Выбрать главу

Rounds asintió de inmediato. "Así se habla, jefe. En ese caso, los peces realmente gordos tal vez se asomaran. Especialmente si no saben que se acerca una tormenta".

"Por ahora ¿cuál es la mayor amenaza?"

"El FBI piensa en autos-bomba, o tal vez en alguien con un abrigo de C-4, como en Israel. Es posible, pero desde el punto de vista operativo, no estoy seguro", Rounds se sentó en la silla que se le ofrecía, "una cosa es darle a un tipo de éstos un paquete de explosivos y ponerlo dentro de un autobús para que llegue a destino pero eso, aplicado a nuestras circunstancias, se complica un poco, Hay que traer al tipo aquí, equiparlo -lo cual implica disponer de explosivos, lo cual es otra complicación-, luego hacer que se familiarice con el objetivo, luego llevarlo allí. y luego, se espera que el que va a poner la bomba mantenga su motivación muy lejos de su red de apoyo, muchas cosas pueden salir mal y es por eso que las operaciones negras se hacen de la forma más simple que se pueda, ¿Para qué hacer cosas complicadas que pueden acarrear problemas?"

"Jerry, ¿cuántos objetivos duros tenemos?", preguntó Hendley,

"¿En total? Unos seis, De ésos, cuatro son objetivos reales, indudables",

"¿Me puedes suministrar ubicaciones y perfiles?"

"Cuando quieras".

"El lunes", No tenía sentido pensarlo durante el fin de semana, Tenía planeados dos días de cabalgatas, tenía derecho a un par de días libres cada tanto,

"Entendido, jefe", Rounds se puso de pie y se dirigió a la puerta, Allí se detuvo y se volvió, "Oh, hay un tipo en Morgan and Steel, departamento de bonos, es un delincuente, juega fuerte con dinero de los clientes, unos ciento cincuenta", esto significaba cíento cincuenta millones de dinero ajeno,

"¿Alguien se dio cuenta?"

"No, yo soy el único que lo identificó, lo conocí hace un par de meses en Nueva York y algo en él me pareció raro, de modo que intervine su computadora personal. ¿Quieres ver sus notas?"

"No es nuestro trabajo, Jerry"

"Lo sé, interrumpí nuestros negocios con él para estar seguro de que no jodería con nuestros fondos, pero creo que ya sabe que es hora de partir, tal vez un viaje al otro lado del charco, pasaje de ida, alguien debería echarle una mirada, ¿Tal vez Gus Wemer?"

"Lo pensaré, gracias por la puesta al día",

"Entendido", Y Rounds siguió su camino.

"De modo que intentamos acercamos a ella sin que se dé cuenta, ¿no?",preguntó Brian.

"Ésa es la misión", asintió Peter.

"¿Cuán cerca?"

"Lo más que puedas".

"¿Tanto como para meterle un tiro en la nuca?", preguntó el infante de Marina.

"Tanto como para ver sus aros", Alexander decidió que ésa era la forma más educada de decirlo. Además, era precisa, dado que la señora Peters llevaba el cabello bastante largo.

"Así que, ¿no pegarle un tiro en la cabeza sino cortarle el cuello?", continuó Brian.

"Mira, Brian, dilo como quieras. Lo suficientemente cerca como para tocarla, ¿de acuerdo?"

"De acuerdo, sólo para asegurarme de que lo entiendo", dijo Brian. "¿Llevamos nuestra riñonera?"

"Sí", respondió Alexander, aunque no era necesario. Brian estaba siendo un problema otra vez. ¿Quién ha oído hablar de infantes de marina con problemas de conciencia?

"Nos hará más conspicuos", objetó Dominic.

"Disimúlenlo de alguna manera. Sean creativos", sugirió el oficial de entrenamiento con tono ligeramente irritado.

"¿Cuándo sabremos exactamente para qué es todo esto?", preguntó Brian.

"Pronto".

"Siempre dices lo mismo, tio".

"Mira, puedes regresar a Carolina del Norte cuando quiera".

"Lo he pensado", le dijo Brian.

"Mañana es viernes. Píénsalo durante el fin de semana, ¿de acuerdo?"

"De acuerdo". Brian retrocedió. El tono del diálogo se había vuelto un poco más áspero de lo que quería. Era hora de retroceder. No le disgustaba nada Pete. Era el no saber, y lo poco que le gustaba lo que parecía ser. Lastimar mujeres no entraba en su credo. Tampoco niños, que había sido precisamente lo que había hecho que su hermano estallara -no es que eso le pareciera mal a Brian. Se preguntó por un momento si él hubiera hecho lo mismo y se dijo a sí mismo que por una niña, sí claro, pero no estaba muy seguro. Cuando terminó la cena, los gemelos se encargaron de lavar los platos y luego se instalaron frente al televisor a beber unos tragos y ver el History Channel.

Un poco más al norte la situación de Jack Ryan Jr. era parecida. Bebía ron con coca y pasaba una y otra vez del History al History International, con alguna pasada por Biografía, donde daban un programa de dos horas sobre Josef Stalin. Ese individuo, pensó Junior, era un hijo de puta bien frío. Forzar a uno de sus allegados a firmar la orden de prisión para su propia esposa. Mierda. ¿Pero cómo era que esa persona de aspecto poco impresionante ejercía tal poder sobre sus propios pares? ¿Qué era ese poder que ejercía sobre los demás? ¿De dónde provenía? ¿Cómo lo mantuvo? El padre de Jack era un hombre de considerable poder, pero nunca había dominado a la gente de forma siquiera parecida a ésa. Probablemente, nunca se le había ocurrido hacerlo, ni tampoco matar gente por, en última instancia, pura diversión ¿Qué personas eran así? ¿Aún existían?

Bueno, debían de existir. Si algo no cambiaba nunca en el mundo, era la naturaleza humana. Aún existía gente cruel y brutal. "Tal vez la sociedad ya no los incitaba a serlo, como, digamos, en el Imperio Romano. Los juegos con gladiadores habían condicionado a la gente para que aceptara y aun disfrutara del espectáculo de la muerte violenta, y la oscura verdad del asunto era que si a Jack le hubieran dado acceso a una máquina del tiempo, podría haber -habría- ido al Anfiteatro Flavio a verlos, sólo por una vez. Pero eso era curiosidad humana, no sed de sangre. Sólo una ocasión de ganar conocimiento histórico, de ver y leer una cultura vinculada a la suya, pero diferente. Tal vez incluso vomitara ante el espectáculo…, o tal vez no. Tal vez su curiosidad fuera lo suficientemente fuerte. Pero lo que era seguro era que si fuera allí, iría con un amigo. Por ejemplo, la Beretta.45 que Mike Brenna le enseñó a disparar. Se preguntó cuántos otros estarían dispuestos a hacer el viaje. Probablemente unos cuantos. Hombres. No muteres. Las mujeres necesitarían de mucho condicionamiento social para mirar eso. ¿y los hombres? Los hombres se criaban viendo películas como Silverado y Salvando al Soldado Ryan. Los hombres querían saber cómo se desempeñarían en situaciones así. De modo que no, la naturaleza humana no cambiaba. La sociedad tendía a aplastar a los crueles, y como el hombre era una criatura dotada de raciocinio, la mayor parte de las personas evitaba el comportamiento que la podía llevar a la cárcel o al cadalso. De modo que el hombre podía aprender con el tiempo, pero los impulsos básicos no, de modo que uno alimentaba a esas feas bestezuelas con fantasías, libros y películas y sueños, pensamientos que atravesaban la conciencia cuando uno se iba a dormir. Tal vez los policías lo pasaran mejor. Ellos podían dar rienda suelta a su bestezuela cuando lidiaban con quienes se pasaban de la raya. Probablemente fuera satisfactorio, pues se alimentaba a la bestia y se protegía a la sociedad al mismo tiempo.

Pero si la bestia aún vivía en los corazones de los hombres, en alguna parte debía de haber hombres que usarían sus talentos -no tanto para controlada como para ponerla a su servicio, para usarla como herramienta en su busca personal del poder. Esos hombres eran Los Malos. Los que no lograban su cometido se llamaban sociópatas. Los que lo lograban se llamaban… presidentes.

¿A dónde conducía todo esto?, se preguntó Jack Jr. A fin de cuentas, sólo era un muchacho, aunque lo negara, y aunque para la ley fuera un hombre hecho y derecho. ¿Un hombre hecho ya no crecía? ¿Dejaba de hacerse preguntas? ¿Dejaba de buscar información o -según él consideraba- la verdad?

Pero una vez que tenías la verdad, ¿qué demonios hacías con ella? Aún no lo sabía. Tal vez sólo fuese una cosa más para aprender. Sin duda, tenía la misma necesidad de aprendizaje de su padre, si no, ¿por qué estaba viendo ese programa en lugar de alguna estúpida comedia de situaciones? Tal vez debiera comprarse algún libro que tratase de Stalin y Hitler. Los historiadores se lo pasaban revisando viejos archivos. El problema era que aplicaban sus ideas personales a lo que encontraban.