– Gerald Pratt -repitió Rikki en voz alta. Sacudió la cabeza y miró impotentemente a Lev y luego a Blythe-. No lo conozco.
Sonaba tan perdida. Blythe puso sus brazos alrededor de Rikki y la sostuvo, murmurando suaves consuelos.
– Resolveremos esto, Rikki -aseguró.
Cuando se puso derecha, Rikki sacudió la cabeza.
– ¿Cómo podría haber molestado tanto a alguien que quisiera matarme a mí y a todos los que me importan pero no recordarle?
Jonas se agachó delante de ella, alzando la mirada a sus ojos que evitaban cuidadosamente los suyos.
– Rikki, a veces las personas están enfermas. No se sabe que va a desencadenarlos. Si viven en otra realidad, lo que ellos creen se vuelve verdadero. Nada que una chica de trece años pueda haber hecho sería justificación para las acciones de este hombre.
– ¿Estás seguro que es él? -preguntó Lev.
Jonas negó con la cabeza.
– Es un sospechoso. Tenemos sangre y dejó su ADN en las colillas de los cigarrillos, pero eso no significa que comenzara el fuego. Significa que estuvo en esta propiedad. Además, el acelerante que utilizó fue Jet A, un combustible de alto octanaje que arde rápido y fuerte. Este tipo sabe lo que hace.
Lev no dijo nada. Si Pratt tenía la cara desgarrada por los búhos, no habría preguntas. Vendría a por Rikki pronto. No tenía tantas vacaciones y necesitaba acabar con ella ahora. Pratt tenía una preferencia por matar con el fuego, era su arma elegida. Ahora que sabía dónde estaba Rikki, volvería.
– No hagas nada estúpido -advirtió Jonas a Lev y acompañó a Blythe de vuelta al coche.
Rikki estaba silenciosa, columpiándose suavemente, moviendo el pie descalzo arriba y abajo.
– Laskovaya moya, quiero hablar contigo sobre este ruso que va a venir. Sé que estás preocupada por Pratt, pero está muy lejos de ser tan peligroso como este hombre. Él realizará un interrogatorio, no una charla -dijo Lev, tomándole la mano, el pulgar le acarició en círculos sobre el centro de la palma-. No tienes que hacer esto.
Ella giró todo el poder de sus oscuros y hermosos ojos hacia él. A Lev el corazón le dio un salto. Había valor allí. Determinación.
– Por supuesto que sí. Si vas a deshacerte de ellos, tengo que ser la única que lo haga. Él sabe que estuve en el agua ese día.
– No me gusta -respondió Lev.
Ella se encogió de hombros.
– No tiene que gustarte. Soy una mujer adulta y he estado tomando mis propias decisiones durante mucho tiempo. ¿Estamos en esto juntos, verdad? -Le miró. Desafiándolo-. ¿Correcto? ¿O creías que no me impondría porque piensas que tengo una discapacidad?
Los ojos de Lev brillaron violentamente y la rodeó para agacharse delante de ella, abrió la mano sobre su garganta y le levantó el mentón con el pulgar.
– ¿De dónde coño ha salido eso? No vamos a pelearnos por esto, Rikki. Expreso mi opinión, que es peligroso y tú deberías tenerme el suficiente respeto para confiar en que lo sepa. Yo respeto tus habilidades en el agua.
Ella se ruborizó y apartó la mirada.
– Lo siento. Tengo problemas con las discusiones. Los debates -corrigió-. Bastante a menudo, porque soy diferente, las personas creen que tengo un coeficiente intelectual bajo y no puedo captar una situación. Quieren tomar mis decisiones por mí.
– Yo no -contradijo él, entonces se pasó la mano por la cara-. Bien. Quizá yo sí, pero no porque piense que no eres lo bastante lista para ver una situación. No te quiero en peligro. Cuando un hombre encuentra a la única persona de valor para él, ésa persona importa más que nada y hace que todo lo que ha visto jamás, o hecho o atravesado valga la pena; créeme, Rikki, el impulso de protegerte es abrumador. Si te molesta, entonces perdón, porque sucederá una y otra vez en todos nuestros años juntos.
Ella le tocó la cara suavemente.
– Puedo aceptar eso. Pero no me trates jamás como si no fuera inteligente.
Él le agarró la mano y le besó las puntas de los dedos.
– No soy tan estúpido, Rikki. Entonces si vas a hacer esto, entraré en casa y quitaré cualquier evidencia de que he estado aquí. Tu hombre, Levi Hammond, vuelve a casa cuando no está por la costa haciendo submarinismo. Aterriza aquí a veces. Se vaga.
– No le voy a dejar entrar en la casa.
– Tendrás que hacerlo si esto va a funcionar. Él va a encontrar un modo de entrar en la casa. No se lo pongas fácil, pero déjale entrar. Es la única manera de que quede satisfecho. Mientras esté en el porche, puedo cubrirte, pero una vez esté dentro, será más difícil. No entres con él. -Cuando ella le miró, suspiró-. Por mí. Quédate afuera donde pueda verte.
– No te acerques, Levi -ordenó-. Déjame esto a mí. -Le envió una sonrisa misteriosa y traviesa-. Soy una buena actriz. Y tengo mucha experiencia a la que recurrir. Ese complejo estatal en el que estuve me proporcionó toda clase de maravillosa práctica.
Él saboreó el temor en la boca.
– Escúchame, lubov moya, oye lo que estoy diciendo. Este hombre es el hombre más peligroso con el que jamás te toparás. Mata sin sentimiento. Es como un robot. No le importa nadie. No trabaja con el propósito de salvar gobiernos o para tratar de detener el tráfico de armas o personas. No le importan nada las drogas. Mata. Ese es su único objetivo en la vida. Una vez tras el objetivo, nunca para hasta haber completado la tarea. Esa es su única alegría, la victoria de ganar. Su victoria es el matar.
Ella frunció el entrecejo.
– ¿Y este hombre está detrás tuyo?
Lev asintió.
– Su trabajo es cerciorarse de que estoy muerto. Si le mato y no vuelve donde los que lo enviaron, sabrán que estoy vivo y enviarán otro y luego otro hasta que un día yo cometa un error. Si éste regresa a casa, les dirá que estoy muerto y le creerán.
– Entonces eso es lo que tiene que hacer -dijo Rikki.
Lev sacudió la cabeza.
– No es tan fácil. Ha interrogado a cientos de personas. Puede presentir una mentira. Conoce el lenguaje corporal. Sabe las cosas pequeñas que traicionan a las personas cuando mienten.
Rikki le sonrió.
– Debería venir aquí cuando estoy sola entonces.
Las tripas de Lev reaccionaron, protestando. El pensamiento de Rikki a solas con el limpiador le aterrorizaba absolutamente.
– De ninguna manera. Eso no sucederá. Puede traer al sheriff con él. Esa es la única manera de que se acerque a ti. Si cometes un error, regresará sólo sin Harrington y le mataré. Decidiremos qué hacer después de eso.
Rikki suspiró.
– Sabes, Levi, tienes que superar toda esa cosa de “le mataré”. Eso podría funcionar para Lev, pero no para Levi. La gente no resuelve sus problemas así.
Él apretó los dientes.
– Esto podría ser una excepción.
Le dio la espalda y entró en la casa, limpiando con cuidado todos los platos y guardándolos. Sólo dejó la taza de café de Rikki. No había mucho alimento en casa. Blythe ya se había llevado los restos de la cena de la noche anterior. Examinó el contenido del frigorífico. Muy escaso, parecía definitivamente que sólo una persona vivía allí.
Rápida y eficientemente deshizo la cama, la rehizo con sábanas frescas y colocó las otras en la lavadora. Los cuartos de baño fueron los siguientes. Rikki era muy exigente con los cuartos de baño así que no había mucha evidencia de él allí tampoco. Borró toda la prueba de su existencia en la casa. No fue difícil. Tenía el hábito de asegurarse de que tocaba pocas cosas dondequiera que viviera. Y limpió cada superficie rápidamente. Su maleta estaba empacada y se fue con él, junto con las armas, cuando salió de casa.