Su voz bajó a un susurro. -El viejo duque lo envió para recogerme con estilo. Es un poco presuntuoso, ¿no crees? Me avergüenza ser visto en él.
– Tu código personal de conducta es lo que debería avergonzarte -susurró ella a su vez.
– Entonces es una cosa buena que haya venido a ti, ¿no? -preguntó, la calidez volviendo a él.
De hecho, el calor en sus ojos de avellana podría haber derretido una piedra. Emma estaba disgustada por lo mucho que disfrutaba estar nuevamente en su compañía provocativa. -No estoy del todo convencida de eso. Estoy en medio de una clase.
– Prefiero clases privadas -murmuró-. ¿Estás disponible para dar orientación a personas socialmente perdidas y enamoradas?
Levantó la vista lentamente, con una pequeña sonrisa. -No, a menos que quieras a mis hermanos sean incluidos en nuestra instrucción. Estoy segura que se podría organizar.
– ¿Tus hermanos? -preguntó, inclinando su cabeza a los oídos de ella.
– Sí -dijo alejándose, indicando la puerta detrás de él-. Heath y Drake han llegado mientras conversábamos, y oh, sí, aquí viene el más joven demonio Boscastle, Devon. A veces es difícil distinguirlos. ¿Dijiste que Heath estaba esperándote?
Adrian se enderezó bruscamente mientras que los tres hermanos Boscastle de cabello escuro se adelantaron a saludarlo.
– Buen día, Lord Wolverton -murmuró Emma.
Él suspiró.
– Hola, Wolf -dijo Devon, lanzando su brazo alrededor del ancho hombro de Adrian-. ¿Vamos a lucir tú linaje hoy? Hay una multitud reunida en la calle para ver quién es el dueño de esa pieza lujosa. Vamos a rescatarte de las debutantes pequeñas y peligrosas, y dar un paseo alrededor del parque. La inocencia puede ser bastante molesta a veces, ¿no te parece?
Lo que Adrian pensó, mientras era escoltado hábilmente ante la presencia de los tres hermanos dominantes de Emma, era que le acababan de dar otra advertencia amistosa de que su hermana estaba bajo su protección.
Por lo menos hasta que otro hombre asumiera la responsabilidad. Y como Adrian había llegado a la decisión que era el más apropiado, el único candidato actual de sus afectos, necesitaría el permiso de sus hermanos para cortejarla. Esto planteaba un dilema, teniendo en cuenta la promesa que le había hecho. Por ahora estaba forzado a pretender que era sólo una amiga.
No impresionaría a Emma avergonzándola. ¿Pensaría mejor de él si iba a ver a su padre? Frunció el ceño. Supuso que parecía un cobarde ante sus ojos al evitar lo inevitable. Y para su sorpresa, estar en la compañía de los unidos Boscastles le había hecho desear ver a su propio hermano y hermana. Recordaba que lloraron cuando se fue de la casa. ¿Habían encontrado la felicidad?
– ¿Grayson ha visto esa monstruosidad dorada tuya? -preguntó Heath mientras caminaban hacia la puerta que daba a la calle-. Juro que estará muy celoso.
– Llegó de parte de mi padre esta mañana. -Adrian hizo una pausa. Sabía que no debía asumir que Heath le creería que había entrado al salón de baile por error. O que después de sólo tres días había extrañado la compañía de Heath.
Heath confirmó su corazonada en el instante siguiente. -Te sugiero que vayas a visitar a Grayson alrededor de la próxima semana. Estoy seguro que estará interesado en hablar contigo.
Y no de carruajes, si Adrian entendía lo que Heath quiso decir. Grayson Boscastle, el quinto marqués de Sedcroft, era el patriarca de la familia y antiguo sinvergüenza. Era el hombre que concedía tanto dispensas como dictaba penas de muertes sociales.
El mensaje de Heath no podía ser más claro. Si Adrian tenía la intención de perseguir a Emma, tendría que pedir primero el permiso de Grayson y declararse.
Y lo haría. De verdad que lo haría. Tan pronto como haya convencido a Emma de que era sincero y le probara que incluso un despiadado aventurero descarriado podría ser redimido.
Tal vez en el curso de esta misión, podría incluso convencerse a sí mismo de que su redención era posible.
Sir Gabriel Boscastle miró hacia atrás de la entrada de la casa de la cuidad al carruaje ducal que bajó rápidamente la calle. Una audiencia de peatones admirados, vendedores ambulantes y pilluelos se habían congregado para ser testigos de salida. -¿Ese no era Adrian, verdad? -preguntó a su primo Heath unos minutos más tarde, después que una criada le hubiera indicado el camino a la biblioteca-. Uno podría pensar que era un…
– …¿Duque? -dijo Lord Drake Boscastle con una sonrisa cínica. Él y Gabriel habían estado en desacuerdo en el pasado, pero desde el casamiento de Drake y su institutriz, su vieja enemistad había empezado a desvanecerse-. Él y Devon han ido conduciendo. Los podrías alcanzar si la multitud te dejara pasar.
Heath estaba sentado tras su enorme escritorio militar, sus brazos doblados detrás de su cabeza. Como de costumbre su expresión no revelaba nada de sus pensamientos. -¿Vienes esta noche con nosotros a la opera, Gabriel?
– Por supuesto -dijo, asintiendo con gratitud el vaso de jerez que Drake le había dado-. Nunca dormí tan profundamente como durante un aria -hizo una pausa-. Hay un claro ambiente ensombrecido en esta reunión. ¿He hecho algo para ofender a alguien? Sé que en el pasado, no éramos tan cercanos como…
– Tenemos un pequeño problema familiar -Drake miró a su hermano-. ¿Crees que deberíamos decirle?
Heath se rió bruscamente. -Malditamente debes hacerlo ahora, después de arrastrado ese bocado bajo su nariz.
Gabriel sacudió su cabeza, su cara divertida. -¿Eso significa que en realidad seré incluido en alguna intriga Boscastle… ¿Y quiero estarlo?
– Es Emma -dijo Drake.
– Y Wolf -Heath pasó su mano por su cabello grueso y negro-. Emma y Adrian. Una unión improbable si es que alguna vez hubo alguna.
Gabriel tomó un trago largo de jerez. -Romances más extraños han ocurrido a través de la historia inglesa. Mira a Nell Gwyn, una chica vendedora de naranjas, hecha una duquesa por el rey.
– Una duquesa. Ahora ahí está la cuestión. Adrian no está casado. Su padre le organizará un matrimonio -Heath miró significativamente a Drake-. Creo que esto necesita una conspiración familiar antes de que Emma esté involucrada más allá de nuestra ayuda.
– Grayson está en Kent hasta el viernes, enseñándole a Rowan a cazar -contestó Drake.
– El niño ni siquiera puede caminar todavía – exclamó Gabriel, ahogándose con su trago-. ¿No es un poco pronto para que él esté disparando un arma?
– No si estás siendo preparado como el próximo marqués -dijo Heath con una risa mordaz-. Drake, reunámonos el vienes por la noche. ¿Harás los honores de asegurarte que Devon asista? Invitaría a Dominic, pero él y Adrian son muy cercanos. No es justo ponerlo en una encrucijada.
– ¿Así que estoy incluido? -preguntó Gabriel, se veía complacido.
Drake le sonrió abiertamente. -No sería una conspiración sin tu cínica perspectiva, primo.
– Una advertencia -Heath alzó una mano-. Las mujeres no serán informadas. Tan profundamente como las amamos, su interferencia debe ser evitada a toda costa. No queremos que las emociones nublen lo que decidamos.
Gabriel terminó su jerez. -Mis labios están cocidos.
– Los míos están encadenados -dijo Drake.
Heath asintió con satisfacción. -Ninguno de nosotros puede romper, ni siquiera bajo coacción de… bueno sabes de sus artimañas. Las mujeres de esta familia, e incluyo nuestras hermanas y esposas, tienen un extraño juicio para estos asuntos. Si sospechan que estamos tomando una decisión sin consultarles, nuestras vidas no valdrán la pena ser vividas.
Gabriel lo miró con incredulidad. -¿Estás tratando de decirme que vosotros dos, antiguos espías que no se quebraron bajo tortura, estáis realmente asustados de que vuestras esposas de alguna manera se enteren de esta reunión?