Le quitó los vaqueros por las estrechas caderas, llevándose las bragas con éstos mientras los deslizaba por sus piernas. Ella puso una mano sobre su hombro para estabilizarse mientras salía de ellos, quedándose completamente desnuda. Él la rodeó, apreciándola. Rikki no se movió mientras lo hacía, los dedos de Lev le acariciaron la cintura, luego la cadera, frotando sus nalgas y la unión donde el muslo y su trasero se encontraban. Adoraba acariciar su suave piel, amaba la forma en que ella simplemente se entregaba tan completamente a él.
De regreso frente a ella, pasó la mano sobre sus pechos y tironeó de sus sensibles pezones en su camino a la unión entre sus piernas. Su mano acarició, los dedos se deslizaron profundamente y luego salieron para girar, de modo que el cuerpo de ella se ruborizó y su respiración cambió. Él sintió el calor de su estrecho canal alrededor de los dedos, y las caderas femeninas se movieron en respuesta involuntaria.
Cerró los ojos y saboreó la sensación de su sedoso calor. Por él. Una bienvenida. Sus manos subieron hasta los senos cuando Rikki se meció contra él y le lamió la plana tetilla. Como una descarga eléctrica, el chisporroteo corrió desde la lengua femenina a la ingle de Lev. Su erección pesada se hizo aún más llena y latió con anticipación.
Lev la agarró por el cabello e hizo que echara hacia atrás la cabeza, dándose el gusto, besándola repetidas veces, devorando el dulce sabor de Rikki, deleitándose en el modo en que se abría a él y lo tomaba. Se tragó el gemido de ella, ese sonido suave lo endureció aún más. A veces soñaba con ese sonido, y se despertaba duro y dolorido. Cuando se giraba hacia ella, ella siempre, siempre iba a su encuentro con impaciencia.
– A la cama, laskovaya moya, antes de que no tenga ningún control.
Sus ojos se oscurecieron y ella cayó de espaldas, llamándolo con un dedo. Las manos de Lev le separaron los muslos y sólo el calor de su aliento la hizo gritar. Entonces la lamió, como un gato tras la crema, usando la lengua, extasiándola con fuerza y rapidez, llevándola al borde y luego retirándose otra vez. Él adoraba el modo en que su cuerpo se estremecía, la forma en que sus caderas se elevaban y el modo en que la delicada música, sin aliento, sonaba en sus oídos. Su sabor era salvaje y libre, y su necesidad de ella crecía cada vez que ella se retorcía y gemía.
Inhaló su olor, la fragancia de su mujer, y frotó la barba entre sus muslos, observando las olas de excitación subir por sus piernas hasta su canal y luego a su vientre, donde los músculos se unieron fuertemente en respuesta.
Lev.
La sollozante súplica que había estado esperando le indicó que estaba perdiendo el control, que había empujado y estirado sus límites un poco más. Agarró su cuerpo y tiró de ella, arrastrándola de las caderas y girándola hacia él de tal forma que quedó sobre manos y rodillas. Mantuvo una mano sobre la espalda de Rikki, obligándola a bajar la cabeza y a que sus caderas quedaran en el aire.
Ella jadeó cuando presionó en su entrada la palpitante punta de su polla. Empujó hacia atrás, intentando empalarse en su grueso eje. Él pasó suavemente las uñas a lo largo de su espalda y sobre sus nalgas. Otra vez hubo un efecto de ondulación, las piernas de Rikki se estremecieron y su cuerpo tembló. La sujetó por las caderas y entró de un golpe en casa.
El cuerpo femenino lo aceptó en su estrecho y caliente refugio, envolviéndolo fácilmente, rozando y acariciando mientras ella lenta, casi renuentemente, permitía su invasión. Siempre existía ese exquisito momento cuando estaba tan apretada que él no estaba seguro de si podría forzar su camino al cielo, pero sus pétalos en flor se abrieron y le permitieron la entrada. Ardiente calor. Suave terciopelo. Estrecho y tenso, aferrándolo cuando entraba profundamente, se retiraba y regresaba otra vez a casa.
Marcó un rápido y duro ritmo, la posición de Rikki le permitía un acceso aún más profundo de modo que se sentía como si estuvieran fundidos para siempre. Su sangre ardió, fluyendo como metal líquido, elevándose desde algún sitio en lo profundo de su interior, extendiéndose como una tormenta de pasión por su cuerpo. Se agachó para besarle la columna. El movimiento provocó ondulaciones en el cuerpo femenino que hicieron que ella le estrujara como un torno.
– Aún no, aún no -canturreó ella-. No de esta forma.
Lev tomó aliento, cuadró la mandíbula y se quedó quieto.
– Dime cómo.
– Quiero ver tu cara -susurró ella-. Tengo que ver tu cara.
Él apretó los dientes mientras obedientemente se retiraba. Ella lanzó un grito cuando la abandonó, se dio la vuelta para tumbarse sobre la cama, con los muslos abiertos para él, posando los pies en la cama, y las rodillas separadas. Él le agarró el culo con una mano, le envolvió las caderas con el brazo y, con la mirada centrada en ella, se sepultó profundamente de un empujón, hundiéndose hasta la empuñadura. Las luces y los colores parecieron explotar detrás de sus ojos, incluso mientras observaba su cara, ese milagro de belleza, la mirada, el aliento, el rubor cuando la llevaba a las alturas.
Arrastró la mano libre sobre sus senos, a su estómago y al suave montículo donde estaban unidos. Ella curvó la espalda, sus caderas se movieron al ritmo de las de él, el tiempo quedó suspendido. Sólo existía el sonido. El aroma. La sensación. Él se dejó ir, se permitió ahogarse, entregándose a la suave música y al amor en los ojos de Rikki. Su cuerpo lo contenía, lo sostenía como las olas al volverse henchidas mareas y su caliente liberación bañó el interior femenino. Sintió la ráfaga por su cuerpo, por el de ella, por sus cuerpos unidos.
Esperó, quieto dentro de ella, luchando por respirar. Esperó. Ella sólo le miró con una vidriosa y sexy mirada, que le volvió del revés.
– Dilo. Tengo que oírte decirlo -pidió él, manteniéndola bajo su cuerpo.
Ella no fingió entender mal. Se rió de él, con esa risa que le quitaba el aliento.
– Te amo, memo.
Lev bajó la mirada hacia ella durante unos pocos segundos más, y luego se le escapó una sonrisa, acercándose aún más.
– Nunca me han llamado memo antes. Hay tantas primeras veces contigo. -La abrazó y sepultó el rostro en su cuello-. Vamos a dormir.
– Ya estoy medio dormida -murmuró ella somnolientamente. Su mano se deslizó sobre él y se durmieron juntos, con los cuerpos entrelazados entre sí.
Capítulo 19
Lev frunció el ceño mientras Jonas Harrington se balanceaba saliendo del camión, y Blythe se deslizaba del lado del pasajero. Rikki, en su balancín, se tensó, pero lo cubrió bien, tomando un sorbo de café y escudriñando a sus visitantes por encima del borde de la taza. Para darle confianza añadida, Lev se acercó detrás de ella, dejando caer la mano casualmente sobre su hombro.
– Esperaba no verte un tiempo -saludó Lev. Se frotó la mandíbula-. Estoy un poco tieso y ciertamente no quiero otra ronda.
Rikki alzó la mirada, los ojos oscuros buscando su cara. Él le guiñó un ojo.
Jonas siguió a Blythe al porche.
– Creo que tengo lo peor del trato, así que no te quejes. No tengo inconveniente en tomar un café, ya que nadie me lo ofrece.
Rikki se ruborizó.
– Lo siento. Debería haber…
– Rikki -interrumpió Jonas suavemente-. Estaba bromeando. Crecí con las chicas Drake y pasé mis años jóvenes atormentándolas. Tiendo a hacer eso con los que considero mi familia. Tú y Blythe sois familia para mí.