»Todos los Evangelios hablan de unos discípulos que huyen ante el arresto de Jesús (de modo que ninguno de ellos estaba allí); no obstante aparecen detallados relatos de la crucifixión en los cuatro. ¿De dónde surgen estos detalles? De lo que los soldados romanos hicieron, de lo que Pilatos y Simón hicieron, ¿cómo se enteraron los escritores de los Evangelios? Los fieles dirían que esa información procedía de la inspiración divina. Pero esos cuatro Evangelios, estas supuestas Palabras de Dios, se contradicen mucho más de lo que concuerdan. ¿Por qué permitiría Dios semejante confusión?
– Quizás no nos corresponde a nosotros cuestionarlo -indicó Stephanie.
– Vamos -dijo Thorvaldsen-. Hay demasiados ejemplos de contradicciones para que nosotros las descartemos como casualidades. Echemos una mirada en términos generales. El Evangelio de Juan menciona muchas cosas que los otros tres (los llamados Evangelios sinópticos) ignoran completamente. El tono en el de Juan es también diferente; el mensaje, más refinado. El de Juan es como un testimonio enteramente diferente. Pero algunas de las contradicciones más precisas se inician con Mateo y Lucas. Éstos son los únicos dos que dicen alguna cosa del nacimiento y la ascendencia de Jesús, e incluso en eso entran en conflicto. Mateo dice que Jesús era un aristócrata, que descendía del linaje de David, perteneciendo por ello a la línea de sucesión real. Lucas está de acuerdo con la ascendencia de David, pero señala unos orígenes más humildes. Marcos siguió una dirección completamente diferente y creó la imagen de un pobre carpintero.
»El nacimiento de Cristo es igualmente contado desde perspectivas diferentes. Lucas dice que lo visitaron pastores. Mateo los llamó “magos, hombres sabios”. Lucas dice que toda la familia vivía en Nazaret y viajó a Belén para el nacimiento en un pesebre. Mateo dice que la familia era acomodada y vivía en Belén, donde nació Jesús… No en un pesebre, sino en una casa.
»Pero en la crucifixión es donde aparecen las mayores contradicciones. Los Evangelios ni siquiera se ponen de acuerdo sobre la fecha. Juan dice que fue el día antes de Pascua. Los otros tres hablan del día siguiente. Lucas describe a Jesús como un hombre manso. “Un cordero.” Mateo, todo lo contrario: para él, Jesús “no trae la paz, sino la espada”. Incluso las palabras finales del Salvador varían. Mateo y Marcos dicen que fueron: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Lucas dice: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” Juan es más simple: “Consumado es.”
Thorvaldsen hizo una pausa y sorbió un poco de vino.
– Y la leyenda misma de la resurrección está repleta de contradicciones. Cada Evangelio tiene diferentes versiones de quién acudió a la tumba, de lo que se encontró allí… Ni siquiera los días de la semana están claros. Y en cuanto a las apariciones de Jesús después de la resurrección… Ninguno de los relatos coincide en ese punto. ¿No creen ustedes que Dios debería al menos haberse mostrado razonablemente coherente con su Palabra?
– Las variaciones en los Evangelios han sido tema de millares de libros -aclaró Malone.
– Cierto -dijo Thorvaldsen-. Y las contradicciones han estado ahí desde el comienzo… ampliamente ignoradas en los tiempos antiguos, dado que rara vez los cuatro Evangelios aparecen juntos. En vez de ello, fueron diseminados individualmente por toda la Cristiandad… funcionando mejor una leyenda en un lugar que en otro. Lo cual, en sí mismo, contribuye mucho a explicar las diferencias. Recuerden, la idea que hay detrás de los Evangelios era demostrar que Jesús era el Mesías predicho en el Antiguo Testamento… No ha de ser una irrefutable biografía.
– ¿No fueron quizás los Evangelios sólo un registro de lo que había sido transmitido oralmente? -preguntó Stephanie-.¿No era de esperar una serie de errores?
– Sin duda -dijo Casiopea-. Los primeros cristianos creían que Jesús regresaría pronto, y que el mundo terminaría, de modo que no vieron ninguna necesidad de escribir nada. Pero al cabo de cincuenta años, como el Salvador no había retornado, se hizo importante conmemorar la vida de Jesús. Fue entonces cuando se escribió el primero de los Evangelios, el de Marcos. Mateo y Lucas vinieron después, alrededor del 80 después de Cristo. Juan llegó mucho más tarde, casi al final de la primera centuria. Por eso es tan diferente de los otros tres.
– Si los Evangelios hubieran sido totalmente coherentes, ¿no sería incluso más sospechoso? -preguntó Malone.
– Estos libros son algo más que simplemente incoherentes -declaró Thorvaldsen-. Son, literalmente, cuatro versiones diferentes de la Palabra.
– Es cuestión de fe -repitió Stephanie.
– Ya estamos de nuevo con eso -intervino Casiopea-. Siempre que aparece un problema con los textos bíblicos, la solución es fácil. «Es cuestión de fe.» Señor Malone, usted es abogado. Si los testimonios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan fueran ofrecidos ante un tribunal como prueba de la existencia de Jesús, ¿lo declararía así un jurado?
– Desde luego, todos ellos mencionan a Jesús.
– Ahora bien, si ese mismo tribunal fuera requerido para que estableciera cuál de esos cuatro libros es correcto, ¿cuál sería su fallo?
Malone conocía la respuesta adecuada.
– Todos son exactos.
– ¿Cómo resolvería usted las diferencias entre los testimonios?
Esta vez no respondió, porque no sabía qué decir.
– Ernest realizó un estudio una vez -dijo Thorvaldsen-. Lars me habló de ello. Determinó que había de un diez a un cuarenta por ciento de variación entre los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas en cualquier pasaje que uno se molestara en comparar. Cualquier pasaje. Y con Juan, que no es uno de los sinópticos, el porcentaje es mucho mayor. De manera que la pregunta de Casiopea es correcta, Cotton. ¿Tendrían esos testimonios valor probatorio alguno, más allá de establecer que un hombre llamado Jesús pudiera haber vivido?
Malone se sintió obligado a decir:
– ¿No podrían todas esas contradicciones explicarse por la existencia de unos cronistas que simplemente se tomaron libertades con la tradición oral?
Thorvaldsen asintió.
– Esa explicación tiene sentido. Pero lo que hace difícil aceptarla es esa fea palabra, «fe». Ya ve, para millones de personas, los Evangelios no son la tradición oral de unos judíos radicales que establecen una nueva religión, tratando de asegurar conversos, añadiendo y restando a su leyenda todo lo que hace falta para su época particular. No. Los Evangelios son La Palabra de Dios, y la resurrección es su piedra angular. Porque su Señor lo mandó a Él para que muriera por ellos, y para que resucitara físicamente y ascendiera a los cielos… Eso es lo que los sitúa aparte de todas las otras religiones emergentes.
Malone se dio la vuelta para mirar a Mark.
– ¿Creían esto los templarios?
– Hay un elemento de gnosticismo en el credo templario. El conocimiento se transmitía a los hermanos por fases, y sólo los dignatarios más elevados de la orden estaban al corriente de todo. Pero ninguno ha recibido ese conocimiento desde la pérdida del Gran Legado durante la Purga de 1307. Todos los maestres que vinieron después de esa época se vieron privados del archivo de la orden.
Malone quería saber.
– ¿Qué piensan de Jesucristo hoy?
– Los templarios dan el mismo valor al Antiguo que al Nuevo Testamento; los profetas judíos del Antiguo Testamento anunciaron la venida del Mesías, y los autores del Nuevo relataron su llegada.