Jonas asintió.
– Creo que tienes razón. Se oculta a plena vista. Ahora que la ha encontrado, no descansará hasta terminar lo que comenzó.
– Está herido -dijo Lev calladamente-. Tiene la cara un poco despedazada. Probablemente lo bastante para necesitar puntos. Se ocultará hasta que se cure y pueda cubrir las cicatrices.
Jonas se enderezó lentamente, los ojos azules brillaron como diamantes.
– ¿Te enredaste con él?
Lev sacudió la cabeza.
– No, estaba demasiado lejos y el fuego estaba entre nosotros. Me disparó, pero vi un par de búhos dejándose caer, quizá defendiendo un nido, entraron en modo cacería y le arañaron la cara. Le oí chillar.
– Así que hay un rastro de sangre.
– Sí. -Lev podía decir que el sheriff estaba pensando en eso, mirándolo de cerca ahora, con abierta curiosidad en la cara, pero no preguntó por qué un búho volaría desde un árbol y atacaría el acosador de Rikki.
– Vamos a ver -Jonas se levantó de un salto de la silla.
Capítulo 18
Jonas salió al porche con gracia casual. Lev había visto a los de su clase cientos de veces en las sombras. Jonas Harrington era mucho más de lo que dejaba ver. Era un hombre grande, pero se movía con fluida gracia. Sus nudillos y manos habían visto combate. Llevaba el arma como si formara parte de él. Tenía una funda atada a la pantorrilla y un cuchillo en la bota. No habló mientras Lev lo guiaba desde la casa al círculo ennegrecido que rodeaba la casa.
– Lo planeó bien. Empapó el suelo rápidamente, muy rápidamente, con un acelerante -empezó Lev.
Cuando se giró, un puño voló contra su cara. Jonas era rápido y fue un ataque por sorpresa, pero Lev logró bloquearlo con el antebrazo, desviando el golpe y dando un paso adentro, dio un doble puñetazo en el estómago del sheriff. Golpear al hombre fue como golpear un roble. Gruñó, pero no se dobló, ni sacó el arma.
– Voy a darte la paliza de tu vida, hijo de perra -Jonas le escupió las palabras, una rabia baja y controlada ardía en su tono.
Lev no contestó. No tenía la menor idea de por qué el sheriff querría darle una paliza, pero por muy hábil que fuera el hombre era obviamente una pelea cuerpo a cuerpo y su instrucción no podría compararse a la de Lev.
Dieron vueltas uno alrededor del otro, dos guerreros adustos, ojos fríos, caras decididas. Jonas estalló en acción, enviando una patada dura de frente, que Lev desvió, pero como Jonas dio un paso hacia él, el sheriff lanzó un duro puñetazo directo que rozó la mandíbula de Lev cuando éste apartó la cabeza. El golpe, a pesar de ser sólo un roce, fue duro, la fuerza detrás de él fue atroz. Se movieron entrando y saliendo del espacio del otro, lanzando golpes y bloqueándolos, así como patadas ocasionales. Lev se mantuvo alerta, sin saber cuál era el jodido problema. Podía matar a Jonas, rápida y eficientemente, pero perdería a Rikki y su refugio.
Mientras luchaban, una cosa llegó a ser muy clara para Lev, Jonas Harrington había visto combatir, pero no era un asesino. Podía luchar, pero no tenía instintos de matar. No le cupo duda en su mente de que sería capaz si había necesidad, pero no tenía la falta de emoción que se necesitaba para ser un asesino. Jonas Harrington luchaba porque en su mente, Levi había hecho algo que merecía una paliza. Lev, por otro lado, se había deslizado instintivamente en su instrucción. Vio una docena de oportunidades de matar al sheriff y planeó, y desechó cada una en su mente. Con serenidad. Con calma. Sin emoción.
– Quizás quieras permitirme saber de qué va esto -sugirió Lev durante uno de los momentos que se separaron.
Jonas se limpió la boca con el dorso de la mano y escupió sangre.
– Mi hermana. Elle Drake, bastardo. Permitiste que ese hijo de puta la violara.
Lev conocía el nombre Drake, pero no a Elle Drake. Recordó nombres y caras. El golpe en su cabeza había borrado cosas un tiempo, pero sus recuerdos habían regresado en pedazos. Sacudió la cabeza.
– Lo siento. Nunca he conocido a Elle Drake.
Jonas había estado moviéndose para atacar y eso le detuvo. Se enderezó, los ojos fríos sobre Lev, mientras arrastraba aire a los pulmones ardientes.
– Eres un Prakenskii. Conocería esos ojos en cualquier parte. Eres el hermano de Ilya, y estabas en ese yate. Hannah y Elle no te reconocieron porque no te esperaban, pero Ilya me dijo que estabas protegiendo al bastardo de Stavros.
Lev se quedó silencioso. Tenía un hermano llamado Ilya, el más joven, separado de brazos de su madre por hombres enmascarados, mientras gritaba y les rogaba que no se llevaran a su bebé.
– Elle trabajaba de encubierto y tu jefe la secuestró.
El estómago de Lev dio bandazos. La recordaba. Había tratado de sacarla del yate cuando se dio cuenta de las intenciones de Stavros de tomarla. No sabían que trabajaba de encubierto, pero tenía poder psíquico y Stavros estaba decidido a utilizar eso en su propio beneficio. Stavros estaba tan sucio que estaba implicado en todo, desde ventas de armas a tráfico humano. También compraba planes de defensas. El trabajo de Lev había sido abrirse camino en la organización y llegar a ser un miembro de confianza para tener pleno acceso a las operaciones de Stavros y encontrar quién le suministraba mujeres, armas y secretos, en su mayor parte los secretos.
Lev había estado cerca, pero no había terminado el trabajo. Y entonces el buque se hundió, matando a Stavros, dejando a Lev sin sus respuestas y años de trabajo malgastados. Y una oportunidad en la vida, lejos de tomar decisiones sobre quién vivía, quién moría, quién se quedaba para encontrar un destino de tortura, servidumbre sexual para que alguien pudiera encontrar respuestas y la red entera.
¿Salvar a un individuo? ¿O a las masas? Nunca se había permitido pensar demasiado tiempo en esas preguntas. Él era una herramienta, nada más, para ser utilizado y descartado. Permaneció silencioso, cerrando su mente al rugido de dolor de las preguntas no contestadas, de las caras anónimas de individuos que había dejado atrás. Matar nunca le había molestado. Había sido moldeado, entrenado y programado para eso. Pero las víctimas… Eso había sido mucho más difícil de empujar detrás de la puerta cerrada del cerebro.
Permitió que Jonas obtuviera su disparo. Un derechazo a la mandíbula. El dolor estalló por su cabeza ya dañada. Se sacudió, soslayó el segundo golpe y levantó la mano. Podía sentir la adrenalina fluyendo caliente y brillante, la ráfaga de poder que se movía por su cuerpo y supo que sus ojos estaban fríos como el ártico, brillaban con un fuego reprimido. Respiró para alejar el instinto de matar, sin apartar nunca la mirada de la del sheriff.
– Has tenido uno porque no pude encontrar un modo de salvarla. Pero ser civilizado es nuevo para mí. Tengo instintos y no se irán simplemente. Ven a por mí otra vez y pondré tu culo en el suelo y entonces tu ego va a estar apaleado. Ahora mismo, estás enojado. Acepto eso. Pero no seas estúpido. Si conoces a mi hermano, sabes de lo que soy capaz.
No había visto a Ilya desde que lo habían arrancado de brazos de su madre. Todos los chicos habían luchado por recuperarlo, armas, puños, olor a sangre y muerte en las narices. No, no iba a disculparse por su vida. No a este hombre que nunca podría comprenderlo. Rikki podía aceptar los pecados de Lev. Tenía plena confianza en ella, pero no iba a pedir perdón a nadie más.
– ¿Quieres ayudarme a encontrar al bastardo que trata de matar a Rikki o debo hacerlo solo?
Jonas se enderezó lentamente, su expresión dura.
– ¿Crees que esto se ha terminado? ¿Que voy a permitir a un asesino en mi pueblo donde Elle tendrá que vivir con verte cada día?
– Ella será la primera en decirte que hacía mi trabajo -dijo Lev tranquilamente-. No tiene que gustarte y tampoco a mí. Es evidente que has visto combatir. ¿Me estás diciendo que los inocentes jamás sufrieron porque tuviste que llevar a cabo tu misión?