o que un día no te despertarás y te darás cuenta que el golpe en tu cabeza te afectó la inteligencia, pero asumiré ese riesgo.
El alivio fue inmediato, y físico, sus piernas se sentían un poco inestables, su corazón se tensó fuertemente en su pecho. Sabía cuánto había invertido en Rikki… todo. Sin ella, estaría de vuelta en el frío, pero esta vez de sopetón.
No voy a ninguna parte, Rikki.
– Sé que es difícil para ti, Blythe. No me conoces. Sólo aparecí con Rikki un día y me acerqué. Claro que quieres protegerla. Sólo puedo darte mi palabra, la cual nunca he roto, que no heriré intencionadamente o dañaré a Rikki. Quiero casarme con ella y vivir mi vida con ella. -Él le retuvo la mano para evitar su protesta-. También me doy cuenta que esta relación sucedió rápidamente. Rikki y yo encajamos. No es sólo una atracción física. Ella es mi milagro. No puedo explicarlo mejor que eso. No acostumbro a darle explicaciones a alguien, pero tú eres importante para ella. Eres su familia y ella te ama. Quiero que me aceptes en tu familia también.
Blythe presionó sus labios temblorosos como si pudiera estar cerca de las lágrimas.
– Quiero creerte.
– Todo lo que pido es una oportunidad.
Fuera de la casa, hubo una agitación de alas y algo pesado rozó contra la puerta mosquitera. Un búho chilló. Otro lo imitó.
Rikki brincó, sus dedos se aferraron al calidoscopio.
– Él está aquí -dijo ella, su voz era baja, asustada.
Lev dejó caer una mano en su hombro.
– Quédate en la casa. Hablo en serio, Rikki. Blythe mantenla dentro. Vigila las puertas por si acaso.
Se movió rápidamente, antes de que cualquiera de ellas pudiera protestar. Se había puesto deliberadamente una camisa de color oscuro y salió por la ventana del dormitorio, extendiéndose hacia sus espías. Un búho volaba en círculos encima de la casa mientras el otro se asentaba en las ramas altas de un árbol sobre el risco. Ambos estaban agitados.
Lev juró en voz baja y echó un vistazo al cielo. Había nubes, algunas eran oscuras y pesadas, lo cual podría ser algo bueno. Empezó a escalar el risco y el búho en lo alto gritó una advertencia. Dejó que su mente se expandiera. No había querido tomar posesión y ver a través de los ojos del búho porque eso le debilitaba, pero no tenía ninguna opción. Los gritos frenéticos del ave indicaban problemas en otra parte. Rodeó la casa, entrando bajo la cubierta de una pequeña sección adosada de rododendros.
El olor a gasolina era fuerte. Una amplia franja de maleza y hierba había sido empapada formando un gran círculo rodeando la casa. Sólo podía distinguir una sombra oscura moviéndose rápidamente por el risco. Empezó la persecución, desenfundando el arma y corriendo sobre el irregular terreno. La sombra se giró y lo que parecía un arma estaba atado a una manguera que salía de una mochila a su espalda.
Las llamas salieron del arma y se extendieron por el terreno hasta que una docena de fuegos explotaron. El hombre usaba su manguera como lo haría un bombero, y a lo largo de todo el amplio círculo más fuegos ardían rojos y naranjas. Lenguas hambrientas lamían el combustible y giraban sobre la tierra para conectarse como brillantes puntos de la cola de un cometa encendido.
La energía cantaba en el aire, una gran fuerza potente, oscura por el odio y la determinación de destruir. El hombre había ganado el risco desde donde podía mirar como su creación tomaba forma. Cuando dirigió las llamas para que fluyeran juntas y cerrar cualquier posibilidad de fuga, Lev atacó, usando a los búhos, llamándolos hacia abajo, con las garras extendidas, los ojos y oídos agudos.
¡Rikki! Sal al porche. Llama a la lluvia. ¡Hazlo ahora y hazlo rápido!
Lev tenía completa fe en ella. Si había agua en esas pesadas nubes, ella haría que se derramaran sobre las llamas. Corriendo, rodeó el borde del círculo de fuego. Mientras subía a la terraza, una bala gimió al lado de su oreja. El incendiario tenía un arma.
Atacad, ordenó Lev a las aves.
Se dejó caer al suelo, contó hasta cinco y corrió otra vez. Los búhos se zambulleron sobre el pirómano, cayendo desde el cielo como bombarderos. Las aves de rapiña eran ante todo depredadores, y fueron a por la cara y ojos. El hombre gritó horriblemente y levantó los brazos para protegerse la cabeza cuando tropezó, corriendo hacia su camioneta.
Lev no tenía un disparo claro hacia él, pero el incendiario disparó más de tres veces, probablemente a los búhos que se arrojaban hacia él. La camioneta salió, zigzagueando carretera abajo.