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Rikki se apretó la mano contra la boca y se meció, hablando desde detrás de los dedos temblorosos.

– Llegué tarde. Era la primera vez que él estaba en mi casa flotante. Me centro en algo y no advierto el paso del tiempo. -Sonó lejana, como si estuviera muy lejos de ellos-. Debería haber estado allí. Me estaba esperando. No me di cuenta de qué hora era hasta que uno de los buzos me preguntó dónde estaba. Generalmente limpiábamos el barco juntos, pero quiso comprar comida para cenar. -Miró a Jonas con ojos conmocionados-. Yo no cocino.

Jonas asintió.

– Está bien, Rikki. Leí todo con cuidado y tomé notas. Les eché un vistazo antes de venir, por eso no las he traído. Creo que te busca y cuando te encuentra, planea su fuego y entonces pasa a la acción. Le llevó un tiempo encontrarte después del primer fuego. Fuiste del hospital a la clínica y luego a la casa de acogida. Cuando te encontró, trató de matarte con el mismo método que antes. Pudiste alertar a la familia. La pareja así como su hijo dijeron que les salvaste la vida, pero los investigadores sospecharon porque no pudiste contestar sus preguntas de modo satisfactorio. Había vacíos en tu historia.

Un temblor recorrió a Rikki. Blythe se revolvió, pero Jonas le envió una mirada aguda.

– Estoy llenado los vacíos con mis propias conjeturas. Estabas traumatizada después de perder a tus padres. Siendo autista y necesitando rutina, otro fuego debió haberte enviado dando tumbos otra vez. Probablemente fuiste incapaz de contestar preguntas.

– Deberían haber sabido eso -respondió Blythe con un tono bajo y enojado.

– Estoy de acuerdo -Jonas mantuvo los ojos sobre Rikki, juzgando obviamente su capacidad de enfrentarse con la narración de su pasado.

Rikki se humedeció los labios y tragó con dificultad.

– Estoy bien. Quiero atraparle.

– Otra vez te perdió la pista y sospecho que se enojaba cada vez más, continuó provocando fuegos, aunque probablemente no tan públicos. He hecho que mi cuñado haga comprobaciones por mí y hubo varios fuegos sospechosos en la ciudad donde creciste. Almacenes abandonados. Una tienda vacía. Dos casas en ruinas, otra vez vacías. Varios fuegos en céspedes. Pienso que practicaba. Te esperaba a ti y el momento oportuno, manteniéndose entretenido.

Tenía sentido. Lev había tenido los mismos pensamientos pero sin la información. El acosador de Rikki nunca estaría verdaderamente feliz sin su amante, el fuego. Lo necesitaría, y la necesidad crecería como un anhelo por una droga hasta que no pudiera resistirlo y sucumbiera a la tentación. El ciclo se repetiría una y otra vez. Si hubiera logrado matar a Rikki, todavía habría sido incapaz de detenerse, aunque probablemente se dijera que lo haría.

– Te encontró una tercera vez, y otra vez lograste, de algún modo, salvar a la familia y todos salieron vivos.

Rikki sacudió la cabeza y un pequeño sonido escapó. Empezó a mecerse lentamente.

– No todos.

Jonas frunció el entrecejo.

– Todos salieron, Rikki -le aseguró.

– El perro no. No su perro. -Se volvió más agitada, moviendo las manos ahora, un signo seguro de que se dirigía al borde.

Lev se agachó delante de ella, indiferente a lo que los otros pensaran. Mírame lubov moya, mírame sólo a mí. Estás a salvo conmigo. Si quieres terminar esto, lo haremos. Les haré irse.

Los ojos oscuros se encontraron con los de él, y esta vez, fue Rikki quien podría haberse ahogado. Parecía asustada, y cuando él tocó su mente, se dio cuenta de que por encima de todo temía retirarse delante de la compañía. Ésta era su casa, su refugio, había instalado sus cosas para poder vivir tan cómodamente como fuera posible. Le agarró las manos muy suavemente en la suya.

Se le ocurrió que tanto Hannah como Jonas hablaban con voces bajas y suaves. Habían venido a la casa sabiendo que Rikki era autista y necesitaba su ambiente para estar tan tranquila como fuera posible. Jonas no le había contado a su esposa nada sobre el pasado de Rikki. Lev estaba seguro que Hannah sabía por su prima que Rikki era autista.

– ¿Necesitas un descanso, Rikki? -preguntó Jonas.

Lev podría haber besado al hombre. Mostraba respeto por ella. Se dirigía a ella, no a Blythe ni a él. Ella parpadeó varias veces, respiró hondo y, todavía mirando a los ojos de Lev, negó con la cabeza.

– Estoy bien. -Murmuró las palabras entre dientes, pero fueron audibles en el silencio del cuarto.

Lev retrocedió detrás de ella, todavía agarrándola de la mano, el pulgar rozando la muñeca.

Jonas siguió hablando.

– Estuviste a salvo en las instalaciones de cuidado infantil porque siguieron moviéndote, nunca pudo saber con seguridad dónde estabas. No puedo imaginar que no tratara de buscarte y probablemente estaba frustrado. Basado en esa teoría, miramos los años cuando tenías entre dieciséis y dieciocho, cuando te soltaron. Hubo un conjunto de fuegos, incendios provocados y esta vez las casas estaban ocupadas.

Ante su jadeo él sacudió la cabeza.

– Las familias estaban lejos en el momento que comenzó los fuegos, pero sus casas y todo en ellas fue destruido. Necesitaba algo para alimentar su adición. Crecía.

– Y culpó a Rikki -dijo Lev-. ¿Por qué?

– Esa es la cuestión caliente, ¿verdad? -respondió Jonas. Miró a Rikki-. ¿Alguna idea?

Ella frunció el entrecejo.

– He tratado de averiguarlo. -Miró a Lev-. Ambos. Lo hemos repasado una y otra vez. Tenía trece años cuando atacó la primera vez, y honestamente, incluso en el colegio, yo tenía un ayudante. No podía manejar las luces y el ruido muy bien. Lo dominé, pero fue muy difícil. Podía volverme muy violenta cuando alguien se me cruzaba.

– ¿Comenzaste alguna vez un fuego?

Jonas dejó caer la pregunta tan suavemente, un cirujano hábil con un escalpelo, cortando hasta el fondo del asunto.

Lev sintió a Rikki enderezarse por la atrocidad. Tocó su mente y encontró furia ciega. Sacó la mano de un tirón y él tuvo la sensación de que se lanzaría sobre el hombre, tomando su pregunta como una acusación. Le apretó los dedos alrededor de la muñeca, como sujetándola con grilletes, aunque los otros no podían verlo.

Trata de hacerte perder los estribos. Respira. Te está probando, utilizando un método clásico de interrogatorio. No reacciones. Piensa antes de hablar y luego dile la verdad.

En voz alta, sin apartar la mirada de Rikki, se dirigió a Jonas. Mantuvo su tono bajo, terciopelo suave, pero era una advertencia, la única que pensaba dar.

– No puedes utilizar esas tácticas en Rikki. Su mundo ha sido una pesadilla y no reacciona como los otros lo hacen generalmente.

– Jonas -empezó Blythe.

Rikki giró la cabeza y por primera vez miró a Jonas a los ojos.

– Yo nunca podría comenzar un fuego. -Se estremeció-. No puedo tener una cocina a gas, porque no puedo estar alrededor de una llama abierta. De niña, me volvía violenta y golpeaba mi cabeza contra el suelo. Sería imposible para mí.

– Y aún así, pensaste que eras responsable. -Jonas se inclinó hacia delante-. En tu declaración, después de que tu novio muriera, dijiste que de algún modo quizá comenzaste los fuegos de forma subconsciente. ¿Por qué pensarías eso?

Rikki comenzó a castañetear los dientes y Lev no pudo soportarlo más.

– Se acabó -dijo, dejando en claro que terminaba la entrevista y que él estaba a cargo. Si Jonas persistía, estaría tratando con alguien más aparte de Rikki-. Rikki no comenzó los fuegos y pudo haber estado lo bastante traumatizada en el pasado para considerar la idea, pero ahora lo sabe mejor. Él estuvo aquí. Yo le vi. La evidencia está fuera de esta casa.

La fría mirada azul de Jonas se deslizó sobre él, pero solamente asintió.

– Este hombre no sólo ama el fuego, lo necesita -dijo Lev, cambiando la dirección de la investigación-. Lo encontrarás en un trabajo que le permita estar alrededor del fuego todo el tiempo.