"Es probable", respondió a una muy obvia inquisición. "Pero aún no hay nada 'duro'… más o menos lo que es de esperar a esta altura, sf'.
Otra larga pregunta.
"En este momento contamos con dos tipos, casi listos… Si, así es, unos cuatro. En este momento los estamos estudiando de cerca -es decir, lo haremos mañana. Jerry Rounds está pensando duro en eso, también Tom Davis – así es, no lo conoces, ¿no? Negro, del otro lado del río, ambos aspectos de la casa. Muy astuto, buen instinto para las finanzas, también participa del aspecto operativo. Es sorprendente que nunca te lo hayas cruzado. ¿Sam? Quiere comenzar cuanto antes, créelo. El asunto es escoger bien los blancos… Sé que no puedes ser parte de esto, discúlpenme por haberlos llamado "blancos".
Un largo monólogo y una pregunta final.
"Sí, lo sé. Para eso estamos. Pronto Jack. Pronto… gracias, compadre. Tú también. Nos vemos". Y colgó, sabiendo que en realidad no vería a su amigo en el futuro cercano, tal vez nunca más. Y eso era una verdadera lástima. No había mucha gente que entendiera las cosas como ésta, y la pena era ésa. Una llamada más, esta vez por un teléfono normal.
La identificación de llamadas le informó a Granger quién era antes de atender,
"Sí, Gerry"
"Sam, esos dos reclutas. ¿Estás seguro de que están dispuestos a jugar en primera?"
"Todo lo dispuestos que haga falta", le respondió el jefe de operaciones a su jefe.
"Tráelos para la comida. Tú, yo, ellos y Jerry Rounds".
"Llamaré a Pete por la mañana temprano". No tenía sentido hacerlo ahora. A fin de cuentas, sólo se tardaba dos horas en llegar.
"Bien. ¿Tienes alguna duda?"
"Gerry, el movimiento se demuestra andando. Tarde o temprano tendremos que hacerlo".
"Sí, tienes razón. Nos vemos mañana".
"Buenas noches, Gerry". Granger cortó la comunicación y siguió leyendo su libro.
La mañana de noticias fue particularmente sensacional en los Estados Unidos de hecho para todo el mundo. CNN, FOX, MSNBC y todas las demás agencias poseedoras de cámaras de TV y estudios móviles transmitieron por satélite al mundo una historia que nada fuera de una explosión nuclear habría podido opacar. Los diarios europeos expresaron condolencias rituales por esa nueva penuria de los Estados Unidos – condolencias que pronto olvidarían o retirarían, si no en sus detailes, sí en la práctica. Los medios estadounidenses hablaron del miedo que sentía la ciudadanía. Por supuesto que sin que lo registrasen encuestas ni sondeos, en todo el país los ciudadanos adquirieron armas de fuego para su protección personal, propósito para el que no resultarían muy útiles, si es que lo eran en absoluto. La policía supo sin necesidad de que nadie se lo dijese que debía estar particularmente atenta a cualquiera que pareciera provenir de cualquier país al este de Israel, y si algún abogado idiota decía que eso era centrar las sospechas en un grupo étnico, que se fuese a la mierda. Los crímenes del día anterior no habían sido cometidos por un tur de noruegos.
Creció ligeramente la asistencia a las iglesias.
En todos los Estados Unidos, las personas fueron a sus trabajos y realizaron sus tareas, con un "¿qué me cuentas de esto?';dirigido a sus compañeros de trabajo, quienes invariablemente meneaban la cabeza y continuaban fabricando acero, automóviles o entregando el correo. De hecho, no estaban muy asustados porque, aun si se había tratado de cuatro incidentes, éstos habían ocurrido lejos de donde vivía la mayor parte de ellos, esos episodios eran muy infrecuentes y no lo suficientes como para constituir una amenaza personal seria. Pero todos los trabajadores del país sabían en su corazón que alguien, en algún lugar, necesitaba una patada en el culo.
A doce millas de su trabajo, Gerry Hendley miraba sus diarios; el New York Times era traído por un mensajero especial, mientras que el Washington Post venía en una camioneta de reparto regular. En ambos casos, los editoriales parecían escritos por un mismo clon, que exigía calma y prudencia, notaba que el país tenía un presidente para hacerse cargo de estos terribles episodios e instaba plácidamente al Presidente a que pensara antes de actuar. Las columnas de opinión eran ligeramente más interesantes. Algunos columnistas, incluso, reflejaban al ciudadano del común. Ese día, todo el país clamaba venganza, y para Hendley la buena noticia era que tal vez el fuera quien la suministraría. La mala era que, si lo hacía bien, nadie se enteraría jamás.
En conjunto, el sábado no era un día escaso de noticias.
Y el estacionamiento del Campus estaría colmado, lo cual nadie que pasara por allí notaría. La historia de fachada, en caso de que alguien la necesitara, era que las cuatro masacres del día anterior habían causado alguna inestabilidad en los mercados financieros -lo cual resultó cierto.
Jack dio por sentado, correctamente, que no era un día para ir vestido formalmente, y fue a trabajar en su Hummer 2 con tejanos, un suéter y zapatillas deportivas.. Por supuesto que la gente de seguridad estaba de uniforme y mantenía rostros tan pétreos como de costumbre. Cuando Jack entró a las 8:14, Tom Wills estaba encendiendo su computadora.
"Eh, Tony", saludó el joven Ryan, "¿Cómo está el tráfico?"
"Compruébalo tú mismo. No están durmiendo", le dijo Wills a su alumno.
"Entendido"- Puso su taza de café sobre el escritorio y se sentó en su confortable silla giratoria antes de encender su computadora y sortear los sistemas de seguridad que protegían sus contenidos. El material matutino de la NSA; esa gente jamás dormía. E inmediatamente quedó claro que la gente que él rastreaba le prestaba atención a las noticias.
Que las personas en quienes la NSA tenían tanto interés no eran amigos de los Estados Unidos de América era de esperarse, pero aun así, Jack Jr. quedó sorprendido -hasta conmocionado- por el contenido de los mensajes de correo electrónico que leyó. Recordó sus propios sentimientos cuando el ejército de los Estados Unidos había entrado en Arabia Saudita en persecución de las fuerzas de la ahora difunta República Islámica Unida y el arrebato de satisfacción que recibió cuando vio un tanque que explotaba al recibir un impacto directo. No pensó ni por un momento en los tres hombres que perecieron en su tumba de acero, razonando que habían tomado las armas contra los Estados Unidos, y eso tenía su precio, que en cierto modo era una apuesta, y que si la moneda caía ceca, bueno, eso es lo que hacía que fuera un juego. En parte, ello se había debido a su juventud, ya que los niños creen ser el centro del universo y que todo converge hacia ellos, ilusión que se tarda en descartar. Pero la mayor parte de las personas muertas el día anterior habían sido civiles inocentes, casi todos mujeres y niños y complacerse en sus muertes era pura barbarie. Pero aquí estaba. Ya iban dos veces que los Estados Unidos derramaban su sangre para salvar al país madre del Islam, ¿y había sauditas que decían estas cosas?
"Maldición", musitó. El príncipe Alí no era así. El padre de Jack y él eran amigos. Eran compadres. Se visitaban en sus respectivos hogares. El mismo había conversado con Alí, lo había escuchado con atención para ver qué pensaba. De acuerdo, cierto que por entonces él era un chico, pero Alí no era como esta gente. Pero tampoco su padre había sido el asesino serial Ted Bundy y Bundy fue un ciudadano estadounidense y probablemente hasta votara. De modo que ser originario de un país no bastaba para ser embajador ambulante de éste.
"No todos nos aman, hijo", le dijo Wills al ver su expresión.
"¿Qué les hicimos de malo?", preguntó Jack.
"Somos el muchacho más grande y más rico del barrio. Lo que nosotros decimos, se hace, aunque no obliguemos a nadie a hacerlo. Nuestra cultura es avasalladora, trátese de la Coca-Cola o la revista Playboy. Cosas así pueden ofender los sentimientos religiosos de la gente,y en algunos lugares del mundo, los sentimientos religiosos definen cómo piensa la gente. No reconocen nuestro principio de libertad religiosa y si permitimos algo que ofenda sus preciosas creencias, para sus mentes, la culpa es nuestra. "¿Los estás defendiendo?", preguntó Jack Jr.