En el camino al hotel, el chofer continuó en silencio. 'Esto los impresionó favorablemente. Si no hay nada que decir, hay que quedarse callado.
Como era de esperar, el hotel era bueno. Mustafá se registró con la falsa tarjeta Visa que había enviado anticipadamente por fax y cinco minutos después, su amigo y él estaban en una espaciosa habitación del quinto piso. Buscaron micrófonos ocultos en los lugares más obvios antes de hablar.
"Pensé que ese maldito vuelo nunca terminaría", refunfuño Abdulá, buscando agua embotellada en el minibar. Es habían indicado que tuviesen cuidado con el agua corriente.
"Lo mismo me ocurrió a mí. ¿Qué tal dormiste?"
"No muy bien. Creí que lo bueno del alcohol es que te deja inconsciente".
"A algunos, no a todos", le dijo Mustafá a su amigo. "Para eso hay otras drogas".
"Ésas son abominables a los ojos de Dios", observó Abdulá, "a no ser que las suministre un médico".
"Ahora tenemos amigos que no piensan así".
"Infieles", casi escupió Abdulá.
"FI enemigo de nuestro enemigo es nuestro amigo". Abdulá abrió una botella de Fvian. "No. Se puede confiar en un verdadero amigo. ¿Podemos acaso confiar en estos hombres?"
"Sólo cuanto debamos", concedió Mustafá. Mohammed había sido cuidadoso al instruirlos para esa misión. Sus nuevos aliados los ayudarían sólo por conveniencia, porque también ellos querían dañar al Gran Satán. Por ahora, bastaba con eso. Algún día, esos aliados se convertirían en enemigos y deberían lidiar con ellos. Pero ese día aún no había llegado. Ahogó un bostezo. Era hora de descansar. Mañana sería un día atareado.
Jack vivía en un condominio en Baltimore, a pocas cuadras de Oriole Park en Candem Yards, para el cual tenía billetes para la temporada, pero que esta noche estaba a oscuras, pues los Orioles estaban en Toronto. Como no era buen cocinero, comió afuera, como acostumbraba, aunque esta vez no tenía una amiga que lo acompañase, lo cual, muy a su pesar, también era lo habitual. Terminó de comer y se dirigió a su casa, encendió el televisor, cambió de idea y fue a su computadora y se conectó para ver si tenía correo y para navegar por la web. Allí fue cuando se hizo un recordatorio mental. Salí también vivía solo, y aunque a veces lo acompañaban putas, ello no ocurría cada noche. ¿Qué hacía todas las noches? ¿Se conectaba con su computadora? Muchos lo hacían. ¿Los británicos tendrían intervenida su línea de teléfono? Seguramente. Pero el legajo de Salí no decía nada acerca de su correo electrónico… ¿por qué? Valía la pena verificarlo.
"Qué piensas, Aldo?", le preguntó Dominic a su hermano. Transmitían un partido de béisbol por ESPN, Mariners -que iban perdiendo- contra Yankees.
"No estoy seguro de que me guste la idea de pegarle un tiro a un pobre tipo por la calle, hermano".
"ay si sabes que es malo?"
"ay qué pasa si matas a otro porque conduce un auto igualo sus bigotes se parecen? ¿Qué si deja mujer e hijos? Eso me convertiría en un jodido asesino, un asesino a sueldo, por cierto, Sabes, no es la clase de cosa que nos enseñaron en entrenamiento básico",
"Pero qué ocurre si sabes que es malo?", preguntó el agente del FBI.
"Eh, Enzo, tampoco fui entrenado para un caso así'.
"Lo sé, pero ésta es otra situación. Si sé que el tipo es un terrorista, y sé que no puedo arrestarlo, y sé que tiene más planes, creo que podría hacerlo",
"En las montañas, en Afganistán, nuestra información no siempre era irreprochable. Seguro, aprendí a jugarme el culo, pero el mío, no el de otro pobre infeliz".
"La gente contra la que peleabas ahí ¿a quién habían matado?"
"Eh, eran parte de una organización que está en guerra con los Estados Unidos de Norteamérica. Probablemente no eran boy scouts, Pero nunca vi evidencia directa de que esto fuese así'.
"ay si la hubieses visto?", preguntó Dominic.
"No fue así'.
"Eres afortunado", dijo Dominic, recordando a la niñita cuya garganta había sido cortada de oreja a oreja. Un adagio legal afirmaba que los casos duros hacen que la ley sea dura, pero los libros no podían prever todo lo que la gente era capaz de hacer. A veces, la tinta negra sobre papel blanco era algo un poco demasiado seco para el mundo real. Pero, de los dos, el apasionado siempre fue él. Brian siempre había sido un poco más frío, como el Fonzie de Happy Days. Gemelos, sí, pero algo distintos. Dominic era más parecido a su padre, italiano y apasionado. Brian había resultado más parecido a su madre, más frío, como consecuencia de un clima que también lo era, Para alguien que los viera desde fuera, esas diferencias no parecían poca cosa, pero para los gemelos eran frecuente motivo de bromas y chanzas. "Cuando lo ves, Brian, cuando lo tienes ante tus ojos, te dispara, hermano. Te enciende un fuego por dentro",
"Eh, estuve allí, hice lo que había que hacer, lo viví, ¿sabes? Maté cinco hombres yo mismo. Pero era trabajo, no era personal. Trataron de emboscamos, pero no habían leído bien el manual y empleé fuego y maniobras para engañarlos, hacerlos salir y matarlos, tal como me enseñaron. No es mi culpa si eran ineficaces. Se podrían haber rendido, pero prefirieron tirotearse. Eligieron mal, pero 'un hombre debe hacer lo que le parece mejor". Su película favorita era Hondo, de John Wayne.
"Eh, Aldo, no digo que seas un mariquita".
"Sé lo que dices pero, sabes, no quiero llegar a ser como ellos, ¿de acuerdo?"
"Esta misión no se trata de eso, hermano. Yo también tengo mis dudas, pero voy a continuar con esto hasta ver cómo resulta. Podemos irnos en cuanto queramos".
"Supongo".
En la pantalla, Derek Jeter se dobló en dos. Para los lanzadores, él era un terrorista.
Al otro lado de la casa, Peter Alexander hablaba a Columbia, Maryland, por un teléfono seguro.
"Cómo vamos?", preguntó Sam Granger del otro lado de la línea.
Peter tomó un sorbo de jerez. "Son buenos chicos. Ambos tienen dudas. El infante de marina las expresa abiertamente, y el del FBI mantiene la boca cerrada, pero de a poco las ruedas van girando".
"Cuán serio es esto?"
"Es difícil saberlo. Mira, Sam, siempre supimos que el entrenamiento sería lo más difícil. Pocos estadounidenses aspiran a ser asesinos profesionales, al menos no los que nosotros necesitamos para esto".
"Había un tipo en la Agencia que hubiera sido ideal."
"Pero es demasiado viejo y lo sabes", contestó Alexander de inmediato. "Además, tiene un trabajo adecuado a su edad en Gales, al otro lado del charco, y parece encontrarse cómodo allí'.
"Si sólo…"
"Si tu tía tuviera pelotas, sería tu tío", señaló Pete. "Seleccionar candidatos es tu trabajo. Entrenarlos es el mío. Estos dos tienen cerebro y tienen habilidades. Lo difícil es el temperamento. Estoy trabajando ese aspecto. Sé paciente".
"En las películas es mucho más fácil".
"En las películas todos son psicópatas fronterizos. ¿Quieres a ésos como empleados?"
"Supongo que no". Había muchos psicópatas. Todo departamento de policía importante conocía varios, y mataban gente a cambio de sumas modestas o de pequeñas cantidades de drogas. El problema con esa gente era que no era buena para seguir órdenes, ni muy inteligente. ¿Dónde estaba esa chica Nikita ahora que la necesitaban?
"De modo que debemos lidiar con gente buena, confiable, con cerebro. y la gente así piensa, y lo que piensa no siempre se puede predecir, ¿no? Es bueno contar con un tipo con conciencia, pero cada tanto se preguntará si lo que hace está bien. ¿Por qué tuviste que enviar dos católicos? Ya los judíos son un problema. Nacen con culpa. Pero los católicos la aprenden en la escuela".