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El sheriff tomó el brazo de la mujer mientras caminaban a la puerta. Él se movía con fluida gracia, su mirada se movía por la propiedad, aunque daba la apariencia de poner toda su atención en la mujer. Lev se deslizó atrás para dejar que Blythe y Rikki los saludaran primero, queriendo valorar a la pareja antes de que fueran completamente conscientes de él.

La mujer que atravesó la puerta era terriblemente hermosa y estaba muy embarazada. Sonrió con timidez a Rikki y abrazó a su prima.

– Blythe. Ha pasado demasiado tiempo desde que nos hicimos una buena visita. Debes dejarte caer más a menudo. -Su voz era musical. Suave como una brisa tibia.

Lev reconoció el poder cuando entró en el cuarto. Hannah Drake Harrington había sido una supermodelo durante algunos años, apareciendo en portadas de revista y caminando por las pasarelas de todo el mundo, pero pese a toda su serenidad, parecía un poco vacilante. Él leía a la gente fácilmente, uno de sus dones, y ella estaba muy incómoda, aunque no lo mostraba en su cara.

El hombre que entró detrás de ella con una mano en su cintura, la cara fuerte, los ojos que abarcaban todo vieron a Lev inmediatamente y lo valoraron rápidamente.

– Hannah, Jonas, ya conocéis a Rikki. Éste es un buen amigo suyo, Levi Hammond -Blythe realizó las presentaciones-. Levi, Jonas Harrington es el sheriff local y Hannah, su esposa, es mi prima.

Rikki se retiró realmente hacia Lev, la cara de un blanco absoluto. Chocó contra él y Lev colocó las manos sobre los hombros temblorosos. Fue difícil cuando siempre era consciente de mantener las manos libres, pero ella necesitaba su toque. Estoy aquí, lubov moya, estás a salvo. Le acarició la mente mientras la tranquilizaba.

Estirándose alrededor de ella, estrechó la mano ofrecida del sheriff. Jonas tenía un apretón fuerte, pero no intentó ningún juego masculino, sólo se la estrechó con una firme sacudida y le dejó ir. Pero estaba tomando nota de la manera en que Lev sostenía a Rikki así como advertía la obvia agitación de Rikki.

Hannah sonrió suavemente.

– Rikki, me alegro de verte otra vez. Nos encontramos hace un par de años en la tienda de Judith, ¿recuerdas?

Rikki asintió e hizo gestos hacia una silla.

– Gracias por venir. -Su voz era tensa, muy baja, pero logró sonar hospitalaria.

– Jonas me dijo que habías llamado y pensé que me daría la oportunidad de verte, aunque sea una llamada de trabajo -dijo Hannah.

Era difícil para ella. Lev podía oírlo en su voz. Había venido por Rikki, para hacer esta visita más fácil para ella. ¿Había sido idea suya o del sheriff? Pensó que había sido del sheriff. Sin advertencia, Jonas lo miró directamente, sus sagaces ojos lo estudiaban. Había peligro allí. Reconocimiento.

Lev nunca había visto a Jonas antes, pero él pareció reconocer a Lev. Imposible. No había fotos de él. Ninguna huella del hombre que había muerto en el yate. Sabía con absoluta certeza que nunca se habían encontrado, pero había reconocimiento en la cara de Jonas. Se alejó del sheriff, deslizando la mano por el brazo de Rikki y empujándola hacia una silla lejos de la luz, donde podía pararse detrás de ella, en las sombras.

– ¿Nos hemos conocido, señor Hammond? -preguntó Jonas, tomando asiento en el sofá al lado de su esposa.

La apertura del juego había empezado. Lev se encogió de hombros casualmente.

– Creo que lo recordaría, pero he estado viniendo y yéndome durante años, así que es posible.

Blythe colocó una taza de té sobre la mesa al lado de su prima y entregó al sheriff la suya. Se sentó cómodamente en una silla frente a ellos.

– Gracias por venir. He querido hablar contigo sobre este asunto durante mucho tiempo, Jonas, pero no hemos tenido pruebas hasta esta noche. -Le contó sobre los padres de Rikki, las casas de acogida y por último la muerte de su prometido.

Hannah parecía cerca de las lágrimas.

– Rikki, lo lamento mucho. Cuán terrible para ti. No tenía la menor idea.

Su reacción era real. Lev mantuvo los ojos en el sheriff. Jonas tenía que saber la historia de Rikki, pero no la había compartido con nadie, ni con su esposa, en la que confiaba. Y estaba claro que confiaba en ella. El amor entre ellos era palpable. Jonas Harrington jugaba sus cartas en secreto.

Jonas se inclinó hacia Rikki.

– ¿Vino esta noche?

– No ha sido la primera vez -respondió Lev por ella. Rikki parecía incapaz de hablar, un sonido estrangulado y bajo surgía de su garganta. Encontró la manta de consuelo y la metió alrededor de ella. Ella le ofreció una pequeña sonrisa agradecida.

– Estuvo en el risco vigilando la casa hace cosa de una semana. Encontré donde había estado jugando con fuego. Y entonces, el otro día, entramos utilizando el camino trasero y encontramos que había estado estudiando la disposición de la granja. Pienso que contactó con el corredor de bienes raíces que vende la propiedad junto a ésta.

– ¿No pensaste en llamarme entonces? -preguntó Jonas. Su tono era apacible, pero le echó a Blythe una mirada que era definitivamente una reprimenda.

Lev se encogió de hombros.

– Rikki necesitaba poder llegar a una decisión por sí misma.

Mantuvo la cara en las sombras mientras hablaba y el rostro ligeramente apartado de Jonas, presentando pocos rasgos que le definieran. Colocó los dedos alrededor de la nuca de Rikki, aliviándole la tensión. Ella lo estaba intentando, él tenía que darle eso. Podía decir que ella estaba siguiendo la conversación en vez de retirarse a su cabeza, pero le llevaba mucho esfuerzo. Mantenía las manos bajo la manta de consuelo y sabía que se estaba retorciendo los dedos, una compulsión que no podía detener cuando estaba agitada.

– ¿Y esta noche? -animó Jonas.

Blythe retomó la historia.

– Rikki siempre mantiene las puertas de la casa abiertas cuando alguien a quien ama está con ella. Como puedes ver, cuando diseñamos la casa nos aseguramos de que con las puertas abiertas se pudiera ver completamente a través de la casa al exterior, a la parte delantera y a la trasera. Levi se dio cuenta de que el incendiario estaba allí y salió a enfrentarse con él.

– ¿No me llamaste, Blythe? -Otra vez fue una reprimenda. Tranquila, pero el hombre estaba muy molesto-. Todos vosotros pudisteis haber muerto.

Blythe, generalmente tan compuesta, apartó la mirada, el color le manchó las mejillas.

Rikki se revolvió debajo de la manta, los ojos oscuros casi se volvieron negros.

– Ella nunca iría en contra de mis deseos. Yo tenía miedo de llamarte. -Inclinó el mentón-. Nunca he tenido mucha suerte en lograr que los policías me crean.

Jonas asintió.

– Puedo comprender eso, Rikki. Encontré unas pocas cosas en esos informes que pareció que dejaron pasar. Tenía miedo de que ese hombre te encontrara.

– ¿Sabías todo esto? -preguntó Hannah.

Él le tomó la mano mientras asentía.

– Blythe nos contó que iba a comprar la granja con cinco mujeres más… -Se encogió de hombros.

– Las investigaste -concluyó Hannah.

– Por supuesto. -No había disculpa.

A Lev le gustó por eso. Él habría hecho lo mismo.

– ¿Qué pasaron por alto?

Jonas se llevó la mano de Hannah a la boca y le besó los nudillos antes de soltarla.

– El tiempo. Sus quemaduras fueron severas en el primer fuego. Estuvo hospitalizada durante semanas y luego necesitó cuidados especiales porque estuvo muy traumatizada. No estuvo en ninguna parte cerca de la casa flotante cuando el fuego la consumió y mató a su prometido. Hubo varios testigos que la vieron en el puerto limpiando el barco.