Le acarició la mano. -Eso es todo lo que quería oír. Y recuerda que siempre estoy aquí si quieres hablar.
– ¿Hablar de qué? -preguntó tensamente, su mirada fija al frente.
– Bueno, no sé.
– ¿Del tiempo?
La miró -Si quieres. La lluvia, el sol…el amor.
Se rió interiormente. -Lo voy a tener en cuenta.
Debería estar agradecida por la intervención oportuna de Drake. Agradecida que los brazos protectores de la familia Boscastle no solo la protegerían del daño sino también de la tentación. Agradecida de que sus hermanos se preocuparan lo suficiente por ella como para protegerla como una ciudadela.
Sí, verdaderamente. Los Boscastles se cuidaban entre ellos.
CAPÍTULO 13
Adrian estaba tramando la forma de encontrarse a solas con Emma al día siguiente, cuando aceptó una invitación para practicar esgrima en Angelo’s con Dominic Breckland. Dominic no sólo era su mejor amigo, él también estaba casado con la hermana menor de Emma, Chloe; lo que significaba que podría ser capaz de servir como parte neutral, así como un potencial intermediario entre Adrian y Emma.
Adrian pensaba que durante una sesión amistosa de esgrima podría casualmente dejar caer algunas pistas sobre su posición. Es de suponer que Dominic, un hombre inteligente enamorado de una mujer Boscastle, podría ofrecerse para actuar como Cupido.
Desafortunadamente, Dominic frustró este plan invitando a Heath Boscastle a unirse a ellos en el último minuto. En cualquier otro momento Adrian no habría protestado por practicar con otro compañero capaz. Pero Heath dio unos golpes rápidos que podrían haber sido considerados menos deportivos. Adrian, que fácilmente podría haber contrarrestado con la misma habilidad, decidió permitir a Heath la ventaja.
Incluso Dominic comentó la agresividad inusual de Heath cuando cayeron ante él, mientras los tres se dirigían a su casa de la ciudad. -Creo que Adrian y yo deberíamos alegrarnos de contar contigo como nuestro amigo -dijo, bromeando mientras el coche se detenía-. Temía que por un momento olvidaras quien era tu oponente. -Se hizo un silencio embarazoso.
Adrian simplemente se encogió de hombros como si el asunto fuera de poca importancia. Sólo un tonto podría pelear con alguien que lo había tratado como Heath lo hizo.
Sin embargo, se puso de manifiesto que Adrian tendría que usar artimañas si quería unos momentos privados con Emma para declararle sus intenciones. No le gustaba la perspectiva de planear un ardid contra la familia que le había ofrecido su amistad. Si él no le hubiera prometido anonimato, habría ido directamente a sus hermanos y desnudado su alma.
¿Debería escribirle una carta? No. Podría fácilmente caer en las manos equivocadas y deshonrarla.
¿Debería enviarla un mensaje para expresar sus sentimientos más profundos a través de un intermediario? ¿Su ayuda de cámara, tal vez? Incluso Adrian se dio cuenta que enviando a un sirviente podría ofender su sensibilidad. Y no podía imaginar a Bones siendo capaz de mantener una cara seria ante la situación.
Pero Heath Boscastle era un hombre honorable sin importar que tuviera sus sospechas personales acerca de Adrian. Miraba fijamente a Adrian cuando él bajo del carruaje al bordillo.
De alguna manera Heath sabía que Adrian estaba persiguiendo a Emma. Por supuesto que Adrian no se había conducido de la manera más discreta. Pero tampoco había revelado su secreto.
– Te importaría entrar para tomar un refrigerio, Adrian -dijo en una voz cautelosa-. Sólo para asegurar a Dominic que no he perdido mis modales.
Adrian se hundió anímicamente. Él y Heath sabían lo que había instigado el despliegue físico de Heath en Angelo’s. Lo más apropiado que debería hacer sería aceptar la disculpa de Heath, restarle importancia a eso, y seguir su camino alegremente. Pero hacer eso sería perder la oportunidad de ver a Emma. Y, que Dios le ayudase, estaba desesperado por una mirada suya.
– Un brandy sería agradable -dijo, encontrándose con la mirada atenta de Heath.
El rostro de Heath no delató ninguna emoción. Él asintió con la cabeza amablemente. -¿Dominic?
Adrian escuchó a su amigo quejarse acerca de un compromiso anterior. En verdad, no estaba prestando atención… sus pensamientos se habían desviado con antelación a la espera de ver a Emma. Sabía que era poco probable que se le permitiera cualquier conversación con ella, sin supervisión. A esta hora del día era más seguro que estuviera dando lecciones.
– Adelante, Adrian -Heath se detuvo en la puerta que su mayordomo acababa de abrir para dejarlos entrar-. No queremos que ninguna de las damas nos vea con un aspecto tan desaliñado. Mi querida hermana ama la lectura.
Adrian se dio cuenta de lo que Heath quería decir con esa afirmación cuando lo siguió a la sala y alcanzó a ver su reflejo en el espejo por encima de su capa.
Él hizo una mueca. Cabello alborotado, la capa torcida, la camisa de muselina húmeda. -Querido Dios -murmuró-. No es de extrañar que el vendedor de lavanda casi dejara caer su canasta cuando me vio fuera de Angelo’s.
Heath se echó a reír. -Es posible que desees desdoblar los puños de tu camisa. No me veo mucho mejor que tú, me temo. De hecho, voy a dejarte por un momento para cambiarme. Hay brandy en el gabinete. Yo prefiero un café. Llamaré a Hamm.
Adrian se quedó de pie en el centro de la habitación durante unos instantes. No podía creer en realidad que Heath lo hubiera dejado solo. Por supuesto el tipo era muy listo, sabía que Adrian apenas podía acercarse a Emma luciendo como si acabara de sobrevivir a una pelea callejera.
Se quedó mirando la puerta cerrada, alisando lentamente sus puños, poco a poco perdiendo la batalla contra el sentido común. Se preguntó si podía verla sin que ella lo viera. Sólo un atisbo de ella. Después de todo, ella lo cuidó cuando él se había visto mucho peor, ¿no lo había hecho?
La puerta se abrió. Hamm, el sirviente gigantesco quien había servido en la guerra bajo la autoridad de Heath, apareció. -¿Puedo traerle algo, milord?
Adrian vaciló. -Café, por favor, para Lord Heath.
– ¿Nada más?
– No. A menos que… a menos que las damas se unan a nosotros.
Las cejas desaliñadas de Hamm se levantaron. -¿Las damas, mi lord?
– Sí. -Adrian se encogió de hombros con indiferencia-. La esposa del Lord Heath. Y su hermana. Es posible que ellas quieran tomar el té.
– Ah. -Hamm asintió con la cabeza comprendiendo-. Creo que las damas han ido de compras.
– Ya veo. -Y, al parecer, también lo hizo el lacayo. Adrian se sintió de pronto como el mayor idiota de toda Inglaterra. ¿Por qué alguna vez le prometió a Emma no pretenderla abiertamente?
Hamm se inclinó. -Voy a traer el café, milord.
Adrian se quitó la capa cuando la puerta se cerró y se había dado cuenta de que aún llevaba la espada cuando escucho un grito apagado de la parte trasera de la casa. No se le ocurrió hacer caso omiso, a pesar de que ni Emma ni Julia estaban en la casa.
Pero el grito, que tenía una nota de alarma real, había sido definitivamente emitido por una mujer.
Salió de la sala, esperando completamente que pudiera descubrir nada más peligroso que una de las estudiantes de Emma de pie sobre una silla, porque un ratón se había tropezado con su zapatilla.
Y probablemente alcanzaría el infierno si Emma lo atrapaba haciendo otra aparición indecorosa en su academia.
Emma casi dejó caer su manual de etiqueta ante el grito efímero que surgió de la biblioteca detrás de ella. Harriet otra vez, pensó exasperada. ¿Qué desastre habría hecho esta vez para hacer tanto alboroto?
Ella no podía confiar en esa chica Gardner durante una hora. Fue una suerte que hubiese decidido en el último momento no acompañar a Julia de compras hoy, aunque Emma no podía decir con honestidad que lo había hecho por un motivo noble.
Le gustaba comprar un sombrero nuevo tanto como a cualquier otra mujer; Charlotte y la señorita Peppertree podrían manejar la academia durante unas horas. El hecho, sin embargo, era que se había quedado en casa con la secreta esperanza de que Adrian podría hacer una visita a su hermano.