La siguiente media hora pasó fácilmente. Luego atravesaron un puente de considerable tamaño y elevación y un signo que anunciaba al río Mississippi, seguido de un cartel que decía BIENVENIDOS A TENNESSEE, EL ESTADO VOLUNTARIO. La mente de Mustafá estaba confundida con tantas horas al volante, y estuvo a punto de preguntarse qué significaría eso sin llegar a hacerlo. Fuese lo que fuese, para llegar a Virginia debía cruzar Tennessee. Hasta dentro de quince horas no podría descansar. Conduciría hasta llegar a unos cien kilómetros al este de Memphis, luego le pasaría el volante a Abdulá.
Acababa de cruzar un gran río. En todo su país no había ni un solo río permanente, sólo wadis que se desbordaban fugazmente por una rara lluvia pasajera y luego volvían a secarse. América era un país tan rico. Probablemente ésa fuese la fuente de su arrogancia, pero su misión, y la de sus colegas, era hacer descender algunos grados esa arrogancia. Y eso haría, Insh'Alá, en menos de dos días.
Faltan dos días para llegar al paraíso, repetía en su mente.
CAPÍTULO 12 Llegada
Tennessee pasó rápido para quienes dormían en el asiento trasero, pues como Mustafá y Abdulá compartieron el volante durante los trescientos cincuenta kilómetros que separan Memphis de Nashville, Rafi y Zuhaid no hicieron más que dormir. Un kilómetro y tres cuartos por minuto, calculó. Lo que equivalía a… Unas veinticuatro horas más. Pensó aunentar la velocidad, acelerar el viaje, pero no, eso era una estupidez. Correr riesgos innecesarios siempre era una estupidez. ¿No habían aprendido eso de los israelíes? El enemigo siempre esperaba, como un tigre dormido. Despertarlo innecesariamente era una tontería muy grande. Sólo despertabas al tigre cuando tu fusil estaba bien apuntado, de modo que viera que le habías ganado de mano y no podía hacer nada. Que se despertara apenas el tiempo suficiente como para darse cuenta de lo estúpido que había sido, para que sintiera miedo. Estados Unidos conocería el miedo. A pesar de todas sus armas y su astucia, todas estas personas arrogantes temblarían.
Se encontró con que sonreía en la oscuridad. El sol se había puesto otra vez y los faros del auto perforaban conos blancos en la oscuridad, iluminando las líneas blancas de la autopista, que pasaban como flechas por sus ojos mientras avanzaba hacia el este a una velocidad pareja de ciento cuatro kilómetros por hora.
Ahora, los gemelos se despertaban a las seis de la mañana para salir a hacer su cotidiana docena de ejercicios sin supervisión de Pete Alexander la cual, habían decidido, en realidad no necesitaban. La carrera les estaba resultando más fácil a ambos y los demás ejercicios ya eran cosa de rutina. A las siete y cuarto, habían terminado con todo e iban a desayunar y a la primera sesión de entrenamiento mental con su oficial.
"Esas zapatillas no dan más, hermano", observó Dominic.
"sí, asintió Brian echando una triste mirada a sus viejas Nike. "Me han servido bien por unos cuantos años, pero creo que deben irse al cielo de las zapatillas".
"Foot Locker en el centro comercial". Se refería al centro de compras Fashion Square, al pie de la colina de Charlottesville.
"Mmm, tal vez un bistec con queso para la comida de mañana".
"Por mí, genial, hermano", asintió Dominic. "No hay nada como la grasa, la gordura y el colesterol para la hora de la comida, especialmente acompañadas de papas fritas con queso. Siempre que tus zapatillas vivan un día más".
"Eh, Enzo, me gusta el olor. Estas zapatillas me acompañan desde hace tiempo".
"Igual que esas mugrosas camisetas. Demonios, Aldo, ¿no puedes vestirte bien alguna vez?"
"Déjame seguir usando mi ropa de fajina, amigo. Me gusta ser infante de marina. Siempre sabes dónde estás".
"Sí, entre la mierda", observó Dominic.
"Tal vez sea así, pero allí trabajas con gente de categoría". Y no agregó que estaban todos de tu lado y todos llevaban armas automáticas. Les daba una sensación de seguridad que es raro encontrar en la vida civil.
"¿Salen a comer, eh?", preguntó Alexander.
"Tal vez mañana", respondió Dominic. "Luego, necesitamos organizar un funeral decente para las zapatillas de correr de Aldo. ¿Tienes una lata de Lysol por aquí, Pete?"
Alexander lanzó una carcajada. "Creí que nunca me lo preguntarías"-
"Sabes, Dominic", dijo Brian alzando la vista de sus huevos, "si no fueras mi hermano no te lo permitiría".
"¿De veras?", el Caruso FBI le arrojó un muffin. "Juro que ustedes los infantes de marina son pura cháchara. Siempre ganaba yo cuando éramos niños", le comunicó a Pete.
Los ojos de Brian casi saltaron de sus órbitas."iMientes!"
Comenzaba otro día de entrenamiento.
Una hora más tarde, Jack estaba otra vez en su puesto de trabajo. Uda bm Sali había disfrutado otra noche atlética, otra vez con Rosalie Parker. Se ve que ella le gustaba mucho. Se preguntó cómo reaccionaría el saudita si se enterara de que tras cada sesión ella le transmitía un informe pormenorizado al Servicio de Seguridad Británico. Pero para ella, los negocios son negocios, lo cual, de haberse sabido, habría desinflado unos cuantos egos masculinos en la capital británica. Sali sin duda debía de tener un considerable ego, pensó Jack. A las nueve menos cuarto entró Wills con una bolsa de Dunkin'Donuts.
"Eh, Anthony, ¿qué se cuenta?"
"Tú dirás", replicó Wills. "¿Quieres?"
"Gracias, compañero. Bueno, Uda volvió a hacer ejercicio anoche".
"La juventud es maravillosa, pero los jóvenes no saben aprovecharla".
"George Bernard Shaw, ¿no?"
"Sabía que eras culto. Sali descubrió un juguete nuevo hace unos años, y seguirá jugando con él hasta que se le rompa o se le caiga. Debe de ser duro para el equipo de seguimiento saber que mientras ellos están parados bajo la lluvia fría él está engrasando el hurón en su casa". Era una línea de Los Soprano de HBD, que Wills admiraba.
¿Crees que son los mismos a quienes ella entrega su informe?"
"No, ésa es tarea de los muchachos de Thames House. Después de un tiempo debe de perder encanto. Así y todo, es una pena que no nos envíen las transcripciones", agregó con una risita. "Tal vez fuera bueno para hacernos circular la sangre por la mañana".
"Gracias, siempre puedo comprarme una revista Hustier si me siento lujurioso por la noche".
"El nuestro no es un negocio limpio, Jack. La gente que investigamos no es de la que invitarías a cenar a tu casa".
"Eh, me recuerda a la Casa Blanca. La mitad de los invitados a la Cena de Estado, papá apenas si podía estrecharles la mano. Pero el secretario Adler le dijo que había que hacerlo, de modo que papá fue amable con los hijos de puta. La política también atrae gente de la hez".
"Amén. ¿Alguna novedad con respecto a Sali?"
"Todavía no repasé los movimientos de dinero de ayer. Eh, si Cunningham da con algo importante, ¿qué ocurre?"
"Eso lo deciden Gerry y el personal jerárquico". No dijo tu categoría es demasiado baja para que te andes preocupando por eso, pero de todos modos Junior entendió el mensaje.
"¿Y, Dave?", preguntaba Gerry Hendley en ese momento.
"Lava dinero y se lo envía a personas desconocidas. Banco de Liechtenstein. Si debiera adivinar, te diría que es para cubrir cuentas de tarjetas de crédito. Ese Banco suministra Visa o MasterCard, de modo que bien podría ser para cubrir tarjetas de crédito para personas desconocidas. Puede tratarse de una amante o un amigo íntimo o alguien en quien tengamos un interés directo".