"Agente secreto, dijo quedamente Brian.
"Escogemos gente capaz de pensar sobre la marcha, que se maneje sola y que no se desmaye cuando ve sangre. Ustedes dos han matado. En ambos casos, se enfrentaron a lo inesperado y ambos manejaron la situación eficientemente. Ninguno tuvo remordimientos. Esa será su tarea".
"Con qué protección contaremos?", preguntó el del FB!.
"Como en el juego del Monopoli: toca una tarjeta de salga-de-la-cárcel gratis a cada uno".
"Y una mierda", dijo Dominic. "Eso no existe".
"Un indulto presidencial firmado", aclaró Alexander.
"Embromar Brian pensó por un momento. "Fue el tío Jack, ¿verdad?"
"No puedo responder a eso, pero si quieren, pueden ver sus permisos antes de ponerse en acción"
Alexander puso su taza de café sobre la mesa. "Bien, señores. Tienen unos días para pensarlo, pero tienen que tomar una decisión. No Es pido poca cosa. Esto no será entretenido, fácil ni agradable, pero será una tarea en servicio de su país. Es un mundo peligroso. Hay alguna gente con la que será necesario tratar en forma directa",
"Y si eliminamos a la persona equivocada?"
"Dominic, eso puede llegar a ocurrir, pero, se trate de quien se trate, te prometo que nunca te ordenaremos que mates al hermanito menor de La Madre Teresa. Somos muy cuidadosos al escoger nuestros objetivos. Sabrán quién es, además de cómo y por qué deben hacerlo antes de partir a la misión".
"Hay que matar mujeres?", preguntó Brian. Eso no hacía parte de la ética de la infantería de marina.
"Hasta donde sé, eso no ocurrió nunca, pero, en teoría, es posible. así que si con esto es suficiente para el desayuno, los dejo para que lo piensen".
"Caray", dijo Brian una vez que Alexander dejó la habitación. "¿Cómo será entonces el almuerzo?"
"Te sorprende?"
"No del todo, Enzo, pero la forma en que lo dijo…
"Eh, hermano ¿cuántas veces te preguntaste por qué no podíamos encargarnos nosotros mismos de las cosas?"
"Tú eres el poli, Enzo. Se supone que tú eres el que tiene que decir a la mierda, lo recuerdas?"
"Sí, pero ése que maté en Alabama… Bueno, ahí me pasé un poquito de la raya, ¿sabes? Durante todo el camino a DC me pregunté cómo se lo explicaría a Gus Werner. Pero ni parpadeó".
"Así que, ¿qué piensas?"
– Aldo, quiero escuchar más. En Texas dicen que hay más hombres que merecen morir que caballos que merecen ser robados".
Esta inversión de sus papeles le resultó más que sorprendente a Brian, y al cabo, él era el temerario infante de marina. Enzo era quien estaba entrenado para leerles sus derechos a los tipos antes de esposarlos.
Que ambos hubieran podido matar sin que ello Es produjera pesadillas no le parecía raro, pero esto era ir un poco más lejos. Era asesinato premeditado. Brian solfa ir al frente con un francotirador de primera bajo sus órdenes y sabía que lo que hacía en esas ocasiones no era muy distinto de asesinar. Pero vestir de uniforme hacía que las cosas fueran diferentes. Es confería una suerte de autorización moral. El blanco era un enemigo, y en el campo de batalla cada uno tenía la obligación de cuidar su propia vida y si no lo hacía, bueno, la culpa era suya, no del que lo mataba. Pero esto iba más allá. Perseguirían a individuos con la deliberada intención de matarlos y no lo habían educado ni entrenado para eso. Iría vestido de civil -y matar gente de esa manera hacía que fuese un espía, no un oficial del Cuerpo de infantería de marina de los Estados Unidos. Eso era honroso; lo otro, poco y nada, o así al menos lo había acostumbrado a pensar su entrenamiento. El mundo ya no tenía un Campo de Honor y la vida real no era un duelo en el que los contendientes tenían idénticas armas y un campo abierto donde usarlas. No, lo habían entrenado para planificar sus operaciones de modo de no darle oportunidad al enemigo, porque tenía bajo sus órdenes a hombres cuyas vidas había jurado preservar. El combate tenía reglas. Sin duda, reglas duras, pero reglas al fin. Ahora, se le pedía que las dejase de lado y se convirtiera en… ¿qué? ¿Un asesino a sueldo? ¿Los dientes de una fiera imaginaria? ¿El vengador enmascarado de una vieja película que daban en la televisión de trasnoche? Eso no encajaba en su prolija visión de lo que era el mundo real.
Cuando lo destinaron a Afganistán, no había… ¿no había qué? No se había hecho pasar por alguien que vendía pescado por las calles de la ciudad. No había calles de la ciudad en esas condenadas montañas. Había sido más bien como una partida de caza mayor en la que las presas también tuvieran armas. Y una cacería como ésa era honrosa, y por sus esfuerzos, se había ganado la aprobación de su patria: una condecoración al valor, que podía exhibir, o no.
En conjunto, era mucho para analizar mientras tomaba su segunda taza de café de la mañana.
"Caray, Enzo", susurró.
"Brian, ¿sabes cuál es el sueño de todo policía?", preguntó Dominic.
"¿Violar la ley sin ser castigado?"
Dominic negó con la cabeza. "Hablé con Gus Wemer. No, no de violar la ley, sino, por una vez ser la ley. Ser la Espada Vengadora de Dios, fue lo que él dijo; abatir a los culpables sin abogados ni otra mierda que se interponga en tu camino, ver cómo se hace justicia por ti mismo. Dicen que no ocurre muy a menudo, pero, sabes, fue lo que hice en Alabama y fue una buena sensación. Sólo tienes que estar seguro de que estás matando a quien debes"
"¿Cómo puedes estarlo?", preguntó Aldo. "Si no lo estás, no llevas a cabo la misión. No pueden ejecutarte por no cometer un asesinato, hermano:'
"De modo que se trata de asesinato".
"No, si el tipo se lo merece". Era una cuestión de estética, pero tenía Importancia para alguien que ya había asesinado al amparo de la ley sin experimentar remordimientos.
"De inmediato?"
"Sr. ¿Cuántos hombres tenemos ya?", preguntó Mohammed.
"Dieciséis".
"Ajá". Mohammed tomó un sorbo de buen vino blanco del valle del Loira. Su interlocutor bebía Perrier con limón. "Habilidades lingüísticas?
"Creemos que suficientes".
"Excelente. Diles que se preparen para viajar. Irán por avión a México. allí se encontrarán con nuestros nuevos amigos e irán a los Estados Unidos. Una vez que estén allí harán su tarea".
"Insh'Alá", observó. Si Dios quiere.
"Sí, si Dios quiere", dijo Mohammed en inglés para recordarle a su interlocutor qué idioma debían usar.
Estaban en una mesa de la acera de un restaurante que daba al río, a un costado, lejos de los demás parroquianos. Ambos hablaban en tono normal, dos hombres bien vestidos compartiendo una amigable cena, sin inclinarse ni adoptar un aire conspirativo. Ello requería cierta concentración, pues, dadas sus actividades, era natural tomar una actitud conspirativa, Pero ambos estaban familiarizados con ese tipo de reunión.
"Cómo fue matar al judío de Roma?"
"Muy satisfactorio, Ibrahim, sentir cómo se aflojó su cuerpo cuando le corté la médula y luego la expresión de sorpresa en su rostro".
Ibrahim sonrió alegremente. No siempre había ocasión de matar a un oficial del Mossad, menos aún si era un jefe de estación. Los israelíes siempre serían sus enemigos más odiados, aunque no los más peligrosos. Dios fue bueno con nosotros ese día".
La misión Greengold había sido un ejercicio recreativo para Mohammed Ni siquiera había sido estrictamente necesario. Orquestar los encuentros y suministrarle información jugosa al israelí había sido… divertido- Ni siquiera demasiado difícil. Aunque no podría repetirse muy pronto. No, pasaría un buen tiempo hasta que el Mossad Es permitiera a sus oficiales hacer nada sin supervisión. No eran tantos y aprendían de sus errores. Pero matar un tigre era, en sí, satisfactorio. Lástima que no tuviera piel. Pero ¿dónde la hubiera colgado? Ya no tenía un hogar fijo, sólo una serie de casas seguras que podían o no ser totalmente seguras. Pero uno no podía preocuparse por todo. De ser así, nunca haría nada. Mohammed y sus colegas no le temían a la muerte, sólo al fracaso. Y no tenían intención de fracasar.