– ¿Quizás no lo advirtió?
– ¿Saunière? Era un tipo de fuerte personalidad. Nada se le escapaba.
Mark lo apartó de la entrada cuando otra oleada de visitantes penetraba en la iglesia. Se detuvieron cerca del jardín que contenía la columna visigoda y la estatua de la Virgen.
– La inscripción que hay sobre la puerta no es bíblica. Está contenida dentro de un responsorio escrito por un hombre llámalo John Tauler, a comienzos del siglo xiv. Los responsorios eran preces o versículos que se decían entre la lectura de las escrituras, y Tauler era muy conocido en tiempos de Saunière. De manera que es posible que a Saunière simplemente le gustara la frase. Pero es bastante insólito.
Malone se mostró de acuerdo.
– Los errores ortográficos podrían arrojar alguna luz sobre el motivo por el que Saunière lo utilizó. Las palabras pintadas son quem cremini «en el cual creí», pero la palabra debería haber sido credidi; sin embargo, Saunière permitió el error. ¿Podría significar eso que no creía en Él? Y luego lo más interesante de todo. Quem vidi. «Al cual vi.»
Malone vio instantáneamente su significado.
– Lo que fuera que encontró lo condujo a Cristo. Al cual vio.
– Eso es lo que papá pensaba, y yo estoy de acuerdo. Saunière parecía incapaz de resistirse a mandar mensajes. Quería que el mundo supiera lo que él sabía, pero era casi como si se diera cuenta de que nadie de su época lo comprendería. Y estaba en lo cierto. Nadie comprendió. Hasta cuarenta años después de su muerte nadie reparó en ello. -Mark miró por encima de la antigua iglesia-. Todo el lugar está lleno de inversiones. Las estaciones del Vía Crucis cuelgan de la pared en dirección contraria a la de cualquier otra iglesia del mundo. El diablo de la puerta… es lo contrario del bien. -Luego señaló a la columna visigótica situada a unos metros de distancia-. Cabeza abajo. Observe la cruz y las tallas en su cara.
Malone estudió la cara.
– Saunière invirtió la columna antes de grabar «Misión 1891» al pie y «Penitencia, Penitencia» en la parte de arriba.
Malone observó una «V» con un círculo en su centro, en el ángulo inferior derecho. Giró la cabeza y contempló la imagen invertida.
– ¿Alfa y omega? -preguntó.
– Algunos lo piensan. Papá también.
– Otra manera de llamar a Cristo.
– Correcto.
– ¿Por qué Saunière le dio la vuelta a la columna?
– Nadie hasta el presente ha aportado una buena razón.
Mark se apartó de la exposición del jardín y dejó que otros visitantes se lanzaran sobre las pinturas para fotografiarlas. Luego encabezó el camino hacia la parte trasera de la iglesia, llegando hasta un rincón del Jardín del Calvario, donde se encontraba una pequeña gruta.
– Esto es una réplica también. Para los turistas. La Segunda Guerra Mundial se llevó consigo el original. Saunière lo construyó con rocas que traía de sus correrías. Él y su amante viajaban durante días y siempre regresaban con un capacho lleno de piedras. Extraño, ¿no le parece?
– Depende de qué otra cosa hubiera en aquel capacho.
Mark sonrió.
– Era fácil traer un poco de oro sin despertar sospechas.
– Pero Saunière parece un individuo extraño. Es posible que se dedicara sólo a acumular piedras.
– Todo el mundo que viene aquí es un poco extraño.
– ¿Eso incluye a tu padre?
Mark le miró con semblante serio.
– Ni hablar. Entregó su vida a este lugar; amaba cada centímetro cuadrado de este pueblo. Este sitio era su hogar, en todos los sentidos.
– Pero ¿No el tuyo?
– Yo traté de seguir su camino. Pero no tenía su pasión. Tal vez comprendí que todo el asunto era fútil.
– Entonces, ¿por qué te escondiste en una abadía durante cinco años?
– Necesitaba la soledad. Pero el maestre tenía planes más grandes. De manera que aquí estoy. Un fugitivo de los templarios.
– ¿Qué estabas haciendo en las montañas cuando se produjo la avalancha?
Mark no le respondió.
– Estabas haciendo lo mismo que tu madre está haciendo aquí ahora. Tratando de expiar algo. No sabías que había personas observándote.
– Gracias a Dios que lo hicieron.
– Tu madre está sufriendo.
– ¿Usted y ella trabajaban juntos?
Malone observó el intento de esquivar la cuestión.
– Durante mucho tiempo. Es mi amiga.
– Es un hueso duro de roer.
– Dímelo a mí, pero puede hacerse. Está muy dolorida. Montones de culpas y remordimientos. Ésta podría ser una segunda oportunidad para ella y tú.
– Mi madre y yo emprendimos caminos separados hace mucho tiempo. Era lo mejor para los dos.
– Entonces, ¿qué estás haciendo aquí?
– Vine a casa de mi padre.
– Y al llegar viste que las bolsas de otra persona estaban allí. Nuestros dos pasaportes habían quedado con nuestras cosas. Seguramente los encontraste. Sin embargo, te quedaste.
Mark se dio la vuelta, y Malone pensó que se trataba de un esfuerzo por ocultar una creciente confusión. Se parecía a su madre más de lo que estaba dispuesto a admitir.
– Tengo treinta y ocho años y aún me siento como un niño -dijo Mark-. He vivido los últimos cinco años dentro del resguardado capullo de una abadía, gobernada por una estricta regla. Un hombre al que consideraba mi padre fue bueno conmigo, y yo me alcé hasta un nivel de importancia que jamás había conocido.
– Sin embargo, estás aquí. En medio de Dios sabe dónde.
Mark sonreía.
– Tú y tu madre necesitáis arreglar las cuentas.
El joven parecía sombrío, preocupado.
– La mujer que usted mencionó anoche, Casiopea Vitt. Sé quién es. Ella y mi padre discutieron durante años. ¿No deberíamos encontrarla?
Malone observó que Mark evitaba responder a las preguntas haciéndolas a su vez, algo muy parecido a su madre.
– Depende. ¿Es una amenaza?
– Resulta difícil decirlo. Parecía siempre andar por ahí, y a papá no le gustaba.
– Tampoco le gusta a De Roquefort.
– Estoy seguro.
– En los archivos, anoche, ella no se identificó, y De Roquefort ignoraba su nombre. De manera que si él tiene a Claridon, entonces sabe quién es ella.
– ¿No es problema de ella, entonces? -preguntó Mark.
– Me salvó la vida dos veces. Hay que avisarla. Claridon me dijo que vivía cerca, en Givors. Tu madre y yo nos marchábamos de aquí hoy. Creíamos que esta búsqueda había terminado. Pero las cosas han cambiado. Necesito hacer una visita a Casiopea Vitt. Creo que lo mejor sería hacerlo solo, por ahora.
– Está bien. Nosotros esperaremos aquí. De momento yo tengo que hacer una visita por mi cuenta. Llevo cinco años sin presentar mis respetos a mi padre.
Y Mark se marchó dirigiéndose a la entrada del cementerio.
XL
11:05 am
Stephanie se sirvió una taza de café caliente y ofreció más a Geoffrey, pero éste lo rechazó.
– Sólo se nos permite una taza al día -declaró el joven.
Ella se sentó a la mesa de la cocina.
– ¿Está vuestra vida entera gobernada por la regla?
– Es nuestro estilo de vida.
– Creía que el secreto era importante para la hermandad también. ¿Por qué hablas de ello tan abiertamente?
– Mi maestre, que ahora reside con el Señor, me dijo que fuera sincero con usted.
Ella estaba perpleja.
– ¿Cómo es que tu maestre me conocía?
– Seguía muy de cerca la investigación de su marido. Eso fue mucho antes de llegar yo a la abadía, pero el maestre me habló de ello. Él y su marido de usted hablaron en varias ocasiones. El maestre era el confesor de su marido.
Aquella información la sorprendió.
– ¿Lars estableció contacto con los templarios?