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– Mi padre la odiaba a usted -dijo Mark, con un deje de desdén en su voz.

Casiopea se lo quedó mirando con frío semblante.

– Su padre era un hombre brillante, pero no muy instruido en la naturaleza humana. Su visión del mundo era simplista. Las conspiraciones que buscaba, las que usted exploró después de su muerte, son mucho más complicadas de lo que cualquiera de ustedes pueda imaginar. Ésta es una búsqueda del conocimiento que ha llevado a muchos hombres a la muerte.

– Mark -dijo Thorvaldsen-, lo que Casiopea dice sobre tu padre es cierto, y estoy seguro de que te das cuenta.

– Era un hombre bueno que creía en lo que hacía.

– Cierto que lo era. Pero también se guardaba muchas cosas para sí. Tú nunca supiste que él y yo éramos amigos íntimos, y lamento que tú y yo no llegáramos a conocernos. Pero tu padre quería que nuestros contactos fueran confidenciales, y yo respeté su deseo incluso después de su muerte.

– Podría usted habérmelo dicho a mí -le reprochó Stephanie.

– No, no podía.

– Entonces, ¿por qué nos lo cuenta ahora?

– Cuando usted y Cotton salieron de Copenhague, yo vine directamente aquí. Comprendí que acabarían ustedes por encontrar a Casiopea. Por eso precisamente ella estaba en Rennes hace dos noches… para atraerles. Originalmente, yo iba a quedarme en un segundo plano y ustedes no se enterarían de nuestra relación, pero cambié de opinión. Esto ha ido demasiado lejos. Tienen ustedes que saber la verdad, de manera que estoy aquí para contársela.

– Muy amable por su parte -dijo Stephanie.

Malone miró fijamente los hundidos ojos del viejo. Thorvaldsen tenía razón. Había jugado a tres bandas muchas veces. Y Stephanie también.

– Henrik, llevo sin tomar parte en este tipo de juego más de un año. Me marché porque no quería seguir participando. Reglas fatales, pocas probabilidades. Pero en este momento, tengo hambre y, debo confesarlo, siento curiosidad. Así que comamos, y usted nos lo contará todo sobre esa verdad que tenemos que conocer.

El almuerzo era conejo asado sazonado con perejil, tomillo y mejorana, junto con espárragos frescos, una ensalada y un budín de pasas rematado con helado de vainilla. Mientras comía, Malone trató de valorar la situación, Su anfitriona parecía estar sumamente a gusto, pero él no se dejó impresionar por su cordialidad.

– Usted desafió a De Roquefort anoche en el palacio -le dijo a la mujer-.¿Dónde aprendió sus habilidades?

– Soy autodidacta. Mi padre me transmitió su audacia, y mi madre me bendijo con una capacidad de comprensión de la mente masculina.

Malone sonrió.

– Algún día quizás haga suposiciones erróneas.

– Me alegro de que se preocupe usted por mi futuro. ¿Hizo usted alguna vez «suposiciones erróneas» como agente?

– Muchas veces, y morían personas por ello de vez en cuando.

– ¿El hijo de Henrik figura en esa lista?

Le ofendió el golpe, particularmente considerando que ella no sabía nada de lo que había ocurrido.

– Al igual que aquí, a la gente se le daba mala información. Y mala información da lugar a malas decisiones.

– El joven murió.

– Cai Thorvaldsen se hallaba en el lugar equivocado en un momento inoportuno -dejó claro Stephanie.

– Cotton tiene razón -dijo Henrik dejando de comer-. Mi hijo murió porque no fue advertido del peligro que le rodeaba. Cotton estaba allí, e hizo lo que pudo.

– No quería dar a entender que tuvo la culpa -aclaró Casiopea-. Era sólo que parecía ansioso por decirme cómo debía llevar mis asuntos. Simplemente pregunté si él era capaz de llevar los suyos. A fin de cuentas, abandonó.

Thorvaldsen soltó un suspiro.

– Tiene usted que perdonarla, Cotton. Es brillante, artística, una cognoscenta en música, coleccionista de antigüedades. Pero heredó de su padre su falta de modales. Su madre, Dios tenga en su seno su preciosa alma, era más refinada.

– Henrik se imagina que es mi padre adoptivo.

– Tiene usted suerte -dijo Malone, examinándola cuidadosamente- de que yo no la derribara de un tiro de esa motocicleta en Rennes.

– No esperaba que escapara usted tan rápidamente de la Torre Magdala. Estoy convencida de que los gestores del complejo se sentirán muy trastornados por la pérdida de aquel marco de ventana. Era original, según tengo entendido.

– Estoy esperando oír esa verdad de la que ha hablado -le dijo Stephanie a Thorvaldsen-. Me pidió usted en Dinamarca que mantuviera la mente abierta sobre usted y lo que Lars consideraba importante. Ahora vemos que su implicación es mucho mayor de lo que ninguno de nosotros imaginaba. Seguramente podrá usted comprender nuestras sospechas.

Thorvaldsen dejó a un lado su tenedor.

– De acuerdo. ¿Hasta qué punto conoce usted el Nuevo Testamento?

«Una extraña pregunta», pensó Malone. Pero sabía que Stephanie era una católica practicante.

– Entre otras cosas, contiene los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), que nos hablan sobre Jesucristo.

Thorvaldsen asintió.

– La historia establece claramente que el Nuevo Testamento, tal como lo conocemos, fue escrito durante los primeros cuatro siglos después de Cristo, como una manera de universalizar el incipiente mensaje cristiano. A fin de cuentas, eso es lo que significa católico… «universal». Recuerden, a diferencia de hoy, en el mundo antiguo, política y religión eran la misma cosa. Como el paganismo declinaba y el judaísmo se replegaba sobre sí mismo, la gente empezó a buscar algo nuevo. Los seguidores de Jesús, que eran simplemente judíos que adoptaban una perspectiva diferente, crearon su propia versión de la Palabra, pero también lo hicieron los carpocratianos, los esenios, los naasenios, los gnósticos y un centenar de otras sectas. La razón principal por la que la versión católica sobrevivió, mientras otras desfallecían, era su capacidad para imponer su creencia universalmente. Invistió las Escrituras de tanta autoridad que con el tiempo nadie pudo cuestionar jamás su validez sin ser acusado de hereje. Pero hay muchos problemas con el Nuevo Testamento.

La Biblia era un tema favorito de Malone. La había leído, así como muchos análisis históricos, y estaba al corriente de sus contradicciones. Cada Evangelio era una oscura mezcla de hechos, rumores, leyendas y mitos que había sido sometida a innumerables traducciones, alteraciones y redacciones.

– Recuerden, la emergente Iglesia cristiana se desarrolló en el mundo romano -terció Casiopea-. A fin de atraer seguidores, los padres de la Iglesia tenían que competir no sólo con una diversidad de creencias paganas, sino también con sus propias creencias judías. Del mismo modo, tenían que situarse aparte. Jesús tenía que ser algo más que un simple profeta.

Malone se estaba impacientando.

– ¿Qué tiene esto que ver con lo que está ocurriendo aquí?

– Piense lo que significaría para la Cristiandad hallar los huesos de Cristo -dijo Casiopea-. Esta religión gira alrededor de Cristo muriendo en la cruz, resucitando y ascendiendo a los cielos.

– Esa creencia es cuestión de fe -dijo con calma Geoffrey.

– Tiene razón -corroboró Stephanie-. La fe, no los hechos, la define.

Thorvaldsen negó con la cabeza.

– Quitemos ese elemento de la ecuación por un momento, ya que le fe también elimina la lógica. Piensen en ello. Si existió un hombre llamado Jesús, ¿cómo los cronistas del Nuevo Testamento sabrían nada de su vida? Consideremos sólo el dilema del idioma. El Antiguo Testamento estaba escrito en hebreo. El Nuevo lo estaba en griego, y todas las fuentes materiales, si es que existieron alguna vez, habrían estado en arameo. Luego está el tema de las fuentes mismas.

»Mateo y Lucas hablan de la tentación de Cristo en el desierto, pero Jesús estaba solo cuando eso ocurrió. Y la plegaria de Jesús en el Huerto de Getsemaní. Lucas dice que la pronunció después de alejarse de Pedro, Santiago y Juan «como a un tiro de piedra». Cuando Jesús regresó, encontró a sus discípulos dormidos e inmediatamente fue arrestado, y luego crucificado. No hay ninguna mención de Jesús diciendo una palabra sobre su plegaria en el huerto o la tentación en el desierto. Sin embargo, conocemos ambas cosas con todo detalle. ¿Cómo?