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Rikki se desplomó en lo alto de la colina y el corazón de Lev casi se detuvo. Se abrió camino a toda costa a través del barro resbaladizo para llegar hasta ella, mientras trataba de mantener un ojo sobre Pratt. El cuerpo subió una vez más, rodó como un tronco pesado y desapareció otra vez, esta vez en el centro de la charca. Lev alcanzó a Rikki. Estaba boca arriba, los ojos abiertos, mirando fijamente a la lluvia mientras ésta caía. Sin su orquestación, la lluvia se ralentizó considerablemente.

– ¿Estás herida? -Le recorrió el cuerpo con las manos.

– Mi pantorrilla se sienten en llamas.

Estaba notablemente tranquila mientras que él sentía como la locura arraigaba. Le rasgó los vaqueros con la punta del cuchillo, frenético por ver el daño. La bala apenas la había rozado, llevándose más tela que piel, y hundió la cabeza, sufriendo arcadas.. No tenía tiempo de vomitar, oyó un ruido por encima de ellos y se giró, levantando el arma. Jonas apareció, flanqueado por otros varios. Lev simplemente colocó el arma en el suelo y levantó a Rikki en brazos. Cuando alcanzó el porche, la lluvia había cesado por completo.

Varias horas más tarde, un equipo había recuperado el cuerpo y una colección de pruebas así que Jonas fue a unirse a ellos al porche de atrás para tomarles declaración.

– ¿Estás bien, Rikki? -preguntó Jonas suavemente-. ¿Ha visto un paramédico esa herida?

– Sí, Blythe estuvo aquí hace un par de horas e insistió. Envió café a tu equipo.

– Mala suerte, que Pratt cayera en la charca con su mochila. No tuvo ninguna posibilidad -comentó Jonas.

– Yo no lo llamaría mala suerte. Y quiero que me devuelvas mi arma cuando termines tu investigación.

Rikki se quedó en silencio, con la cabeza baja y las manos tapándole la cara. Lev y Jonas intercambiaron una larga mirada por encima de su cabeza.

– Casi se han ido, cariño -murmuró Lev.

Ella se meció de aquí para allá en silencio y él se dejó caer en el porche al lado de ella y envolvió el brazo alrededor de sus hombros, atrayéndola hacia él y escudándola con su pecho y brazos.

– Rikki -dijo Jonas suavemente-. Gerald Pratt y su familia estuvieron en el mismo accidente que tus padres y tú, poco antes de tu decimotercero cumpleaños, el gran accidente múltiple en la autopista. ¿Recuerdas ese accidente?

Lev la sintió tomar aire profundamente. Asintió, pero no levantó la cabeza.

– El coche de Sitmore golpeó el coche de Pratt por detrás, lanzando el coche de Pratt por el aire. Golpeó un tanque de combustible y se incendió con las chispas que otro vehículo que se deslizaba por el guardarail, metal contra metal, enviaba al aire.

– Había fuego por todas partes -murmuró ella con voz infantil-. Por todas partes. Mi madre estaba herida. Las personas chillaban. Un coche golpeó el nuestro con mucha fuerza por detrás y nos empujó al coche de delante. El ruido fue terrible.

– El accidente no fue culpa de tus padres y ciertamente no tuya. Cualquiera que lea el informe puede ver claramente que el problema comenzó cuando chocaron dos camiones, provocando una reacción en cadena detrás de ellos. La visibilidad era pobre, la carretera estaba resbaladiza y el desastre golpeó. -Jonas se pasó una mano cansada por el pelo-. Ahora se ha ido, Rikki, y ya no puede herir a nadie a quien ames. -Cuando ella permaneció silenciosa, suspiró y comenzó a darse la vuelta.

Rikki se incorporó, cuadrando los hombros.

– ¿Por qué me quería a mí y mi familia muertos?

Jonas se encogió de hombros.

– Quien sabe lo que le sucedió a su mente. Estuvo en un coche ardiendo con sus padres, alguien lo sacó, pero él los vio morir en el fuego. Se obsesionó con el fuego después de eso. Tomó clases, se convirtió en voluntario a temprana edad, continuó su educación y entonces se unió al Departamento Forestal contra el fuego de California.

Blythe salió de la casa y dejó caer la mano sobre el hombro de Rikki.

– Vuelvo a casa, cariño. Duerme.

– Gracias por el café -dijo Jonas-. Lo apreciamos.

La miraron alejarse, demasiado cansados para levantarse. Rikki reclinó la cabeza contra el hombro de Lev y miró a Jonas, realmente lo miró a los ojos.

– Culpó a mi familia y quiso que muriéramos de la misma manera, ¿verdad?

Jonas asintió.

– Eso creo. Malgastó su vida tratando de vengarse por un accidente. Fue sólo mala suerte que tu coche estuviera detrás del suyo. Dormid un poco, ambos parecéis agotados. Y vigila esa herida, Rikki, no querras una infección.

Lev le tendió la mano.

– Gracias.

– Es mi trabajo -dijo Jonas, estrechando la mano de Lev antes de darse la vuelta.

Lev levantó a Rikki en brazos y la llevó a la casa.

Capítulo 20

Rikki se despertó canturreando. Lev siguió tumbado durante un momento, escuchando la alegría en su voz. La noche anterior ella había estudiado minuciosamente su libro de mareas y había comprobado el tiempo dos veces. Rodando, se dio la vuelta y lo miró. Él se quedó sin aliento en los pulmones. Le pasó la mano por la cabeza, acariciando ese cabello espeso, salvaje y suave como la seda, permitiendo que una oleada de amor le recorriera.

Ella sonrió. El corazón de él dio un brinco.

– Hoy va a ser un día perfecto. Un día para bucear.

La alegría de su voz le calentó la sangre. Lo besó y salió de la cama de un salto.

– Vamos a tener que preparar un almuerzo alto en calorías. Y un desayuno sustancioso.

Ya estaba en el baño. Un relámpago de piel desnuda, toda curvas. Pudo ver las marcas de su posesión sobre ella y le dio una extraña y primitiva satisfacción. Ella llevaba puesto únicamente las parpadeantes gotas de lluvia cayendo por su torneada pierna y su anillo, una sencilla alianza de oro. Se habían casado en una tranquila ceremonia con sólo sus hermanas como asistentes. Blythe y Judith habían sido sus testigos. El día había sido frío y ventoso, pero se abrigaron bien e hicieron la boda en el jardín, donde Rikki se sentía más segura. A él no le importaba para nada el dónde, sólo que se hiciera y que Rikki fuera suya de manera permanente.

Se tumbó en la cama, con los dedos entrelazados detrás de la cabeza, mirando el techo, recordando la noche antes de la boda, cuando él finalmente había reunido el valor para decirle lo que Lev Prakenskii había estado haciendo en aquel yate y quién era Stavros. Le explicó que creía que Ilya Prakenskii era su hermano y que Ilya estaba casado con una Drake. Le había confesado que había estado presente cuando Elle Drake había sido secuestrada y violada brutalmente por Stavros, y que él no la había liberado por seguir sus órdenes. Había estado trabajando de incógnito, trabajándose la confianza de Stavros, ganándose su confianza lentamente, de manera que pudiera conducirle hasta su socio, y al final, hasta la filtración del gobierno.

Le había contado todo lo que había podido, allí en la oscuridad, deseando que el sonido de la lluvia los calmara a los dos. Ella había estado callada, su respiración tranquila y suave sobre su hombro. Una vez, ella había deslizado su mano hasta la de él, cerrando sus dedos sobre los suyos, como para darle valor. Y había necesitado valor, hasta el último gramo que tenía, para arriesgarse a perderla al contarle la verdad, al dejarle saber qué clase de hombre había sido, y que si se quedaba con él, si se casaba con él, ella bien podría convertirse en una paria en Sea Haven cuando Elle Drake regresara.

La reacción de Rikki había sido típica de Rikki. Sencillamente le había rodeado con los brazos y lo había abrazado. Jamás olvidaría su respuesta. Lo decía en serio cuando le dijo que su principal compromiso era para con él. Él podía desmontarse en piezas, vomitar cada uno de sus sucios secretos, y ella recogería las piezas y las pondría de nuevo en su sitio. Le había besado en la boca, murmurado que lo amaba, y le había abrazado, sujetándolo hasta que se quedó dormida. Él no tenía ni idea de cuánto se había estado conteniendo hasta que no escuchó la calmada respiración de ella y entonces se había echado a llorar por primera vez que él recordara, desde que era un niño. Se quedó ahí, en la oscuridad, abrazándola, enterrando su cabeza en el oscuro cabello de ella, tan rebosante de amor que tenía miedo de hacerse añicos realmente.