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"Desde ya que no. De modo que se mantendrán a distancia hasta el momento de actuar. Entonces, se moverán lo más rápido que sea posible…"

"ay eliminamos al tipo?"

"Aún te incomoda eso?"

"Aún no renuncié, Pete. Por ahora, digamos que me preocupa".

Alexander asintió. "Es justo. Preferimos gente que sepa pensar, y sabemos que pensar acarrea sus condenas propias".

"Supongo que ésa debe de ser la forma de ver esto. ¿y si el tipo que se supone que debemos sacar de en medio resulta ser inofensivo?", preguntó el infante de marina.

"Entonces se retiran y se reportan en la base. Existe la posibilidad teórica de que una misión sea errónea, pero hasta donde yo sé, ello nunca ocurrió".

"¿Nunca?"

"Nunca, ni una vez", le aseguró Alexander.

"La perfección me pone nervioso".

"Tratamos de ser cuidadosos".

"¿Cuáles son las reglas? De acuerdo, tal vez no necesito saber -por ahora- quién nos envía a matar a alguien, pero, sabe, me gustaría saber cuales son los criterios para firmarle la sentencia de muerte a un tipo".

"Se tratará de alguien que, directa o indirectamente, haya provocado la muerte de ciudadanos estadounidenses, o está directamente involucrado en planes para hacerlo. No apuntamos a la gente que canta demasiado fuerte en la iglesia o tarda en devolver libros a la biblioteca".

"Habla de terroristas, ¿no?"

"Sr.', respondió Pete simplemente".

"Por qué no arrestarlos?", preguntó Brian.

"Como tú hiciste en Afganistán?"

"Eso era distinto", protestó el infante de marina.

"¿En qué?", preguntó Pete.

"Bueno, para empezar, éramos combatientes uniformados en operaciones y bajo las órdenes de una autoridad de mando legalmente constituida".

"Tú actuaste por iniciativa propia, ¿no?"

"Se supone que los oficiales deben usar la cabeza. Sin embargo, las órdenes generales para mi misión provenían de la cadena de mandos".

"ay no las cuestionaste?"

"No. A no ser que estés loco, no haces eso".

"ay qué ocurre cuando no hacer algo es la locura?", preguntó Pete. "Qué ocurre si se te presenta la oportunidad de hacer algo contra personas que planean hacer algo muy destructivo?"

"Para eso están la CIA y el FBI".

"Pero cuando por una u otra razón no pueden cumplir con su tarea ¿qué ocurre? ¿Dejas que los malos sigan adelante con sus planes y luego te encargas de ellos? Eso puede costar caro",le dijo Alexander. "Nuestra tarea es hacer lo que se debe cuando los métodos convencionales no alcanzan para cumplir la misión".

"Con qué frecuencia?" Éste era Dominic, que buscaba proteger a su hermano.

"Cada vez más".

"Cuántas eliminaciones han hecho?", preguntó Brian.

"No necesitas saberlo".

"Oh, me encantaría oír eso", observó Dominic con una sonrisa.

"Paciencia, muchachos, todavía no están en el club", Es dijo Pete, esperando que fueran lo suficientemente inteligentes como para no objetar ese punto.

"De acuerdo, Pete': dijo Brian tras pensar por un momento. "Ambos dimos nuestra palabra de que las cosas de que nos enteremos mientras estemos aquí, aquí quedan. Muy bien. Lo que ocurre es que asesinar gente a sangre fría no es exactamente lo que me entrenaron para hacer, ¿sabes?"

"No se supone que debas disfrutarlo. En Afganistán, ¿alguna vez le disparaste al que estuviese mirando para otro lado?"

"Dos", admitió Brian. "Pero el campo de batalla no son los Juegos Olímpicos", protestó a medias.

"Tampoco lo es el resto del mundo, Aldo". La expresión del rostro del infante de Marina decía ahí me pillaste. "Es un mundo imperfecto, amigos. Si quieren hacerlo perfecto, adelante, ya se ha intentando antes. En lo que a mí respecta, me basta con hacerlo más seguro y predecible. Imaginen que alguien hubiese sacado de en medio a Hitler en 1934 o a Lenin, en Suiza, en 1915. El mundo habría sido mejor, ¿verdad? O tal vez malo de otra forma. Pero no nos dedicamos a ese negocio. Lo nuestro no es el asesinato político. Nuestra presa son los pequeños tiburones que matan inocentes en formas que eluden los procedimientos convencionales para detenerlos. No es el mejor sistema. Lo sé. Todos lo sabemos. Pero es algo, y vamos a probar si funciona. No puede ser mucho peor que lo que ya tenemos ¿no?"

Durante este discurso, los ojos de Dominic no se despegaron del rostro de Pete. Es acababa de decir algo que tal vez no había tenido intención de decir. El Campus aún no tenía asesinos. Serían los primeros. Debía de haber muchas esperanzas centradas en ellos. Eso implicaba mucha responsabilidad. Pero tenía sentido. Estaba claro que Alexander no Es enseñaba a partir de su propia experiencia en el mundo real. Se suponía que un oficial de entrenamiento era alguien que había llevado a cabo lo que enseñaba. Por eso, la mayor parte de los instructores de la academia del FBI eran agentes con experiencia de campo. Podían explicar cómo era estar allí. Pete sólo Es podía decir qué hacer. Pero entonces ¿por qué los habían escogido a él y a Aldo?

"Entiendo lo que quieres decir, Pete", dijo Dominic. "Aún no me voy".

"Tampoco yo", le dijo Brian a su oficial de entrenamiento. "Sólo quiero saber cuáles son las reglas".

Pete no Es dijo que irían haciendo las reglas sobre la marcha. No tardarían en darse cuenta solos de que era así.

Los aeropuertos son iguales en todo el mundo. Como estaban entrenados para demostrar buenos modales, todos despacharon su equipaje, esperaron en las salas de espera adecuadas, fumaron sus cigarrillos en los lugares autorizados y leyeron los libros que adquirieron en los kioscos del aeropuerto. O fingieron que lo hacían. Una vez llegados a la altura de crucero, comieron sus comidas de avión y casi todos ellos durmieron su siesta de avión. Casi todos iban sentados en los últimos asientos de la fila y cuando alguno se movía, pensaban a cuáles de sus compañeros de asiento volverían a encontrar en los próximos días o semanas, o cuanto fuera que tardaran en tener todos los detalles a punto. Todos ellos esperaban conocer pronto a Alá y recoger las recompensas ganadas combatiendo por la Santa Causa. A los más intelectuales Es daba por pensar que hasta Mahoma, las bendiciones y la paz fueran con él, no había descrito con gran precisión la naturaleza del paraíso. Se lo había explicado a personas que no conocían los aviones de pasajeros a reacción, los automóviles ni las computadoras. ¿Cuál era, entonces, su verdadera naturaleza? Debía ser tan maravilloso que desafiaba toda descripción, pero así y todo, era un misterio, y ellos lo descubrirían. Ese pensamiento tenía algo excitante, una suerte de expectativa demasiado sublime para discutirla con los demás. Un misterio, pero un misterio infinitamente deseable. y si, como consecuencia de lo que harían, otros debían ir también a reunirse con Alá, bueno, eso también estaba escrito en el Gran Libro del Destino. Por el momento, todos dormitaban, dormían el sueño de los justos, el sueño de los futuros Santos Mártires. Leche, miel y vírgenes.

Jack descubrió que había algo misterioso en Sali. El legajo de la CIA hasta especificaba el largo de su pene en la sección "Seso y Sexo".Las putas británicas afirmaban que era de tamaño absolutamente promedio, pero de aplicación inusualmente vigorosa -y que dejaba buenas propinas, lo cual lo hacía atractivo a sus sensibilidades comerciales. Pero, a diferencia de la mayor parte de los hombres, no hablaba mucho de sí mismo. Más que nada, hablaba de la lluvia y el frío de Londres y alababa a su ocasional compañera, halagando así su vanidad. Que regalara cada tanto un lindo bolso -Louis Vuitton, casi siempre les agradaba a sus chicas habituales, dos de las cuales informaban a Thames House, nueva sede del Servicio Secreto y el Servicio de Seguridad Británico. Jack se preguntó si recibirían su paga por servicios prestados por parte de Sali y del gobierno de Su Majestad. Probablemente era buen negocio para las chicas, aunque seguramente Thames House no regalaría zapatos ni bolsos.