– Voy por café -dijo Blythe.
– Ahí va mi mañana -murmuró Lev.
Rikki le envió una reprimenda por debajo de las largas pestañas, como él sabía que haría. Se inclinó para cuchichearle en la oreja.
– Pequeña señorita correcta y formal.
Sintió su risa en su mente, pero no se rió en voz alta. Por debajo de la mano, sintió que parte de la tensión se desvanecía. Tomó un sorbo de café y esperó a que Jonas le contara porque había aparecido otra vez, esta vez con Blythe. El sheriff no habría traído a Blythe a menos que pensara que Rikki se iba a disgustar por la visita.
Jonas permaneció silencioso hasta que Blythe volvió, estudiando la tira ennegrecida que rodeaba la casa de Rikki mientras Lev le estudiaba a él. Definitivamente, estaba preocupado por la reacción de Rikki a sus noticias. Los dedos resbalaron a la nuca del cuello de Rikki, masajeando suavemente, queriendo mantener el contacto.
– Rikki -dijo Blythe, mientras le pasaba una taza para café al sheriff-. A Jonas le gustaría hablar contigo acerca de un oficial que quiere hacerte algunas preguntas. -Alzó la vista hacia Lev, su expresión era preocupada.
Rikki se quedó inmóvil.
– ¿Sobre el fuego? -Su voz fue baja, estrangulada. Los dedos de una mano se volvieron blancos al agarrar su taza de café, mientras la otra se clavaba en el muslo vestido con vaqueros.
Jonas negó con la cabeza.
– No. Hay un ruso haciendo indagaciones sobre la muerte de un hombre que estaba a bordo del yate que se hundió en nuestra costa hace unas semanas. Aparentemente no está enteramente convencido de que el hombre se haya ahogado.
Rikki no reaccionó como Lev esperaba. Se relajó un poco, tomó un sorbo de su café y se encontró con la mirada fija de Jonas.
– ¿Qué tiene eso que ver conmigo?
– Buceaste ese día. Aparentemente lo comprobó con la compañía de procesamiento y ellos enviaron un camión para recoger tu captura.
Ella frunció el entrecejo, inclinando la cabeza a un lado.
– Seguro. Lo recuerdo. La ola salió de ninguna parte sin ninguna advertencia y me tiró al agua. Tuve suerte de tener puesto mi equipo de submarinismo.
– Creo que él piensa que este ruso sobrevivió.
Jonas nunca miró a Lev. Ni una vez. No reveló el hecho de que sabía que Levi Hammond era Lev Prakenskii, el ruso "muerto". Lev tenía que decirle a Rikki la verdad, que Jonas lo sabía, pero la noche con ella había sido demasiado perfecta para estropearlo con la preocupación sobre lo que Jonas pudiera hacer. En este momento, parecía estar indicando que había aceptado a Levi Hammond en su comunidad. Quizás fuera una tregua inquieta, pero Lev podía aceptar eso.
– El agua está demasiado fría -protestó Rikki-. Dudo que alguien pueda sobrevivir mucho tiempo sin un traje de neopreno, especialmente bajo las condiciones de aquel día.
No estaba mintiendo exactamente. Nadie podría haber sobrevivido sin un traje de neopreno, no por mucho tiempo. Lev suprimió la necesidad de tiritar, sintiendo el agua cerrarse sobre su cabeza cuando el yate cayó en la agua fría. Nadie tuvo la oportunidad de gritar, simplemente se hundieron en ese abismo frío, la oscuridad se asentó en torno a ellos. Él había caído, deslizándose por una burbuja casi invisible. La caída había parecido interminable. Un millón de caras, los gemidos de los muertos, la fría, fría agua.
Había tratado de nadar, yendo a las profundidades, tratando de encontrar una salida. La ola le atrapó, le hizo girar una y otra vez como una lavadora, golpeándole contra algo hasta que estuvo tan desorientado y mareado que no sabía donde estaba o cómo salir de la situación. Las manos de Rikki habían sido sorprendentemente fuertes, anclándole, pero fueron sus ojos los que le salvaron.
Se había sentido vagando hacia los gemidos, la muerte le atraía más cerca. Ella había tirado de él, le había mirado a los ojos. Esa mirada era resuelta. Tranquilizadora. Estaba a salvo con ella. Podía caer. Podía romperse. Podía vivir. Viviría. Ella compartió el aliento, el aire, la esencia de la vida, todo el tiempo sosteniéndole con los ojos. Ya no estaba solo en el frío y oscuro fondo. Ella estaba allí, compartiendo su alma. Había perdón. Redención. Había esperanza. Estaba todo allí con Rikki.
Él sintió la presión de la mano de ella, el pulgar que se deslizó sobre el centro de la palma. Parpadeando, se arrancó fuera del frío profundo y se encontró mirándola a los ojos. Ella le sonrió. Lentamente. Tierna. El amor se deslizó sobre él, le calentó. Bajó la cabeza, incapaz de detenerse y le rozó la boca levantada con un beso. El corazón se le contrajo. Cuando alzó la mirada, Jonas le estaba mirando y barrió inmediatamente toda expresión de la cara.
– Rikki no necesita hablar con ningún oficial de Rusia. No hay razón para que pase por eso.
– Él no va a rendirse -indicó Jonas-. No hasta que esté satisfecho.
– Tráelo aquí -dijo Rikki-. No tengo nada que decirle, pero si le ayuda a cerrar el caso y a llevar resolución a la familia de ese hombre y amigos, entonces no tengo inconveniente.
– Rikki… -advirtió Lev.
– Si quieres, Rikki -dijo Blythe-, puedo permanecer contigo mientras Jonas le trae y le lleva; Levi, sé que tienes cosas que hacer hoy, pero yo me quedaré con ella.
Jonas hizo un único sonido de molestia. Lev sabía que el sheriff había reconocido a Lev porque había estado esperando que el ruso perdido fuera el hermano de Ilya. Había sabido que un Prakenskii estaba en el yate y los Prakenskii no morían tan fácilmente. No le gustaba la situación de que Blythe y Rikki no fueran honestas con él, pero iba a permitir que Levi Hammond existiera.
Lev sacudió la cabeza.
– Si Rikki habla con él, me quedo.
– No seas burro -gruñó Jonas, frunciendo el ceño.
Lev le miró fijamente.
– No dije al aire libre.
Jonas levantó la mano.
– No digas otra palabra. Y mejor que Levi Hammond tenga su permiso de armas al día y capaz de pasar una comprobación.
Lev se encogió de hombros casualmente.
– A tu disposición.
Había confianza absoluta en su voz. Ya tenía su identificación y toda la documentación había llegado al apartado de correos de Rikki. Tenía bastante papel para convencer al mundo de que Levi Hammond de hecho existía y tenía una larga, memorable y muy variada carrera.
– Blythe no puede quedarse -dijo Rikki. Cuando Blythe trató de protestar, sacudió la cabeza-. De ninguna manera. El sheriff estará aquí y eso es suficiente. Necesito saber que estás a salvo. No quiero atraer la atención sobre cualquiera de vosotras.
Blythe comenzó a protestar, pero Jonas le puso la mano en el brazo.
– Estoy de acuerdo esta vez, Blythe. Vamos a acabar con esto. -Dirigió la mirada hacia Lev-. Tú esfúmate. Volveré en media hora.
– Estará aquí sentada -contestó Rikki con una pequeña y secreta sonrisa.
Jonas frunció el entrecejo y entonces asintió.
– Otra cosa. ¿Significa algo para ti el nombre de Gerald Pratt? Había huellas dactilares en la dársena y tuvimos éxito casi inmediatamente. Comprobamos las huellas en puestos que trabajan contra el fuego, como bomberos. Gerald Pratt trabaja para el departamento forestal en el área Big Sur. Sucede que creció en la misma ciudad que tú, Rikki. Habría tenido aproximadamente dieciséis cuando tú tenías trece.
Rikki frunció el entrecejo, tratando obviamente de recordar.
– Juro que nunca he oído ese nombre antes. Quizás he ido a la escuela con él, pero si lo hice, la escuela fue tan difícil, que no le habría recordado de todos modos. Era la chica rara, siempre perdida en mi cabeza. Los niños se burlaban mucho de mí, pero no puedo recordar nombres específicos.
– Él no fue a ninguna de las escuelas contigo -dijo Jonas-. Hasta ahora, no he podido encontrar la conexión, ni a él, pero todavía estoy excavando. No he tenido mucho tiempo. Pratt ha trabajado la semana pasada, pero está libre en este momento y nadie tiene la menor idea de a donde ha podido ir. Se ha tomado dos semanas libres.