"Ése es el problema. En estas burocracias es mejor gritar '¡Hobo!' y equivocarse que mantener la boca cerrada cuando la gran bestia gris escapa con una oveja en la boca".
Ryan se reclinó en su silla. "Tony ¿cuántos años estuviste en Langley?"
"Unos cuantos", respondió Wills.
"¿Cómo demonios lo soportabas?"
El analista jefe se encogió de hombros. "A veces me lo pregunto".
Jack regresó a su computadora para examinar lo que quedaba del tráfico de mensajes matutino. Decidió verificar si Sali había hecho algo inusual en el transcurso de los últimos días, sólo para cubrirse las espaldas y, al pensarlo, John Patrick Ryan Jr. comenzó, sin darse cuenta, a pensar como un burócrata.
"Mañana será un poco distinto", les dijo Pete a los gemelos. "Michelle será su objetivo, pero esta vez irá disfrazada. Su misión será identificarla y seguirla hasta su destino. No sé si les dije que es buena con los disfraces".
"¿Va a tomar la píldora de la invisibilidad, no?", preguntó Brian.
"Ésa es su misión", aclaró Alexander.
"¿Nos vas a dar anteojos mágicos para que veamos a través del maquillaje?"
"No lo haría si los tuviera, y no los tengo".
"Vaya amigo", observó fríamente Dominic.
A las once de la mañana llegó la hora de revisar el objetivo. Convenientemente ubicado a un cuarto de milla al norte de la Ruta Nacional 29, el Fashion Square de Charlottesville era un centro de compras mediano que vivía mayormente de una clientela de altos ingresos compuesta de los habitantes locales más adinerados y los estudiantes de la cercana universidad de Virginia. En un extremo estaba la tienda JC- Penney, al otro Sears y entre los dos las tiendas Belk para damas y caballeros. Inesperadamente, no había un patio de comidas; el que hizo el reconocimiento no fue cuidadoso. Una decepción que no los sorprendió. Los equipos de avanzada de la organización solían estar compuestos de meros voluntarios que no se tomaban sus misiones muy en serio. Pero, observó Mustafá mientras seguía su camino, ello no sería un problema.
Desde un patio central irradiaban los cuatro corredores principales de la construcción. Incluso había un puesto informativo donde se entregaban diagramas del centro comercial que mostraban dónde quedaba cada negocio. Mustafá le echó una mirada a uno. Sus ojos vieron una estrella de David que se destacaba en las páginas. ¿Una sinagoga aquí" ¿Era posible? Siguió su camino esperando a medias que lo fuera.
Pero no era así. Se trataba de la oficina de seguridad del centro comercial, donde había un empleado uniformado con camisa azul claro y pantalones azul oscuro. El hombre no llevaba pistola al cinto. Eso era bueno. Sí tenía un teléfono, con el cual indudablemente llamaría a la policía local. Así que este hombre negro tendría que ser el primero. Una vez que decidió eso, Mustafá volvió sobre sus pasos, pasó por los baños y por la máquina expendedora de Coca-Cola y giró a la derecha, alejándose de los locales para hombres.
Se dio cuenta de que era un excelente objetivo. Sólo tres entradas campo de fuego despejado desde el patio central. Los locales individuales eran casi todos rectangulares y tenían accesos abiertos a los corredores. Al día siguiente, más o menos a esa hora, estarían mucho más atestados. Estimó que tenía ante sí unas doscientas personas, y aunque durante todo el camino había pensado que querría matar a unos mil cualquier número que sobrepasara los doscientos sería una considerable victoria. Había todo tipo de negocios y, a diferencia de los centros de compras sauditas, hombres y mujeres hacían sus compras en el mismo lugar. Muchos niños también. Cuatro de los locales figuraban como especializados en niños, ¡hasta había uno de Disney! No había contado con ello, y poder atacar uno de los iconos más amados por los estadounidenses sería muy dulce.
Rafi apareció a su lado. "¿Y?"
"Podría ser un objetivo mayor, pero es casi perfecto para nosotros. Todo en un solo nivel", dijo Mustafá.
"Como siempre, Alá es generoso", dijo Rafi sin poder ocultar su entusiasmo.
La gente circulaba. Muchas mujeres jóvenes llevaban a sus pequeños en carritos; vio que se los podía arrendar en un puesto ubicado junto a la peluquería.
Tenía que comprar algo. Lo obtuvo en un Radio Shack que estaba junto a una Joyería Zales. Cuatro radios portátiles y baterías, que pagó en efectivo, a cambio del cual recibió una breve conferencia acerca del funcionamiento de las radios. En síntesis, podría haber sido mejor desde el punto de vista teórico, pero no se suponía que actuaran en una atareada calle de ciudad. Además en la calle habría policías con armas que no los dejarían llevar a cabo su tarea. De modo que, como siempre ocurre en la vida, había que comparar lo amargo con lo dulce, y allí tenían mucho dulce para saborear. Los cuatro compraron pretzels en Aunt Anne y regresaron al auto, pasando frente a JCPenney. La planificación formal se llevarfa adelante en sus habitaciones del motel, con más café y donuts.
La tarea oficial de Jerry Rounds era encabezar la planificación estratégica del lado blanco del Campus. Desempeñaba bastante bien esa tarea,podrfa haber sido un verdadero lobo en Wall Street, de no haber elegido seguir la carrera de oficial de inteligencia de la Fuerza Aérea cuando terminó sus estudios en la Universidad de Pennsylvania. El servicio incluso había pagado su título de Master en la Wharton School of Bussiness antes de hacerlo coronel. Ello le había suministrado un inesperado título de master que colgar en la pared, lo que a su vez le daba una soberbia excusa para estar en el negocio bursátil. Incluso, éste era motivo de diversión para ese ex jefe de análisis de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, que se había desempeñado en el edificio del cuartel general de la Agencia de Inteligencia de Defensa, en la Base de la Fuerza Aérea Bolling en Washington. Allí había terminado por darse cuenta de que ser un especialista sin rango -nunca había llevado las alas plateadas de piloto de la USAF- no compensaba su estatus de ciudadano de segunda en un servicio totalmente dominado por quienes volaban, aun cuando él era más inteligente que veinte de ellos juntos. Incorporarse al Campus había ensanchado sus horizontes en muchos aspectos.
"¿Qué hay, Jerry?", preguntó Hendley.
"La gente de Meade y del otro lado del río está muy interesada en algo", replicó Rounds alcanzándole unos papeles.
El ex senador leyó la transcripción del tráfico durante aproximadamente un minuto y luego la devolvió. En un instante, supo que ya había visto casi todo antes. "¿Y?"
"Que esta vez puede que no se equivoquen, jefe. He estado atento al trasfondo de esto. La cosa es que tenemos una combinación de disminución de los mensajes de jugadores conocidos combinadas con esto. Me pasé mi vida en la CIA buscando coincidencias. Esta lo es".
"Bien, ¿qué están haciendo con eso?"
"A partir de hoy, aumentará un poco la seguridad en los aeropuertos. El FBI pondrá gente en las puertas de partida".
"¿Aún no salió nada en la TV?"
"Bueno, tal vez los muchachos de Seguridad Territorial se hayan vuelto más inteligentes en lo que hace a la difusión. Es contraproducente. La forma de agarrar una rata no es gritándole. Es mostrándole lo que quiere ver y después rompiéndole el maldito cuello".
O haciendo que un gato le salte encima cuando menos se lo espere. pensó Hendley, aunque no lo dijo. Pero eso era más difícil de llevar a cabo.
En cambio preguntó: "¿Alguna idea de qué podemos hacer?"
"Por ahora no. Es como cuando avanza un frente de tormenta. Puede que contenga lluvias y granizo, pero no existe una forma práctica de detenerlo".
"¿Jerry ¿cuán buenos son nuestros datos con respecto a la gente de planificación, los que dan las órdenes?"
"Algunos son muy buenos. Pero son sobre la gente que transmite las órdenes, no sobre quienes las originan".
"¿Y si les ocurriera algo?"