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– Tráfico -había concluido Louis-. Eso explica por qué sacaron de las calles a las asiáticas y las demás y dejaron allí a las americanas de pura cepa para llenar el vacío. Les preocupa algo, y tiene que ver con Demarcian.

Los apetitos de aquellos hombres habrían seguido siendo los mismos, ¿no era eso lo que me había dicho Christian? Esos hombres no habían dejado de cometer abusos sexuales a menores, pero puede que hubieran encontrado otra salida a sus impulsos: ¿niños obtenidos a través de Boston, quizá, con Demarcian como punto de contacto? ¿Y después qué? ¿Filmaban los abusos y luego se lo vendían a Demarcian y otros como él, de modo que una operación se financiaba con la otra? ¿Era ésa la esencia de su «Proyecto» en particular?

Caswell formaba parte de él, y era débil y vulnerable. Yo estaba seguro de que había hecho una llamada justo después de su encuentro con nosotros, una súplica de ayuda a aquellos con quienes había colaborado tiempo atrás. Eso aumentaba la presión que todos ellos padecían, obligándolos a reaccionar, y estaríamos esperándolos cuando vinieran.

Ángel y Louis fueron en su coche a la casa de Caswell y aparcaron en un lugar que no se veía desde la carretera ni desde la casa para hacer la primera guardia. Me los imaginaba allí mientras me dirigía a mi habitación para dormir un rato antes de mi turno: el coche a oscuras y en silencio, seguramente con algo de música sonando a bajo volumen en la radio, Ángel adormilado, Louis inmóvil y alerta, parte de su atención fija en la carretera mientras otra parte oculta de él vagaba por mundos desconocidos en su mente.

En sueños, recorría Galaad y oía el llanto de unos niños. Me volvía hacia la iglesia y veía a niños y niñas envueltos en hiedra urticante, y cómo las enredaderas se estrechaban en torno a sus cuerpos desnudos a la vez que los absorbía aquel mundo verde. Vi sangre en el suelo, y los restos de un recién nacido en pañales, con manchas rojas filtrándose a través de la tela.

Y un hombre delgado salió a rastras de un hoyo en la tierra, su rostro desgarrado y deforme a causa de la descomposición, los dientes visibles a través de los agujeros de sus mejillas. -El viejo Galaad -dijo Daniel Clay-. Se te mete en el alma…

Sonó el teléfono de mi habitación mientras dormía. Era O'Rourke. Como en Jackman los móviles no tenían cobertura, me había parecido buena idea informar a alguien de mi paradero por si ocurría algo en el este, así que tanto O'Rourke como Jackie Garner tenían el número del hotel. Al fin y al cabo, mi pistola seguía rondando por ahí, y yo sería en parte responsable de todo lo que hiciese Merrick.

– Merrick ha muerto -anunció.

Me incorporé. Aún tenía el regusto de la comida en la boca, pero sabía a tierra, y el recuerdo de mi sueño era nítido.

– ¿Cómo?

– Lo han matado en el aparcamiento del Refugio de Old Moose. Por lo visto el último día de su vida ha sido bastante accidentado. Ha estado ocupadísimo justo hasta el final. Mason Dubus murió ayer abatido por una bala de diez milímetros. Aún no tenemos el informe de balística, pero ahí no muere gente a tiros todos los días, y menos víctima de una diez milímetros. Hace un par de horas, un ayudante del sheriff del condado de Somerset ha encontrado dos cadáveres en un camino en las afueras de Bingham. Rusos, parece. Luego se ha recibido una llamada de una mujer que ha encontrado a su anciano padre encerrado en el sótano a unos tres kilómetros al norte del lugar de los hechos. Según parece, el viejo era veterinario, y un hombre que coincide con la descripción de Merrick lo obligó a atenderlo de una herida y le pidió indicaciones para llegar a casa de Dubus antes de encerrarlo. Por lo que ha dicho el veterinario, la herida era bastante grave. Pero se la cosió y vendó lo mejor que pudo. Según parece, Merrick siguió hacia el noroeste, mató a Dubus y luego tuvo que hacer un alto en el Refugio. Para entonces la hemorragia era considerable. Según los testigos, se sentó en un rincón, bebió un poco de whisky, habló solo y salió. Lo estaban esperando fuera.

– ¿Cuántos?

– Dos, ambos con máscaras de pájaro. ¿Te suena de algo? Lo mataron a palos, o casi. Supongo que habían dado por concluida la faena cuando lo dejaron.

– ¿Cuánto tiempo sobrevivió?

– Suficiente para alcanzar tu pistola de debajo del asiento del conductor y matar a tiros a uno de los agresores. Te lo digo tal como me lo han contado, pero los policías presentes en el lugar del crimen no se explican cómo lo consiguió. Le rompieron prácticamente todos los huesos del cuerpo. Debía de estar desesperado por matar a ese tipo. Su compañero intentó llevárselo a rastras, pero tuvo que dejarlo porque al muerto se le quedó atrapado el pie en una alcantarilla.

– ¿Tenía nombre la víctima?

– Seguro que sí, pero no llevaba cartera. Eso, o su amigo se la quitó antes de irse para borrar el rastro. Si quieres, tal vez pueda hacer unas llamadas para que te permitan echarle un vistazo. Ahora el cadáver está en Augusta. El forense realizará la autopsia por la mañana. ¿Te gusta Jackman? Nunca pensé que fueras aficionado a la caza. Al menos de animales. -Calló, y luego, pensativo, repitió el nombre del pueblo-: Jackman. El Refugio de Old Moose está de camino a Jackman, si no me equivoco.

– Me parece que sí -coincidí.

– Y Jackman está muy cerca de Galaad, y Mason Dubus era el gran jefe cuando Galaad estaba en pleno auge.

– Exacto -respondí en tono neutro. No sabía si O'Rourke estaba al corriente del acto vandálico de Merrick en casa de Harmon, y tenía la certeza de que ignoraba la existencia de los dibujos de Andy Kellog. No quería a la policía dando vueltas por allí, todavía no. Quería conseguir que Caswell se viniera abajo por mis propios medios. Sentía que se lo debía a Frank Merrick.

– Si yo he podido deducirlo, da por hecho que también otros muchos lo deducirán pronto -comentó O'Rourke-. Puede que tengas compañía allí en el norte. ¿Sabes? Es muy posible que, si llegara a pensar que me escondes algo, me lo tomara a mal. Pero tú no me harías eso, ¿verdad?

– Pienso sobre la marcha, eso es todo -respondí-. No querría hacerte perder el tiempo diciéndote algo de lo que no estuviera seguro del todo.

– Ya, claro -contestó O'Rourke-. No dejes de llamarme cuando vayas a ver ese cadáver.

– Sí, claro.

– No te olvides, eh, o de lo contrario empezaré a tomarme las cosas de manera personal.

Colgó.

Había llegado la hora. Telefoneé a Caswell. No respondió hasta que el timbre sonó por cuarta vez. A juzgar por la voz parecía aturdido. Teniendo en cuenta la hora, no me sorprendió.

– ¿Quién es?

– Charlie Parker.

– Ya se lo he dicho, no tengo nada…

– Cállese, Otis. Merrick ha muerto. -No le dije que Merrick había conseguido matar a uno de sus agresores. Era mejor que no lo supiera, al menos de momento. Si Merrick había sido asesinado la noche anterior en el Old Moose, quienquiera que planease presentarse después en Jackman ya estaría allí y se habría encontrado con Ángel y Louis, pero aún no teníamos noticia de eso, lo que significaba que la muerte de uno de los hombres a manos de Merrick los había asustado momentáneamente-. El círculo se estrecha en torno a usted, Otis. Dos hombres atacaron a Merrick en la 201. Diría que venían hacia aquí cuando se echaron sobre él, y ésta es su próxima parada. Podría ser que intentaran liquidarnos a mis amigos y a mí, pero dudo que sean tan valientes. Atacaron a Merrick por la espalda, con bates y palancas. Nosotros vamos armados. Quizás ellos también, pero nosotros somos mejores, se lo aseguro. Es como le dije, Otis: usted es el eslabón débil. Se desharán de usted y luego la cadena será más fuerte que antes. Ahora mismo, yo soy su mayor esperanza para ver salir el sol.

Se produjo un silencio al otro lado de la línea y luego se oyó lo que pareció un sollozo.