Seguidlo, pidió Lev.
Los búhos dieron vueltas y salieron en línea recta, las alas agitándose con fuerza, silenciosos depredadores acechando a su presa. Las nubes se abrieron en un retumbar y el agua cayó, empapando la granja, la casa, las tierras que rodeaban la casa, los árboles y plantas. El humo ondeó en el aire y el fuego siseó en protesta. Rikki caminó hacia el fuego, sus manos eran el conductor. Él podía oír su voz a lo lejos ahora, una canción de amor, elevándose con la ferocidad de la lluvia, golpeando el fuego con la inundación de una cascada.
El incendio no era oponente para el concierto de Rikki, al no ser ya alimentado por el fuego, ni empujado por una fuerza oscura, cesó de rugir, trató de gruñir y luego sucumbió con unos silbidos más al impacto del chaparrón.
Él la admiró, con su rostro respingón hacia la lluvia, dirigiéndola impertérrita hacia su peor enemigo. La amó más en ese momento, con las oscuras nubes girando y rompiéndose en truenos, Rikki estaba de pie resuelta mientras dirigía su sinfonía. Tranquilamente rodeó la hierba quemada, lentamente, tomándose su tiempo para asegurarse de que no quedara ninguna ascua perdida bajo las capas de agujas de pino y vegetación para luego hacer erupción cuando menos se esperara. Implacablemente empapó el área, hasta que el agua formó profundos charcos. Sólo entonces el torrente amainó.
Lev pasó su mirada de ella a Blythe, que estaba de pie en el pórtico, una mano presionando su corazón, su expresión intimidada mientras observaba a Rikki. Él se sentía de la misma forma, espeluznante admiración y maravilla, un respeto abrumador por su capacidad de manipular el agua. Él estaba acostumbrado a los dones psíquicos, pero un elemento… eso era verdadero poder.
No había ninguna razón para intentar seguirle la pista al incendiario. Los búhos harían un mejor trabajo y en cualquier caso, necesitaría asistencia médica para las heridas en su cara causadas por las afiladas garras. Su tiempo definitivamente se agotaba.
Lev caminó de vuelta hacia Rikki, esta vez mucho más despacio. Estaba empapada por el chaparrón, pero no parecía notarlo o importarle. Ella rodeó su casa dos veces, permitiendo que la lluvia distribuyera mucho más uniformemente, para que así el agua tuviera una oportunidad de empapar la tierra. El amplio sendero de tierra ennegrecida era ahora barro, un gran foso que rodeaba su casa.
Cuando pareció como si fuera a empezar una tercera ronda, él dejó caer el brazo alrededor de sus hombros.
– Se terminó, Rikki. Volvamos a casa.
Alzó la vista hacia él, sus ojos estaban tan empapados como su ropa, un fondo oscuro de alivio y horror.
– No empecé esos fuegos, Lev… Levi. Alguien mató a mis padres y a Daniel. No fui yo y ahora lo sé con seguridad.
Un pequeño sollozo, entre la alegría y la pena escapó de ella.
– Todos estos años de no saber… -Se calló, pero sus hombros temblaban.
El simplemente la alzó, acunándola contra su pecho, caminando a zancadas a través de la tierra empapada por la lluvia hacia al porche. Blythe se había precipitado de regreso a la casa y surgió con una gran y gruesa toalla. Él puso a Rikki en el pórtico y la secó suavemente.
– Claro que no fuiste tú. Todas te lo dijimos.
– Lo sabía. -Parecía un poco sobresaltada-. Pero no con seguridad. Había esa pequeña parte de mí que aún tenía miedo.
Ella entró en sus brazos y él la mantuvo cerca.
– Estás empapada, Rikki. Ve a tomar una ducha caliente.
– Tú también estás mojado.
Él besó su frente.
– Tomemos en cuenta a tu hermana esta vez. Sabes lo que pasa cuando nos duchamos juntos. -Presionó su cuerpo más cerca así ella podría sentir cuanto le había excitado su actuación con la lluvia.
Rikki ladeó la cabeza, una pequeña sonrisa surgió en sus labios.
– Puedes tener la toalla.
Él la tomó, más para cubrir que para secar. La miró cuando se dirigió hacia la casa. El paso era fluido y ligero hasta que tropezó, como si, de regreso a la tierra, sin el agua, estuviera fuera de su mundo.
– ¿Sabías que ella podía hacer esto? -preguntó Blythe-. Mis primas pueden hacer cosas, pero esto es demasiado increíble.
Él restregó su goteante pelo.
– Ella es malditamente increíble.
Capítulo 17
Rikki volvió, duchada y caliente con un chándal y se acurrucó en su silla predilecta debajo de su manta de consuelo. Claramente, todavía estaba en estado de shock, aunque tenía mejor color.
Blythe metió un café en sus manos y cogió su taza de té, mirándoles a ambos con ojos fríos y tranquilos.
– Tenemos que llamar a Jonas -anunció en el silencio.
Rikki jadeó, casi derramó su café y dejó la taza, sacudiendo la cabeza.
– No. No, Blythe. No podemos hacer eso. No puedes hacer eso. Es el sheriff. -Comenzó a retorcerse los dedos agitada, meciéndose de aquí para allá.
Lev le puso una mano en el hombro para calmarla, pero ella continuó agitándose. Él levantó la ceja a Blythe, advirtiéndola. Rikki había pasado por suficiente. Empujarla más sólo causaría que se retirase sobre ella misma, en su opinión.
– Exactamente -dijo Blythe, ignorando a Lev. Se inclinó hacia Rikki-. Cariño, no todos con una insignia no escucharán. He conocido a Jonas desde que era un chico y es un buen hombre.
Rikki se mordió el labio.
– Sé que cree que yo comencé esos fuegos, Blythe. Lo puedo ver cuando me mira.
– Tenemos pruebas de que no lo has hecho -dijo Blythe con calma.
– Sé que cree que lo hice -insistió Rikki-, y no lo quiero aquí. No confío en él.
– Ninguna de nosotras ha hablado de tu pasado jamás con nadie -respondió Blythe-. Él no tiene ninguna razón para pensar eso. No tiene razón para saber nada en absoluto sobre ti.
Rikki volvió los ojos oscuros y atormentados hacia ella.
– Jonas es la clase de hombre que investigaría a cualquiera que se acercara a su familia. Y tú eres de su familia tanto si te gusta creerlo como si no. Él ha mirado mis antecedentes y los de todas nuestras otras hermanas.
Blythe suspiró.
– Eso puede ser verdad, pero no anula el hecho de que no pensará automáticamente que eres culpable porque los investigadores especularon que lo eras. Y ahora tenemos pruebas irrefutables de que no eres culpable.
Rikki continuó meciéndose, retorciendo los dedos en el regazo. Sus ojos estaban un poco salvajes, la mirada recorría el cuarto como si buscara un escape. Siguió sacudiendo la cabeza.
– No lo quiero aquí, Blythe. No puedo tenerle aquí mirándome como lo hace.
Lev se agachó delante de ella y puso su mano sobre la de ella.
– No tenemos que tenerlo aquí, Rikki.
Blythe lo fulminó con la mirada.
– Rikki, piensa en Jonas, no en los otros policías que has tenido alrededor. Cada vez que ha estado cerca de ti, ¿cómo te ha tratado? ¿cómo te ha mirado? No superpongas el pasado en un hombre que no es de ese modo. Él no tiene nociones preconcebidas acerca de nadie. Jonas es su propio hombre y sopesa los hechos antes de decidir. Cree en dar a la gente una segunda oportunidad, y si eres honesta contigo misma, Rikki, admitirás que tengo razón acerca de él.
Lev agarró el mentón de Rikki en la palma.
– Mírame, laskovaya moya. -Su voz era tierna, su mirada amorosa-. Estoy aquí contigo. Blythe, Judith y todas las otras saben que tú no empezaste esos fuegos. Yo sé que no lo hiciste. ¿Importa realmente cualquier otro? Somos una familia. Estaremos contigo. No estoy entusiasmado con meter al sheriff en esto y si tú realmente no lo deseas, puedo manejar esto por nosotros.
– ¡No! -Blythe fue inexorable-. Piensa lo que le estás pidiendo que haga sólo porque tienes miedo, Rikki. Levi quiere permanecer aquí contigo. Si surge la violencia, quizás tenga que irse, y de algún modo, y no soy psíquica, creo que él te protegerá con todos los medios a su disposición. No importa lo que cualquiera de vosotros diga, creo que él es el ruso perdido de ese yate. Y si él no quiere que nadie lo sepa, entonces hay una buena razón para ello.