"De modo que crees que necesitamos recurrir a un psiquiatra".
Sam meneó la cabeza. "Los tienen en Langley. No les ha servido de mucho.
"Ya lo creo que es cierto", dijo Davis. Pero no era momento de humoradas. "Velocidad", observó.
"Sí, cuanto más rápido mejor", asintió Granger. "Que no tengan tiempo de reaccionar ni pensar"
"También sería bueno que no se den cuenta de que se trata de una operación planificada", dijo Hendley.
"¿Que desaparezcan?"
"Si muchas personas sufren aparentes ataques cardíacos. alguien comenzará a sospechar".
"¿Crees que tengan infiltrada alguna de nuestra agencias?", se preguntó en voz alta el ex senador. Los otros dos dieron un respingo al oirlo.
"Depende de qué quieras decir", respondió Davis. "¿Un agente infiltrado? Eso sería difícil de implementar, a no ser que se hiciese con un soborno bien jugoso, y aun en ese caso no sería fácil, a no ser que haya alguno en la Agencia que se dirija a ellos en busca de dinero. Tal vez sea una posibilidad", agregó tras reflexionar por un momento. "Los rusos siempre fueron mezquinos con el dinero -no tenían muchas divisas fuertes para repartir. En cambio esta gente, bueno, tiene más de las que necesita. Así que… quizás…"
"Pero eso nos favorece", afirmó Hendley. "No hay demasiada gente en la Agencia que sepa de nuestra existencia. De modo que si comienzan a creer que la CIA está liquidando gente, podrían usar a su agente infiltrado, en caso de que éste exista, que les dirá que no es así.
"De ese modo, hasta sus mejores recursos les jugarían en contra", especuló Granger.
"Pensarían que se trata del Mossad, ¿no?"
"¿Quién si no?", respondió Davis. "Su propia ideología trabaja contra ellos". Se trataba de un ardid empleado en raras ocasiones -algunas de ellas exitosas- contra la KGB. No hay nada mejor que hacer que el otro se crea muy listo, y si les complicaba la vida a los israelíes, ello no les quitaría el sueño a muchos integrantes de la comunidad de inteligencia estadounidense. "Aliados" o no, los israelíes no eran muy amados por sus colegas estadounidenses. Incluso había ocasiones en que los espías sauditas colaboraban con ellos, porque en ocasiones los intereses nacionales se superponían en formas totalmente inesperadas. Pero para esta jugada, los estadounidenses sólo cuidarían de su propio país, y lo harían en forma totalmente extraoficial.
"Los blancos que tenemos identificados ¿dónde están?", preguntó Hend ley.
"En toda Europa. Tienden a ser banqueros o gente del área de comunicaciones. Mueven fondos o transmiten mensajes. Hay uno que parece recoger inteligencia. Viaja mucho. Tal vez haya seleccionado los objetivos atacados ayer, pero no lo seguimos desde hace suficiente tiempo como para saber si es así. Tenemos algunos blancos dedicados a las comunicaciones, pero queremos dejar a ésos en paz. Son demasiado valiosos- Otra preocupación es evitar los blancos cuya eliminación pueda indicarle al enemigo quién los entregó. Tiene que parecer aleatorio. Creo que en algunos casos hay que hacer que parezca que se cambiaron de bando- Que aceptaron dinero y desertaron -se dedican a la buena vida y desaparecieron de la faz de la tierra. Hasta podemos dejar mensajes de correo electrónico que apunten en esa dirección".
¿Y si tienen un código que demuestra que los mensajes realmente son de ellos y no de alguien que se ha apoderado de sus computadoras?", preguntó Davis.
"Eso juega en contra pero también a favor de nosotros. Arreglárselas para desaparecer de modo que los demás crean que uno ha sido eliminado es una jugada natural. Nadie va a salir a buscar un muerto, ¿verdad? Esa debe ser una de sus preocupaciones. Nos odian porque corrompemos sus sociedades, de modo que deben de saber que su gente puede ser corrompida. Deben de tener gente valiente, y otra cobarde. No son todos iguales. No son robots. Claro que algunos son verdaderos creyentes, pero otros están metidos porque lo encuentran excitante, divertido o glamoroso, pero cuando las cosas se ponen feas, les atraerá más la vida que la muerte". Granger conocía a las personas y a sus motivaciones y sabía que no, no eran robots. De hecho, cuanto más inteligentes fueran, menos los atraerían las motivaciones simples. Era interesante que la mayor parte de los extremistas musulmanes o estaban en Europa o se habían educado allí. En esa confortable matriz, habían quedado aislados de su medio étnico -pero también habían sido liberados de las sociedades represivas de donde provenían. La revolución siempre fue hija del aumento de las expectativas -no un producto de la opresión, sino de la protoliberación. Esta era una época de confusión en lo personal, una época en la que se buscaban nuevas identidades, un período de vulnerabilidad psicológica en que era necesaria un anda a la que uno se aferraba, fuera cual fuera. Era triste tener que matar a personas que, básicamente, estaban confundidas, pero habían elegido su senda libre, ya que no inteligentemente y, si la senda los llevaba a un mal destino, ello no era culpa de sus víctimas, ¿verdad?"
El pescado estaba muy bueno. Jack probó el pescado costero, róbalo listado de la bahía de Chesapeake. Brian optó por el salmón y Dominic por la perca de mar hojaldrada. Brian escogió el vino, un blanco francés del valle del Loira.
"Entonces, ¿cómo demonios llegaste a este lugar?", le preguntó Dominic a su primo.
"Estaba buscando algo, y esto me interesó. De modo que lo investigué, y cuanto más cosas sabía, más raro me parecía. De modo que vine a hablar con Gerry y lo convencí de que me diera un trabajo".
"¿Un trabajo de qué?"
"Lo llaman análisis, pero es más bien como leer mentes. Hay un tipo en particular, de nombre árabe, especula en Londres. Más que nada dinero de su familia, trata de proteger el capital de su padre -un bonito capital", les aseguró Jack a sus compañeros. "Invierte en bienes inmuebles. Buena forma de preservar el capital. El mercado de Londres no da indicios de caer, ni siquiera a largo plazo. El duque de Westminster – uno de los individuos más ricos del mundo. Es el dueño de la mayor parte del centro de Londres. Nuestro amiguito busca emular a Su Gracia".
"¿Qué más?"
"Depositó dinero en cierta cuenta de Banco que es la fuente de pagos para un lote de tarjetas Visa, a cuatro de cuyos usuarios ustedes conocieron ayer". Aún no se había cerrado el círculo, pero el FBI no tardaría en hacerlo. "En su correo electrónico se refirió a los 'maravillosos sucesos' de ayer".
"¿Cómo accediste a su correo electrónico?", preguntó Dominic.
"No puedo decírtelo. Tendrás que preguntarle a otro".
"Apuesto que a unas diez millas en esa dirección", dijo Dominic señalando al noroeste. La comunidad de espías tendía a trabajar en líneas que normalmente le estaban vedadas al Buró Federal de Investigaciones Como sea, el primo Jack mantuvo una expresión razonablemente vacua que no le habría sido demasiado útil en una mesa de póquer en que se jugara fuerte.
"Así que financia a mala gente", dijo Brian.
"Correcto".
"Entonces, él no debe de ser buena gente", continuó razonando Brian.
"Probablemente no", asintió Junior.
"Tal vez nos reunamos con él ¿Qué más puedes decimos?", continuo Brian.
"Vive en un lugar caro, una casa sobre Berkeley Square – bonita parte de Londres, a un par de cuadras de la Embajada de los Estados Unidos. Le gusta divertirse sexualmente con putas. En particular una muchacha llamada Rosalie Parker. El Servicio de Seguridad Británico lo mantiene vigilado y cada tanto reciben un informe de su chica favorita -la Parker. Le paga bien, en efectivo. Al parecer, la señorita Parker es muy apreciada por gente de dinero. Supongo que hará bien su trabajo", dijo Jack con desagrado. "Hay una nueva foto en el legajo de la computadora. tiene más o menos nuestra edad, cutis trigueño, una especie de barba -como la que alguien se dejaría para parecer sexy, ¿sabes? Anda en un Aston Martin. Buen auto. Pero normalmente se desplaza por Londres en taxi. No tiene residencia de campo, pero los fines de semana se suele ir a hoteles en el campo, con la señorita Parker o alguna otra novia de alquiler. Trabaja en el centro, en el distrito financiero. Tiene una oficina en el edificio de seguros Lloyd's, creo que en el tercer piso. Hace tres o cuatro operaciones a la semana. Creo que más que nada está ahí sentado mirando los indicadores de Bolsa y la TV, lee los diarios, cosas así.