"Eh, Aldo, eso sólo sirve para que seas blanco fácil", le advirtió Dominic.
"Ah sí?" Brian disparó tres tiros en rápida sucesión y obtuvo tres satisfactorias campanadas como resultado. "Es difícil disparar con un tiro entre las cejas; ¿no te parece hermano?"
"ay ¿qué es esta mierda de un-tiro/una-baja? Si vale la pena balear algo una vez, valdrá la pena balearlo dos".
"Cuántos le metiste a ese hijo de puta de Alabama, hermano?"
"Tres. No quise correr riesgos", explicó Dominic.
"Tú lo has dicho, hermano. Eh, déjame probar tu Smith".
Dominic descargó su arma antes de pasársela. Le entregó el cargador, aparte. Brian la accionó descargada unas cuantas veces para acostumbrarse a cómo se sentía, luego cargó y disparó. Su primer disparo hizo resonar una de las dianas de cabeza. El segundo también. El tercero fa 116, pero no el cuarto, un tercio de segundo más tarde. Brian devolvió el arma. "Se siente distinta", explicó.
"Te acostumbras", aseguró Dominic.
"Gracias, pero prefiero contar con seis tiros más en el cargador".
"Cuestión de gustos".
"De todas maneras, ¿para qué tanta práctica de disparar a la cabeza?", se preguntó Brian. "Seguro, si uno está de francotirador, es el mejor modo de aprovechar cada tiro, pero no con pistola".
"Acertarle a un tipo en la cabeza a una distancia de quince metros", respondió Pete Alexander, "es una habilidad que puede resultar útil. No conozco mejor forma de zanjar una discusión".
"De dónde vino usted?", preguntó Dominic.
"No estuviste atento a lo que te rodea, agente Caruso. Recuerda que hasta Adolf Hitler tenía amigos. ¿No te lo enseñaron en Quantico?"
"Bueno, sí', reconoció Dominic, algo alicaído.
"Una vez que eliminas a tu objetivo primario, reconoces el área para ver si no tenía ningún amigo por ahí. O abandonas el sitio lo antes que puedes. O ambas cosas".
"¿Se refiere a huir?", preguntó Brian.
"No si no cuentas con una vía de escape. Hay que retirarse sin llamar la atención. Tal vez entrar en una librería y comprar algo, tomarse un café, lo que sea. La decisión debe estar basada en las circunstancias, pero siempre manteniendo en mente cuál es el objetivo. El objetivo es siempre alejarse del área inmediata tan rápido como lo permitan las circunstancias. Si te mueves demasiado rápido, te harás notar. Si eres lento pueden recordar haberte visto cerca de tu objetivo. Nadie informará sobre alguien a quien no notó. De modo que tienes que ser uno de aquellos que no se notan. Cómo te vistes, cómo actúas sobre el terreno, la forma en que caminas, la forma en que piensas, todas deben estar diseñadas para hacerte invisible", Es dijo Alexander.
"En otras palabras, Pete, lo que dices es que una vez que matemos a esa gente a quienes se nos entrena para asesinar", observó quedamente Brian, "debemos poder escapar para salimos con la nuestra".
"Prefieres que te atrapen?", preguntó Alexander.
"No, pero la mejor forma de matar a alguien es meterle un tiro en la cabeza con un buen rifle desde una distancia de doscientos metros. Eso siempre funciona".
"ay si quieres matarlo de forma en que nadie se entere de que fue asesinado?", preguntó el oficial de entrenamiento.
"Cómo demonios harías eso?", preguntó Dominic.
Llegaron a los restos de alguna clase de vallado. Ricardo no hizo más que atravesarlo, por un agujero que no parecía reciente. Los postes habían estado pintados de un vívido color verde, que la herrumbre había carcomido casi por completo. La cerca en sí estaba en un estado aún más calamitoso. Atravesarla fue el menor de sus problemas. El coyote avanzó unos cincuenta metros más, escogió una gran peña, se sentó, encendió un cigarrillo y tomó un trago de su cantimplora. Era su primer alto. La caminata no había sido difícil, y resultaba evidente que la había hecho muchas veces. Mustafá y sus amigos no sabían que había hecho cruzar la frontera a cientos de grupos por esa misma ruta y que sólo había sido arrestado una vez -cosa que no lo había afectado demasiado, más allá de que hirió su orgullo. En aquella ocasión, también había renunciado a sus honorarios, pues era un coyote honorable. Mustafá se le acercó.
"Tus amigos están bien?", preguntó Ricardo.
"No fue muy exigente", replicó Mustafá, "y no vi serpientes".
"No hay muchas por aquí. La gente las balea, o las mata con piedras. A nadie le agradan mucho las víboras"
"Son realmente peligrosas?" "Sólo si eres imprudente y, aun así, es poco probable que te maten Te sentirás mal durante unos días. Sólo eso, pero hace que caminar sea muy doloroso. Esperaremos aquí unos minutos. Llegamos antes de lo previsto. Ah, por cierto, bienvenido a los Estados Unidos, amigo".
"Esa valla era todo?", preguntó atónito Mustafá.
"Los norteamericanos son ricos e inteligentes, pero perezosos. Mil gente no iría ahí si no fuera porque hay tareas que los gringos son demasiado haraganes para hacer por su cuenta".
"Cuánta gente haces entrar en los Estados Unidos, entonces?"
"Te refieres a mí? Miles. Muchos miles. Me pagan bien. Tengo un buena casa, y otros seis coyotes trabajan para mí. Lo que preocupa a los gringos es la gente que pasa droga por las fronteras, y evito hacerlo. No vale la pena. Dejo que dos de mis hombres lo hagan. Es que se paga muy bien".
"Qué clase de drogas?", preguntó Mustafá.
"La clase por la cual me paguen". Sonrió y tomó otro sorbo de la cantimplora.
Mustafá se volvió hacia Abdulá.
"Creí que sería una caminata difícil", observó su segundo.
"Sólo para los de ciudad", replicó Ricardo. "Éste es mi territorio. Nací en el desierto".
"También yo", observó Abdulá. "Bonito día". No tuvo que añadir que era mejor que estar sentado en la caja del camión.
Ricardo encendió otro Newport. Le gustaban los cigarrillos mentolados, eran más suaves en la garganta. "No hace calor hasta dentro de un mes, tal vez dos. Pero entonces se pone caluroso de verdad y lo prudente es llevar una buena provisión de agua. La madre naturaleza no tiene amor ni piedad", observó el coyote. Sabía dónde había un lugar para tomar una cerveza al fin del camino, antes de dirigirse a FI Paso, al este. Desde allí, regresaría a su confortable hogar en Ascensión, lo suficientemente lejos de la frontera como para no ser incomodado por aspirantes a emigrar, quienes tenían la mala costumbre de robarse lo que Es parecía útil para el cruce. Se preguntó si habría muchos robos del lado gringo de la frontera, pero ése no era su problema, ¿no? Terminó su cigarrillo y se puso de pie. "Tres kilómetros más, amigos".
Mustafá y sus amigos se pusieron en fila y comenzaron el camino hacia el norte. ¿Sólo tres kilómetros más? En su país, caminaban más que eso para llegar a la parada de autobús.
Teclear números en un teclado era más o menos tan divertido como correr desnudo en un jardín de cactus. Jack era de la clase de persona que necesitaba estimulo intelectual, y mientras que hay personas que lo encuentran en la contabilidad investigativa, ése no era su caso.
"Aburrido, ¿eh?", preguntó Tony Wills.
"Terriblemente", confirmó Jack.
"Bueno, ésta es la realidad de la recolección y procesamiento de información de inteligencia. Aun cuando sea información excitante, es una tarea aburrida a no ser que uno realmente le tome el rastro a un zorro particularmente elusivo. En ese caso, puede hasta llegar a ser divertido, pero nunca es como vigilar al sujeto sobre el terreno. Nunca hice eso".
"Tampoco papá", observó Jack.
"Depende de qué historias hayas leído. Tu papi a veces se encontraba en el extremo duro de las cosas. No creo que le haya gustado mucho. ¿Te habló alguna vez de eso?"
"Jamás. Ni una sola vez. Creo que ni mamá sabe nada de eso. Bueno, con excepción del asunto del submarino, pero la mayor parte de lo que sé viene de libros y cosas así. Un día le pregunté a papá y lo único que dijo fue: '¿Crees todo lo que sale en los diarios?' Incluso cuando el ruso ése, Gerasimov, salió por televisión, papá no hizo más que refunfuñar"