Su admiración no le impidió su propósito. De hecho, sólo lo hizo más decidido a ganar.
Él no estaba muy seguro de cómo hacerlo.
Eran cuatro hermanos Boscastle contra él. Es evidente que necesitaba un aliado poderoso. Y un plan de acción más audaz.
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CAPÍTULO 14
El carruaje brillante de Heath rodaba por las relucientes calles empedradas de la ciudad. Los tres hermanos que iban adentro miraban atrás, en silencio, al museo que iba desapareciendo, hasta que Devon tiró sus guantes de cuero negro sobre asiento disgustado, por no decir derrotado.
– Esto se está poniendo un poco ridículo. No podemos seguir a Emma a todas partes. Está planeando ir a la exposición de trabajos de agujas flamencos esta tarde en la Plaza Cavendish. Un hombre tiene su orgullo.
– Dios mío -murmuró Drake-. Yo creía que la alfarería antigua era más que suficiente.
– Por lo menos no tuviste que comprar encaje rosado en público -Heath comentó secamente-. Y mañana en la mañana la invitaron a inspeccionar un colegio parroquial para los niños de las prostitutas solteras.
– Bueno, no cuenten conmigo para eso -dijo Devon-. Creo que Chloe la acompañará.
Heath resopló. -Y como todos recordamos, Chloe no sabe absolutamente nada de asuntos ilícitos y de alejarse de hombres peligrosos. En todo caso, Chloe va a empujar a Emma justo a los brazos de Adrian.
– Bueno, no podemos acompañarla siempre en todas esas incursiones -murmuró Devon-. Me estoy empezando a sentir como mi tía viuda. Aun más, creo que Jocelyn está empezando a sospechar que no ando en nada bueno.
Heath suspiró. -Debemos seguir con esto solo hasta que Grayson vuelva y tengamos un foro para decidir qué acción tomar.
– Nuestra presencia no parece haber disuadido a Wolf a mantenerse alejado de ella -dijo Drake.
Heath se rió.
– Tal vez ni él mismo pueda evitarlo.
Drake le dio una gran sonrisa.
– Emma y Wolf. Es el polo opuesto a nuestra hermana. La antítesis de todo lo que ella quiere.
– En realidad no lo es -dijo Heath pensativamente-. Un día él será duque, y si lo pulen un poco, ¿quién sabe? No hace mucho, nadie hubiese apostado a que ninguno de nosotros se reformaría.
– Hasta donde yo puedo decir, ella está haciendo todo para no hablarle -dijo Devon poniendo los brazos atrás de la cabeza-. En todo caso, ¿Cuándo vuelve Grayson?
Heath corrió la cortina. -Esta noche, si la tormenta no empeora.
Jane, la marquesa de Sedgecroft y joven matriarca del clan Boscastle debido al matrimonio, había llegado a su residencia de Londres dos horas antes que su esposo, Grayson. Ya estaba oscuro cuando había dejado a su hijo Rowan en la pieza de los niños con su niñera, la Sra. O’Brian.
Apenas había tenido tiempo para recuperarse con una taza de café con un poco de brandy, cuando volvió a salir en su pequeño carruaje para ir a la casa de su cuñado. Esperaba que Heath no estuviera en casa, pero incluso si estaba, sería más seguro sostener una reunión con las damas allí que en casa, donde Grayson era capaz de irrumpir e interrumpir.
Además la esposa de Heath, Julia, había llamado a esta reunión de emergencia. Tal vez la misma Emma asistiría, aunque Jane más bien lo dudaba.
El mensaje de Julia insistía en el secreto y sugería pánico. Jane concluyó que no había un momento que perder.
Era verdad, el saludo inicial de Julia en la puerta, reforzó sus sospechas.
– Gracias a Dios que estás aquí, Jane. Rápido. ¡Rápido! Al salón familiar.
Jane se iba despojando de su capa y de sus guantes, mientras seguía a la mujer más alta a la escalera privada a un lado de la casa. -Qué intriga. ¿No habría más privacidad en tu pieza?
– No de mi esposo -dijo abruptamente.
– Ah.
– Quiero decir…
– Las explicaciones no son necesarias, Julia. Yo también estoy casada con un Boscastle. -Y eran una raza de sangre caliente, incluyendo a los miembros femeninos de la familia, una de las cuales estaba esperando en el salón iluminado por las velas.
Chloe Boscastle, la hermana menor de Emma, de pelo negro, se levantó de su sillón para abrazar a Jane. Chloe misma no desconocía la mala reputación. De hecho, se había casado con el amigo más antiguo de Adrian, el sombrío Dominic Breckland, Vizconde Stratfield, después de un romance que se había encendido cuando ella lo había encontrado medio muerto, escondido en su armario.
Sentadas cómodamente en un sofá atrás de Chloe, estaban Charlotte, la prima de Emma; la joven esposa de Devon, la ex Jocelyn Lydbury; y la esposa de Drake, una institutriz en el pasado, Eloísa.
La tía de Julia, Hermia, estaba sentada en el sillón francés cerca del fuego. Aunque se asociaba con los Boscastles solo a través del matrimonio de su sobrina Julia con Heath, el clan entero la había adoptado extraoficialmente. Su entusiasmo por la vida y su tendencia a los problemas, le habían ganado un lugar favorito. El verdadero amor de su vida, el Conde de Odham, le había sido infiel hacía muchos años, y todavía estaba tratando de lograr su perdón.
– ¿Cómo está tu encantador hijo, Jane? -Hermia preguntó afectuosamente.
– Tan gordito y vivaz como siempre.
– Siempre tan travieso, ¿verdad? -Hermia preguntó con aprobación.
Jane suspiró.
– Especialmente cuando Grayson juega con él.
Hermia sonrió por lo bajo.
– Me encantaría pintarlo como el joven Cupido para agregarlo a nuestra colección.
– Me imagino que te estás refiriendo a Rowan, no a mi marido. -Jane tomó el vaso de oporto que Julia le pasó. Todas las mujeres habían estado bebiendo unas copas desde el final de la tarde, una clara indicación de su preocupación-. Parece que llegué de Kent justo a tiempo.
– Todo depende -dijo Julia-. Incluso puede que sea demasiado tarde para frustrar los planes de nuestros análogos masculinos.
Hermia dejó su vaso en la mesa.
– ¿Demasiado tarde para qué? Solo son como las diez. En mi día, el entretenimiento de la noche ya estaría pasando. Vosotras, las mujeres jóvenes, parece que fuisteis alimentadas con espuma.
– Me refiero a la situación que se ha producido entre Emma y Adrian Ruxley -dijo Julia molesta-. ¿Nunca me prestas atención, tía Hermia?
Chloe, que había estado jugando inconscientemente con su brazalete de perlas, levantó la vista con una expresión de incredulidad.
– ¿Emma? ¿Adrian? ¿Una situación? Esto es demasiado delicioso.
Eloise Boscastle, la antigua institutriz que una vez había tenido esperanzas de trabajar en la apreciada academia de Emma antes de casarse y formar parte de la familia, parecía horrorizada. -¿Lady Lyons y ese… mercenario? Tienes que estar equivocada.
– Por supuesto que está equivocada -dijo Jocelyn, casi ahogándose con su jerez-. Emma y Lord Wolverton es la pareja más inverosímil de todo Londres.
– De toda Inglaterra -la corrigió feliz, Chloe.
– De toda Europa, en todo caso -dijo Eloise, claramente en defensa del ideal a quién ella todavía tenía en su corazón como el ejemplo sin manchas de todo lo que una dama debiese aspirar ser. En realidad, no era ningún secreto para la familia del gran respeto que Eloise sentía por Emma hacía años.
– Julia, tienes que hablarnos claramente -dijo Jane-. Si este es un asunto sobre el cual nos vemos obligadas a actuar, no hay que cortar las palabras. Todo lo que sé es que Adrian salió al rescate de Emma, en una boda. Tal vez no en la más graciosa de las formas, pero…
– Ya es demasiado tarde -irrumpió Charlotte Boscastle, con mucha calma.
Jane tomó aliento.
– Ya veo. ¿Entonces cómo está, exactamente, la situación entre nuestros dos… podría atreverme a decir… amantes?
– Yo diría que la situación está en un estancamiento total -respondió Charlotte-. No creo que en estos días Emma pueda dar un solo paso sin que uno de mis primos no esté mirando sobre el hombro de ella.