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"Recuerdo que, cuando era niño, papá a veces tenía un humor de perros…"

"Estuvo en la CIA durante la guerra fría. Los jefes siempre pedían predicciones que nadie estaba en condiciones de hacer, al menos no si la idea era que significaran algo. Habitualmente, tu padre era el que decía, 'esperen y verán', y eso realmente los enfurecía, pero, sabes, solía tener razón y nunca hubo desastres mientras él estaba de guardia".

"¿Llegaré a ser así de bueno?"

"Eso es esperar mucho, chico, pero nunca se sabe. Tienes la suerte de estar aquí. Al menos, el Senador sabe qué significa 'no sé' Significa que su gente le dice la verdad y que sabemos que no somos Dios".

"Sí, recuerdo eso de la Casa Blanca. Siempre me impresionó cuánta gente en Washington creía serlo".

Dominic conducía. Eran unas agradables tres o cuatro millas colina abajo hasta la ciudad.

"Victoria's Secret? ¿y si la sorprendemos comprándose un camisón?", se preguntó Brian.

"Sólo podemos soñar", dijo Dominic, girando a la izquierda en la calle Rio. "Llegamos temprano. ¿Compramos tus zapatillas antes?"

"Buena idea. Estaciona junto a la sección de hombres de tiendas Belk".

"Entendido, capitán".

"¿Ya es hora?", preguntó Rafi. Era la tercera vez que lo hacía en el transcurso de la última media hora.

Mustafá miró su reloj: 11:48. Faltaba poco. Asintió.

"Amigos míos, preparen sus cosas".

No cargaron las armas, sino que las metieron en bolsas de compras. Armadas, eran demasiado abultadas y obvias. Cada hombre tenía doce cargadores con treinta tiros cada uno, encintados de a pares. Cada arma tenía un gran silenciador listo para atornillar al cañón. El propósito de éstos no era tanto silenciar como controlar. Recordó lo que Juan le dijo en Nuevo México. Estas armas tendían a saltar y errarle al blanco hacia la derecha y arriba. Pero él y sus amigos ya habían repasado el tema de las armas y todos sabían cómo disparar, ya las habían disparado cuando se las entregaron, de modo que sabían qué esperar. Además, se dirigían a lo que los soldados estadounidenses llamaban "un medio rico en objetivos".

Zuhayr y Abdulá llevaron su equipo de viaje y lo guardaron en el maletero de su Ford alquilado. Tras pensarlo, Mustafá decidió poner allí también las armas, de modo que los cuatro, cada uno con su bolsa de compras, salieron del auto y pusieron sus bolsas en el suelo junto al maletero. Una vez hecho esto, Mustafá subió al auto, llevándose, sin pensarlo, la llave de su habitación en el bolsillo. El trayecto no era largo. El objetivo estaba a la vista.

El estacionamiento tenía los puntos de entrada habituales. Escogió la entrada noroeste, cerca de la sección para hombres de Belk's, cerca de la cual podían estacionar. Allí, apagó el motor y rezó su última plegaria de la mañana. Los otros tres hicieron lo mismo, salieron y caminaron hacia la parte trasera del vehículo. Mustafá abrió el maletero. Estaban a menos de cincuenta metros de la puerta. Estrictamente hablando, no tenía mucho sentido ocultarse, pero Mustafá recordó el puesto de seguridad. La forma de demorar la respuesta policial era comenzando por allí. De modo que les indicó que mantuvieran las armas en sus bolsas de compras, y con éstas pendiendo de sus manos izquierdas, entraron.

Era viernes, un día de compras menos activo que el sábado, pero lo suficientemente atestado para que les sirviera. Entraron, pasando LensCrafter, donde había mucha gente, la mayoría posiblemente escapara ilesa, lo cual era una pena, pero aún tenían por delante el área principal de compras.

Brian y Dominic estaban en Foot Locker, pero Brian no encontró allí nada que le gustara, El Stride Rite que quedaba alIado sólo era para niños, de modo que los gemelos siguieron camino y giraron a la derecha, Sin duda, American Eagle Dutfitters tendría algo, tal vez de cuero y caña alta, para proteger los tobillos,

Doblando a la izquierda, Mustafá pasó una juguetería y varias tiendas de ropa de camino al Patio Central. Sus ojos barrían rápidamente el área. Había tal vez unas cien personas en su campo de visión inmediata y a juzgar por los KB Toys, los negocios estarían bien llenos. Pasó el Sunglass Hut y dobló a la izquierda, en busca de la oficina de seguridad. Estaba convenientemente ubicada, tan sólo a pasos de los baños. Los cuatro entraron juntos en los baños para hombres.

Unas pocas personas los habían notado -cuatro hombres de apariencia igualmente exótica eran un espectáculo inusual- pero un centro comercial estadounidense es lo más parecido que existe a un zoológico para humanos, y hacía falta mucho para que las personas notaran algo fuera de lo común, por no hablar de peligroso.

En los baños, sacaron las armas de las bolsas y las armaron.Corrieron los cerrojos. Insertaron los cargadores en las culatas. Cada uno de ellos deslizó los cinco pares de cargadores suplementarios en los bolsillos de sus pantalones. Dos atornillaron los largos silenciadores a los caños. Mustafá y Rafi no, pues, tras breve reflexión, decidieron que preferían oír el ruido,

"¿Estamos listos?",les preguntó su jefe. Afirmaron con una inclinación de cabeza. "Entonces, comeremos cordero juntos en el paraíso. A sus puestos.

Cuando yo dispare, disparen".

Brian se estaba probando unos botines de cuero de caña baja. No eran iguales a los que usaba en el Cuerpo de Infantes de Marina, pero se los veía y sentía cómodos, y le iban como si fuesen de medida.

"Nada mal"ESe los pongo en una caja?", preguntó la joven empleada.

Aldo pensó por un momento y decidió: "No, empezaré a ablandados ahora", Le entregó sus poco recomendables Nike, que ella metió en la caja de los botines y fue hasta la caja para pagarle su compra.

Mustafá miraba su reloj. Calculaba que en dos minutos sus amigos estarían en sus puestos.

Ahora, Rafi, Zuhayr y Abdulá entraban en el ambiente central, manteniendo las armas bajas y, asombrosamente, sin ser casi notados por quienes hacían compras e iban atentos a sus propios asuntos. Cuando el segundero llegó a las doce, Mustafá respiró hondo, salió de los baños y giró a la izquierda.

El guardia de seguridad estaba sentado tras un mostrador que le llegaba al pecho, leyendo una revista, cuando vio una sombra que se proyectaba sobre el mostrador. Alzó los ojos y vio a un hombre de cutis trigueño.

"Puedo ayudado, señor?", preguntó amablemente. No tuvo tiempo de reaccionar.

La respuesta fue un grito de Alahu Akbar! Luego, se alzó la Ingram. Mustafá sólo apretó el gatillo durante un segundo, pero en ese segundo, un total de nueve balas entró en el pecho del negro. El impacto de las nueve balas lo empujó medio paso hacia atrás y cayó muerto al suelo embaldosado.

"¿Qué demonios fue eso?", le preguntó instantáneamente Brian a su hermano -la única persona que tenía cerca- cuando todas las cabezas se volvieron hacia la izquierda.

Rafi estaba a sólo siete metros y medio adelante y a la derecha cuando oyó los disparos y supo que debía comenzar. Se dejó caer en una posición semiacuclillada y alzó su Ingriun. Se volvió hacia la tienda de Victoria's Secret, a la derecha. Sólo mirar semejantes ropas de puta garantizaba que las mujeres que estaban allí eran inmorales. Tal vez, pensó, alguna lo serviría en el paraíso. Simplemente apuntó y apretó el gatillo.

El sonido fue ensordecedor, como una colosal serie de explosiones. Tres mujeres fueron impactadas al instante y cayeron. Otras se quedaron inmóviles por un segundo, sin hacer nada, sus ojos abiertos de par en par por la conmoción y la incredulidad.

En cuanto a Rafi, quedó desagradablemente sorprendido por el hecho de que la mitad de sus disparos no le había dado a nada. El arma, mal balanceada, había saltado en su mano, rociando el techo. El cerrojo se cerró sobre la cámara vacía. Miró sorprendido, luego eyectó el primer cargador y lo invirtió, insertándolo en su lugar de una palmada mientras buscaba nuevos blancos. Ahora, todos corrían, de modo que se llevó la Ingram al hombro.