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– No le hagas esto -dijo Lev bruscamente.

Rikki tragó con fuerza y se estiró en busca de la mano de Lev, adhiriéndose con fuerza.

– No trato de asustarte, cariño -dijo Blythe, haciendo caso omiso de la oscura amenaza en la voz de Lev-. Sólo quiero que pienses racionalmente. Sé que es difícil permitir entrar a Jonas en nuestro círculo, pero es un buen hombre. Si confías en mí, te pido que extiendas esa confianza a él. Levi merece comenzar una vida sin algo colgando sobre su cabeza. Quienquiera que esté ahí fuera para matarte usó un arma esta noche. ¿Realmente deseas que Levi tenga que utilizar una también?

– No necesitaré un arma. -La voz tranquila de Lev lo dijo todo.

Blythe tembló pero lo miró directamente.

– Creo en las segundas oportunidades. Todos nosotros las necesitamos. Si esta es tu oportunidad, entonces tienes que comenzar bien.

Rikki se meció unos pocos minutos más, haciendo un sonido estrangulado de pena que rompió el corazón de Lev. Blythe se echó para atrás y esperó, Lev aceptó la sugerencia de ella. Rikki tenía que encontrar su propio camino. Lo había estado haciendo durante muchos años y cualquier respuesta física que le llevara a ayudarla a llegar, él estaba dispuesto a dejar que la manejara. Ella no querría interferencias. Era independiente y ese estado de ánimo lo había ganado a duras penas. Merecía todo el tiempo que le llevara arreglarlo.

Rikki agitó las manos delante de su cara y se sopló en los dedos como si las puntas estuvieran ardiendo.

– Le puedes llamar, Blythe. Pero sabe de los otros fuegos.

– Quizá, Rikki -concedió Blythe suavemente-, pero eso no significa que no esté dispuesto a darte el beneficio de la duda; de otro modo, ¿no crees que habría venido y me hubiera advertido?

Rikki se meció un momentos más, pero las manos se calmaron mientras fruncía el entrecejo, pensando. Lev se encontró respirando normalmente otra vez ante la vista de ese pequeño ceño. El cerebro de ella estaba en funcionamiento otra vez, expulsando el caos. Rikki era muy frágil, y él siempre tendría que estar atento ante el hecho que su casa necesitaría rutina y equilibrio absolutos. Había sido prudente, aunque por un momento o dos, el impulso de coger a Blythe y sacarla por la fuerza había sido muy fuerte.

Rikki se mordisqueó el labio inferior hasta que Lev tuvo miedo de que se hiciera sangre.

– Quizá tienes razón. Me paró el otro día y fue agradable. Podría haber sido malo y haberme puesto una multa.

– Entonces llamémoslo y pidámosle que salga y eche un vistazo a donde éste hombre ha estado mirando la casa y al daño que ha hecho esta noche -animó Blythe-. Si lo deseas, puedo hablar con él. Le puedo decir que estaba contigo cuando el fuego comenzó.

– Sabes que la policía querrá hablar con Rikki -dijo Lev. Su tono era desapasionado, pero lo hizo sonar como una reprimenda. Blythe tenía buenas intenciones, pero él se oponía a desorientar a Rikki. La policía iba a querer hablar con todos si él era alguna clase de representante de la ley.

– Quizás. -Blythe se encogió de hombros-. Pero incluso si lo hace, Rikki lo conoce. Y ella me conoce. No voy a dejar que Jonas la intimide, lo cual estoy segura nunca haría. -Se inclinó y tomó las manos de Rikki, deteniendo los dedos que se movían nerviosamente-. Pequeña, escúchame. Conoces a Levi mejor que nadie. ¿Qué piensas que haría él para protegerte?

– No. -El tono de Lev se volvió bajo y mortal-. No la pongas en la posición de pensar que ella tiene que protegerme.

– Lo hace -respondió Blythe tranquilamente-, de ti mismo.

Las pestañas de Rikki revolotearon dos veces antes de levantar la mirada a los ojos de Lev. Éste sintió el impacto de esas profundidades oscuras de terciopelo en el estómago. Ella estaba definitivamente de regreso y pensando. Blythe había encontrado el estímulo correcto para forzar a Rikki a volver del borde de fusión.

Laskovaya moya, no tienes que preocuparte por mí. Puedo cuidar de mí mismo. Es lo que hago. Y este hombre, este pirómano, pronto no será un asunto. Lo estoy rastreando ahora.

Lev. Cuchicheó su nombre en su mente. Intimo. Tierno. Una reprimenda.

– Blythe tiene razón. Debemos hacer esto del modo correcto. Llamaremos a Jonas y le daremos una oportunidad.

Él se sentó sobre los talones.

– Sabes que hay peligro en eso también.

– Sólo si tratas de interferir en su cabeza. Tiene sus propios dones -dijo Rikki-. Siento su energía cada vez que estoy cerca de él.

– ¿Energía buena o mala? -incitó Blythe.

Lev se enderezó, girando los fríos ojos azules hacia Blythe.

– Puedes parar en cualquier momento.

– Levi, esto es importante. Ése hombre no sólo trató de atraparnos dentro de la casa, tenía un arma. Si no estuviera tan decidido a matarla con fuego, podría estar al acecho. ¿Qué defensa tiene ella contra eso?

– A mí. -Su voz fue implacable. Seguro. Confiado-. Nadie va a hacerle daño.

– Entonces utiliza la ley. Permite que llame a Jonas.

Inesperadamente, fue Rikki quien lo cambió todo. Si realmente vas a ser Levi Hammond y no Lev, el hombre en la sombra, tenemos que saltar con ambos pies. Hagámoslo. Llamémoslo. Si no va bien, entonces exploraremos la opción dos.

Lev suspiró, se dio la vuelta alejándose de las dos mujeres y caminó por el suelo. Esta casa, la granja, era su refugio, un refugio a salvo de intrusos. Cada momento lejos de ella incrementaba el peligro para él. Cada persona que le viera era una amenaza. No había tenido tiempo de plantar suficientes semillas, ese recuerdo oscuro que crecería con cada avistamiento. Había querido ir a Sea Haven esa mañana temprano y ver a Inez, la mujer que finalmente convencería a todos de que Levi Hammond ya había estado en Sea Haven y en su tienda durante años. Tenía la reputación de desaparecer, de perseguir sueños, pero todos ellos jurarían finalmente que lo conocían.

Un sheriff. Uno con dones propios. Se frotó la barba, ese cabello suave que ahora mantenía pulcro y recortado, que alteraba su apariencia y cubría viejas cicatrices. Tendría que escoger cada palabra con cuidado, mantenerse en las sombras, permitir que las mujeres hablaran, pero se podía hacer. Había estado en situaciones peores y más tensas.

– ¿Levi? -llamó Rikki.

Él asintió, el estómago le daba vueltas. Tenía demasiado que perder. Nunca había tenido nada que perder antes. Tuvo el fuerte impulso de agarrar a Rikki, tirarla en el camión y salir pitando. Su futuro, su vida estaba allí en los ojos de ella. No era por la granja, o la casa, el escondrijo perfecto. Se trataba de una mujer.

Fijó su mirada en la de Rikki, mirándola directamente a los ojos, tratando de decirle la enormidad de esta decisión, lo que les podría costar. Ella respiró, la oscuridad de su mirada brilló con inteligencia, con entendimiento.

– Llámalo, entonces -dijo Lev, y bruscamente se dio la vuelta, saliendo a zancadas de la casa hacia el porche de atrás.

Nunca había dependido de otro ser humano para nada, hasta que Rikki llegó. Los instintos de supervivencia chillaban, arañando profundamente, su instrucción protestaba la decisión. Iba en contra de quién y qué era, su esencia, aunque si deseaba esta vida, tendría que conceder en ciertas cosas. Tendría que aprender, como otros, a vivir dentro de la ley, o tan cerca como pudiera.

Oyó los pies descalzos de Rikki salir de la casa, yendo detrás de él. Ella envolvió ambos brazos en torno a su cintura y apoyó la cabeza contra su espalda. Se reclinó sobre él. Lev miraba la noche, inhalando el olor a humo y lluvia. El olor de Rikki. Puso ambas manos sobre las de ella.