Arrojó su cigarrillo por la ventana. En ese momento, lo pasó un auto de policía con franjas azules a los lados. Policía del Estado de Arkansas. Ese parecía un auto veloz, y el hombre que iba dentro tenía un espléndido sombrero de vaquero, pensó Abdulá. Como todos los habitantes del planeta, había visto una buena cantidad de películas estadounidenses, incluidas las de vaqueros, hombres a caballo trabajando con ganado o simplemente disparando sus pistolas en los saloons, arreglando cuestiones de honor. Esa imaginería lo atraía -pero para eso existía, se recordó. Otro intento de los infieles por seducir a los Creyentes. Para ser justo, había que reconocer que las películas estadounidenses estaban hechas para el público estadounidense. ¿Cuántas películas árabes mostraban a Salah ad-Din -que era nada menos que curdo- aplastando a los cruzados cristianos invasores? Se habían hecho para enseñar historia y para estimular la hombría de los hombres árabes para que aplastasen mejor a los israelíes, cosa que, lamentablemente, no ocurría. Posiblemente las películas de vaqueros estadounidenses tuviesen la misma función. Su concepto de la hombría no era tan distinto del de los árabes, con la diferencia de que usaban revólveres, en lugar de la más varonil espada. Claro que la pistola tenía más alcance, de modo que los estadounidenses eran prácticos, además de muy astutos, para pelear. Por supuesto que no más valientes que los árabes, sí más astutos.
Tendría que cuidarse de los estadounidenses y sus armas de mano, se dijo Abdulá. Si alguno de ellos disparase como en las películas de vaqueros, su misión llegaría a un prematuro fin, y eso no debía ocurrir.
Se preguntó qué llevaría en su cinturón el policía del auto blanco ¿dispararía bien? Claro que podían averiguado, pero sólo había una forma de hacerlo y sería arruinar la misión. Abdulá contempló cómo se perdía en la distancia el auto de la policía, y se conformó con mirar pasar acoplados de tractor mientras seguía camino al este a una velocidad pareja de algo más de cien kilómetros por hora, a razón de tres cigarrillos por hora y un estómago que gruñía. SMALL STONE, 30 MILLAS,
"En Langley se están excitando otra vez", le dijo Davis a Hendley,
"¿Qué oíste?", preguntó Gerry.
"Un agente de campo oyó algo extraño de un agente-fuente en Arabia Saudita, Algo acerca de que gente que se sospecha que está en el juego abandonó el país, no se sabe con qué destino, cree que hemisferio occidental, son unos diez",
"¿Cuán firme es esto?", preguntó Hendley,
"Un 'tres' en materia de confiabilidad, aunque es una fuente considerada generalmente buena, algún infeliz de alto rango decidió bajarle la clasificación por razones desconocidas", ese era uno de los problemas que enfrentaba el Campus, dependían de otros para la mayor parte de sus análisis, aunque tenían gente especialmente buena en sus propias oficinas de análisis, el verdadero trabajo se hacía al otro lado del río Potomac y la CIA había tenido sus errores durante los últimos años – mejor dicho, décadas, se recordó Gerry. Nadie acertaba siempre en este mundo y muchos de los burócratas de la CIA estaban demasiado bien pagos, aun tratándose de magros sueldos del gobierno, pero en tanto llevaran adelante bien sus tareas de rutina administrativa, a nadie le importaba o siquiera lo notaba. Lo significativo era que los sauditas deportaban a la gente que les podia traer problemas, permitiéndoles ir a delinquir a otros lugares y, si resultaban atrapados, el gobierno saudita se mostraba ampliamente dispuesto a colaborar, con lo cual cubría todas sus bases con gran facilidad.
"¿Que crees?", le preguntó a Tom Davis.
"Demonios, Gerry, no soy una gitana que lee las manos. No tengo ni bola de cristal ni oráculo délfico", Davis lanzó un suspiro de frustración. "Se le ha notificado a Seguridad Territorial, lo cual implica que también participan el FBI y el resto del equipo analítico pero, sabes, ésta es inteligencia 'blanda'. Nada tangible, tres nombres, sin fotos, y cualquIera puede conseguirse identificación falsa", hasta en las novelas populares explica cómo hacerlo, ni siquiera necesitas ser muy paciente, porque ni un solo estado de la Unión cruza datos de los certificados de nacimiento, de muerte, lo cual sería fácil hasta para los burócratas del gobierno.
"¿Qué ocurre, entonces?
Davis se encogió de hombros. "Lo habitual. A la gente de seguridad de los aeropuertos se le dirá una vez más que se mantenga alerta, y molestarán a más personas inocentes para asegurarse de que nadie trate de secuestrar un vuelo. La policía estará atenta a autos sospechosos, pero ello se refiere a que la gente que conduzca mal será detenida. Ha habido demasiadas falsas alarmas. Incluso a la policía le cuesta tomarse esto en serio y, Gerry, ¿quién puede reprochárselo?"
"De modo que nosotros mismos neutralizamos nuestras defensas".
"A los fines prácticos, sí. Hasta que la CIA cuente con muchos más recursos de campo para identificarlos antes de que lleguen aquí, actuamos de modo reactivo, no proactivo. Qué demonios -sonrió- mi actividad bursátil ha andado bien estas últimas dos semanas". Tom Davis había descubierto que le gustaba mucho el negocio de las finanzas, o al menos, que tenía facilidad para éste. Tal vez haber ingresado en la CIA apenas se graduó en la Universidad de Nebraska había sido un error, se decía cada tanto.
"¿Algún desarrollo del informe de la CIA?"
"Bueno, alguien sugirió retomar contacto con la fuente, pero aún no hay autorización del Séptimo Piso".
"iPor Dios!", exclamó Hendley.
"Eh, Gerry, ¿qué te sorprende? Nunca trabajaste allí, como yo, pero en el Congreso debes de haber visto cosas de este tipo".
"¿Por qué mierda no dejó Kealy a Foley como jefe de la CIA?"
"Tiene un amigo abogado que le cae mejor, ¿recuerdas? y Foley era un agente profesional, y por lo tanto, no confiable. Mira, reconozcámoslo, Ed Foley ayudó un poco, pero arreglar las cosas de veras tomará una década. Ese es uno de los motivos por los que estamos aquí, ¿no?", añadió Davis con una sonrisa. "¿Cómo va el entrenamiento de nuestros aspirantes a asesinos en Charlottesville?"
"El infante de marina todavía sufre de un ataque de conciencia".
"Chesty Puller se debe de estar revolviendo en su tumba", opinó Davis.
"Bueno, no podemos contratar perros rabiosos. Mejor que haga preguntas ahora y no cuando está realizando una misión de campo".
"Supongo que sí. ¿y los juguetes?"
"La semana próxima".
"Ya ha llevado bastante tiempo. ¿Pruebas?"
"En Iowa. Cerdos. Tienen, nos dice nuestro amigo, un sistema cardiovascular semejante al humano".
Qué apropiado, pensó Davis.
Small Stone resultó no ser un problema y, tras virar al suroeste en la 1-40, ahora se dirigían al nordeste. Mustafá estaba otra vez al volante y los dos del asiento trasero dormitaban tras llenarse de sándwiches de rosbif y Coca-Cola.
Más que nada, ahora se aburrían. Nada es cautivante durante más de veinte horas seguidas y ni siquiera soñar con la misión que tendría lugar dentro de un día y medio bastaba para mantenerles los ojos abiertos, de modo que Rafy y Zuhayr dormían como niños exhaustos. Se dirigió al nordeste, con el sol tras su hombro izquierdo, y comenzó a ver indicadores que señalaban la distancia a Memphis, Tennessee. Pensó durante un momento -era difícil pensar con claridad después de pasar tanto tiempo en un auto- y se dio cuenta de que sólo les faltaba atravesar dos estados. Avanzaban lenta pero seguramente. Habría sido mejor tomar un avión, pero pasar sus ametralladoras por los aeropuertos habría sido difícil,. pensó con una sonrisa. Como comandante general de la misión, debía preocuparse por todos los equipos. Por eso había seleccionado para el suyo el objetivo más difícil y distante, para darles ejemplo a los otros. Pero a veces ser el jefe era un dolor de cabeza, se dijo Mustafá mientras se acomodaba en el asiento.